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La virtud del egoísmo

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Por José Mariano.

 El que no pueda mandar sobre sí mismo, que obedezca. Y muchos saben obedecer, pero pocos saben mandarse a sí mismos.

Friedrich Nietzsche

Para Ayn Rand, el egoísmo no es un defecto moral, sino una virtud. En La virtud del egoísmo defendió una idea que incomoda tanto como fascina, el individuo tiene derecho —y hasta la responsabilidad— de vivir para sí mismo. No como un acto de codicia o indiferencia al otro, sino como el reconocimiento de que nadie debe ser sacrificado en el altar de un supuesto “bien común” que, demasiadas veces, es administrado por quienes lo degradan.

Ese egoísmo virtuoso no se mide por la acumulación, sino por la independencia. Significa construir una vida que no dependa de favores, subsidios o bendiciones de la rosca; producir, crear, elegir sin pedir permiso, ni deberle nada a nadie. Significa cooperar porque se quiere, no porque se impone. Significa dejar de vivir de los demás… y dejar de exigir que los demás vivan para uno.

En Tucumán, la palabra “egoísmo” provoca rechazo inmediato, su carga semántica negativa se vuelve inevitable. Aquí se lo asocia con una falla moral, con la falta de empatía, con el individualismo despiadado. Pero la conducta real es otra historia, lo que predomina es un egoísmo encubierto, cotidiano, que no se reconoce como tal. Es la lógica del “yo primero” disfrazada de civismo. 

Basta manejar por la ciudad para verlo. Cruzar en amarillo —o directamente en rojo— se toma como un derecho adquirido. El peatón es un obstáculo menor; el carril contrario, una extensión de la propia impaciencia. Y si el tránsito se traba, la solución es tocar bocina como si la presión sonora tuviera poderes mágicos. No es solo imprudencia, es la certeza de que mi urgencia vale más que la seguridad del otro.

La misma lógica gobierna el trato con el espacio público. Después de cada festejo masivo, la ciudad queda como un vertedero, botellas, bolsas, restos de comida. El pasado Día del Niño, el Parque 9 de Julio fue una postal habitual y decadente, un basural decorado con globos desinflados. El cuidado de lo común se delega al municipio, a los barrenderos, a cualquiera que no sea yo. La fiesta es mía; la mugre, de otro.

Ese patrón no es nuevo. Nuestra historia política está plagada de ejemplos donde el altruismo se usa como coartada. Las viejas redes de beneficencia de fines del siglo XIX y principios del XX, controladas por familias de apellidos ilustres, se presentaban como desinteresadas, pero en realidad servían para reforzar influencia y poder. Hoy, el clientelismo cumple el mismo papel, favores a cambio de votos, asistencia condicionada a la obediencia. El sistema necesita gente agradecida, no gente libre.

Aquí aparece el contraste con el egoísmo virtuoso de Rand. Para ella, la figura central es el creador, el que innova, el que produce, el que se mueve por sus propias metas y no por las expectativas de una mayoría complaciente. En Tucumán, hay ejemplos de esto, pequeños empresarios que arriesgan sin esperar salvatajes estatales, artistas que sostienen proyectos culturales a pulmón, profesionales que rehúsan entrar en la maquinaria del favor. No es casual que a muchos se los vea como “soberbios” o “despegados”, el que no necesita favores se vuelve incómodo.

Deleuze diría que ese egoísta virtuoso es el que se fuga de la máquina de captura, no entra en la lógica de la deuda eterna, no se deja atrapar por la trama de favores, no acepta vivir bajo la mirada vigilante de quienes necesitan controlarlo. La fuga no es aislamiento, es liberación.

Y sin embargo, incluso quienes reconocen en privado el hartazgo, siguen jugando el juego. Es la razón cínica que describe Sloterdijk, “ellos saben lo que hacen, pero lo hacen igual”. Sabemos que la doble moral erosiona la ciudad, que la viveza arruina la convivencia, que el favor mata la libertad. Y, aun así, seguimos obedeciendo las reglas no escritas de la dependencia.

En esta tierra donde todo se intercambia por lealtades, un egoísta verdadero no es un narcisista, es un hereje. Y como todo hereje, su sola existencia incomoda porque recuerda que la libertad empieza cuando dejamos de mendigar aprobación… y de disfrazar de altruismo lo que en realidad es pura conveniencia.

¿No creen que es momento de desnudar la forma en que vivimos? Más allá de que los medios fabriquen la vigencia de la información y dicten qué merece ser llamado “actualidad”, hay verdades que ya no podemos ignorar. 

No se trata sólo de ir contra la corrupción política, ni de responsabilizar siempre a los “otros”, se trata de interpelarnos a nosotros mismos, de desmontar esa complicidad diaria que aceptamos como costumbre. 

Sólo podemos cambiar la forma en que vivimos, cambiándonos a nosotros mismos primero.

 

Bienvenidos a la Edición 23.

Esto es Fuga. 

12 COMENTARIOS

  1. José tú texto tiene una voz muy clara y honesta, lo que hace que genera a mí como lectora es que conecte rápidamente con lo que querés transmitir. La fuerza en que ilustras y la forma en que logras conectar con lo cotidiano le da un ritmo propio, es una obra maestra. Destaco de vos que lo más valioso según considero tu manera de equilibrar lo reflexivo en el medio del caos.

  2. Todo tu relato está muy bueno , pero esos dos últimos párrafos reflejan lo q comparto plenamente: el mirarnos primero nosotros para poder cambiar algo.

  3. Excelente punto. Muchas gracias. Los ejemplos del egoísmo anómico de Tucumán podrían multiplicarse, como infinitos son los beneficios del egoísmo de virtud. Gracias !

  4. Realmente esta clarísima la explicación de vivir en una sociedad ególatra e hipócrita, dónde viven del oportunismo y la ley «del pechazo» . Excelente tu claridad

  5. Muy buen planteo , lo triste es que se crean y construyen masas dependientes y clientelistas… ese es el mas triste de los egoismos…es la falasia de pensar que son generacion expontanea ( los esclavos que hacen amos) y no es asi hay una construccion artera y mezquina de masas mediaticas, consumistas , votantes y obsecuentes al servicio del egoismo del poder… por ej ayer se conmemoro El exodo Jujeño, el pensamiento estrategico de un hombre preclaro, Libero a un Pueblo, creciendo heroicamente en entrega y patriotismo… pasando a la historia como Exodo jujeño , simbolo de Grandeza, Generosidad y Bien Comun…Demostracion acabada de un lider muy noble con valores y un pueblo orgulloso y valiente que sabe lo que quiere para si y su posteridad…. los lideres transforman a sus pueblos a su imagen…

  6. Lamentablemente se paga carísimo ser libre e independiente en este sistema donde todo parece responder a lo mismo … No oponerse en nada a ese sistema . Hacerlo es la verdadera libertad y el verdadero poder porque no necesitas nada de nadie , es entonces cuando te vuelves un peligro y tu voz quiere ser acallada . Por eso “Viva Fuga “!!!!!! Ya se ha convertido en el contra sistema . Es muy sanador .

  7. Comparto de inicio a fin con este relato totalmente sincero creo que tenemos que empezar por cada uno para cambiar esta democracia encubierta y mentirosa

  8. Interesante reflexión sobre una forma de «egoísmo virtuoso». Me puso a reflexionar sobre las consecuencias de ponerse último de la fila Puede ocurrir que quien se prodiga ,sin límites quede a la intemperie o puede que genere la búsqueda de un retorno a esa generosidad extrema.en un un contexto de «toma y daka»Experimenté esa falta de autoproteccion y el resultado fue una enorme frustracion. Te felicito José por encarar una nueva ponderación del egoísmo que signifique una forma de independencia.

  9. Lo que Rand plantea con «Virtud del Egoísmo» es que resulta moralmente bueno que el individuo actúe en defensa sus propios intereses. Pero cuidado, complementemos el razonamiento dentro del marco de su pensamiento. En una sociedad abierta la única manera de beneficiarse a sí mismo es beneficiar a los demás, ofreciendo bienes y servicios que los demás voluntariamente consideren estimables. Existir, en definitiva, es coexistir con otros. Respetarse es necesariamente respetar a los demás. El que tenga un kiosco entenderá perfectamente que la obsesión por servir sus clientes, por conocerlos y preocuparse por su aprobación, se sostiene por el sencillo y perfecto egoísmo personal, luego, promoverlo debe ser una virtud. No se trata de «solo me importo yo y no me importan los demás» ojo con eso, es una manera equivocada y perniciosa que los colectivistas tienen de explicar el individualismo.

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