Por Daniel Posse.
Las distancias y su juego, en un territorio propio y ajeno
A veces descubrirás que, al cambiar tu punto de vista, el obstáculo desaparece, porque con frecuencia, la única dificultad está dentro de nosotros y es nuestro modo inflexible y miope de ver las cosas».
La ruta 9 parece diluirse, pero al mismo tiempo permanece en ante nuestros ojos. La luna nos mira, enorme, redonda, esa misma luna que nos vio salir desde Jujuy, y qué nos acompaña a lo largo del camino. Los cuatro reímos, Manuel Rivas al volante, Ricardo Rivas su lado, atrás Sergio Lizárraga y quien les cuenta. Parecemos la síntesis entre una cofradía, los restos de un enjambre, que busca y que revivió los tiempos de una adolescencia pérdida, que se resiste a renunciar a ese retorno.
La llegada a San Miguel de Tucumán, dejar a cada uno en su lugar, menos a mí que está vez seré el huésped en la casa de Manuel Rivas, siempre me invita, pero ante la demanda de los afectos, lo postergo, pero ahora el argumento es compartir más tiempo, para dejar fluir las ideas, las formas de resistir, de hacer, y claro las necesarias conspiraciones.
Las Talitas se abre ante mis ojos, estuve allí el año pasado para el Primer Encuentro Regional de Escritores, ahora regreso. La puerta se abre, Anabelle Villagrán, nos espera con la mesa puesta, y con una picada que me sumerge en el universo de los colores y los sabores. Es que Manuel Rivas, lo reconoce, que su vida no sería lo que es, si no tuviera una compañera en la vida como lo es ella. Entrar a mi nuevo territorio, el cuarto de huéspedes, habilitado en el estudio de Manuel, donde rodeado de estanterías de libros, también pienso, que es donde se cocinan sus obras, las publicaciones de Letras de Fuego, su editorial, y claro, Diario Cuarto Poder.
La adrenalina fluye, no me puedo dormir, veo y entreveo las notas de Fuga, porque también, las notas y las columnas, de ese semanario, fueron temas de conversación, en el viaje, en la cena, en mi insomnio y en el chat, con amigos y con gente. La adrenalina me condenó a la falta de sueño, pero me llenó de ideas, de ganas, que en ese tránsito por mi tierra, no deja lugar al desarraigo, y así llegó el día, los ruidos de la calle, de esa ciudad del conurbano norte, de la ciudad histórica, que palpita sola, y a la vez entrelazada, con esa ciudad intrínseca, que me llena los ojos, a través de las ventanas.
El desayuno generoso, las risas cómplices, la mirada de Anita Rivas Villagrán, y sus ocurrencias en sus 18 años. Las interpretaciones supuestas del entorno, y la planificación de como seguirían los días, porque el tiempo de la víspera, puede llenarse de una vorágine intensa, después de todo, nos esperan dos presentaciones de Las Ciénagas, una ante la Legislatura de la provincia, que me invitó a hacerlo, y otra en la sede central de ATEP, que teníamos postergada, pero que sé debía hacer, porque somos, gente de palabra, sin olvidar que todavía debemos recorrer, junto a Las Ciénagas el resto de las ciudades tucumanas, que aún nos esperan, en el futuro.
Entre la aceptación y el desarraigo.
En la previa recorrer las calles, las avenidas, de ese armado laberintico que puede ser la urbe de la antigua Toma, y que antes fue en Ibatin. Encontrarse con Agustín Fernández, y saludarse con un abrazo por la calle San Martin. Abrazarse con Rubén Díaz Camacho, ir a la oficina de Roberto Moreno, el legislador de Trancas, que siendo presidente de la comisión de cultura, me invitó a presentar mi libro allí. No voy a negar que se debatió en mí una enrome ansiedad, porque he vivido casi toda mi vida entre la aceptación y el desarraigo, y lo que más cuesta es ser aceptado por los propios.
Llegar a la oficina en el 7° piso, conocer a Martín Jaldo, a Fernando Terzi, a Gabriela Marcello, entrar al despacho del Legislador y hablar con la confianza de que nos conocíamos desde siempre. Recordar mi infancia de ruralidad en Monte Rico, mis juegos en las calles de Aguilares, de Concepción, de Alberdi. El intercambio de anécdotas, y recordar que al Tigre Moreno, lo conocí por primera vez en el Senado de la Nación, cuando José María Posse, me invitó a asistir a la nueva presentación del Proyecto de declaración de Bernabé Araoz como héroe nacional. Pero ahora fue diferente, la cercanía de la conversación, me hizo descubrir un hombre simple, pero con virtudes extraordinarias.
Esa cercanía que nos hizo casi confesarnos, y hasta hablar de visitas de extraterrestres en Trancas y todo el corolario de una lista larga de conocidos comunes. Volver a la calle, juntarse con Luis Espeche, que nos acompañó siempre, y con la certeza de que la gestión exacta de Rubén Díaz Camacho, haría que junto al plantel del legislador, todo saldría perfecto. Eran las cinco de la tarde, del día previo, la suerte estaba echada, pero la llamada, pidiéndonos que adelantemos la presentación, o la suspendamos, porque no habíamos previsto que a la misma hora, el mismo día, se haría el acto de cierre de listas del partido gobernante, y eso nos podría jugar en contra, en cuanto a la asistencia del público de la legislatura.
Pensar, una y otra vez, y llegar a la conclusión, de que se haría igual. Que la gente se convocaría a pesar de las distancias, de un horario a media mañana. La incertidumbre me invadió, y esperé que la gente me acompañara, como lo hizo en Aguilares, en Concepción y en Monteros. Pero la víspera, y su adrenalina, me volvieron a traer insomnio.
La mañana se hizo luminosa, llegamos, y en la puerta nos encontramos con Sergio Lizárraga, el poeta, que estaba aturdido, por un enjambre de alumnos que lo reconocieron, como el escritor del cual habían leído cuentos, él era uno de los que me presentaban. También estaba Susana Noe, los susurros de la gente que trabaja en la Legislatura me iban reconociendo. Sentí el pavor de quienes buscan ser aprobados en su tierra, pero también sienten miedo. Sentí el mareo de una posible aceptación, la de los míos. Subimos al ascensor y en el tercer piso las puertas se abrieron, y allí estaban los afectos, los amigos, los abrazos. La sala estaba llena, aparecieron mi hermano Claudio Posse, sus hijas, la cofradía de quienes me presentarían: Manuel Rivas, Oscar Medina, Rubén Díaz Camacho, Gabriela Marcello, quien lo haría en nombre de Roberto Moreno. La Doctora Stella Maris Córdoba, que es esa lectora crítica, que no se detiene, ante mis columnas de FUGA. Alejandra Burzac Sáenz, presidenta de la SADE Tucumán, Rubén Díaz Camacho, como parte de Unidos por el Arte.
Las Ciénagas, se abrió paso, por medio de las palabras, de las voces, de las caras. Como no recordar a María Vera, a Liliana Leiva, a Silvia Pérez, a la Fundación SUMA, a Mirta Cuarterón, a José Mariano, mi jefe en Fuga. La vorágine de los amigos venidos desde lejos a acompañarme. A Mabel de los Ángeles Oropel, Karina Sánchez, Lalo Lemme, las chicas de APEM, los chicos y las chicas de ATEP, Marga Fuentes, Fernando Olivera, Sonia Chebid, Laura Mendoza Villavicencio, etc. Quisiera nombrar a todos, pero el espacio me lo impide. Los libros se fueron diluyendo. Con una voracidad única. No solo ya era Las Ciénagas que desaparecía, también lo hacían los ejemplares de mi primer libro “De Sueños y Azar”, que emergieron imprevistos, pero puntuales.
El cierre con los músicos Tiago Díaz Camacho y Gabriel Albornoz, que entre guitarra, violín y chacareras, el aire se llenó de más magia. La entrega de reconocimientos. Manuel Rivas que me dice: — Amigo llenaste la Legislatura. Yo que le respondo: — Llenamos, porque sin la complicidad y la cofradía de todos lo que acompañaron y estuvieron, no hubiéramos podido hacer nada. Mi hermano Claudio, un poco obsesivo con los números, contó a la gente, se parece a mí ja ja ja, me dice: — fueron más de 120 personas, estaba lleno y gente parada.
La vorágine del día después
La mañana del día siguiente, y el apuro de llegar a horario, Manuel Rivas me acompaña. El día anterior, en la tarde recibí un mensaje de la Profesora Susana Montaldo que se excusó, por no haber podido asistir a la Legislatura. Se entiende y acepté la invitación y allá íbamos en esa mañana tibia. Estacionar en el centro de la ciudad se vuelve una tarea casi imposible. Hacía tiempo que no entraba a la Casa de Gobierno, llegar al despacho de la Ministra, nos esperaban, tomar un café, con ella, con la compañía de Humberto Salazar, coincidir desde las risas, que la cultura y la educación, necesitan un empuje más fuerte, que se hace lo que se puede, con lo que se tiene. Sacarse las fotos imprescindibles, y sentir que más allá de los egos que enceguecen y ensordecen, existen personas que coinciden con uno, que los tiempos son los que hay, que en mi tierra, la aceptación van junto con el desarraigo, pero que el arraigo también está en ese mismo acto.
Leo la generosidad de Sebastián Ganzburg, con su entrevista en TucumanHoyEnDía, con la de Sebastián Uro, con su nota en el reducto cultural, más la cobertura de Diario Cuarto Poder, y la nota de La Gaceta, y la gente de prensa de la Legislatura, que mi hicieron sentir, como dijo Flavio Pelle: —Daniel Posse, has logrado ser profeta en tu tierra—, claro que no me la creo, porque así es mejor.
Afuera me esperan mi sobrinas Matilda y Felicita Posse, vamos a almorzar, y porque no desde allí, acariciarnos el alma. Después, a la tarde, vuelvo a presentar “Las Ciénagas”, ahora será en ATEP, dos veces en menos de 24 horas el mismo libro, en la misma ciudad, un libro de poesía, increíble y dicen que la poesía no vende, no convoca. Me veo en los ojos de mi sangre, en la amistad de Manuel Rivas, me aseguro para mí mismo, que esa presentación será parte de otra crónica, una que vendrá después, que contaré en los tiempos de Fuga.
La presentación del libro en la legislatura fue maravillosa! Muy lindo haber compartido con mi tío Dani y siempre aprender algo nuevo🫂
Fue un placer recibirte y mimarte mi querido Daniel. Eres parte de la familia. Me encantaron las largas charlas con mate de por medio. Eres un Daniel cordial,atento y muy auténtico. La risa frente a tus anécdotas de vida fueron el estimulante para iniciar y concluir las jornadas.
Siempre bienvenido.