Por Leonor Benedetto.
Hace algunos días, en Madrid, una asociación de propietarios, con el apoyo legal de abogados, ha logrado el desalojo de una mujer de 88 años, inquilina desde hace más de setenta de su departamento, cuya renta ha pagado religiosamente hasta el momento del desahucio.
¿Es legal? Aparentemente sí. ¿Es justo? Decididamente no.
Hace mucho tiempo que mi cabeza, me refiero al receptáculo óseo de mi cerebro, intenta encontrar sustento al concepto, últimamente acuñado, de que la mente más inteligente es, no solo la que acumula datos académicos, tiene buena memoria y capacidad de análisis y síntesis, sino la que es capaz de observar sus propios pensamientos, mientras la mía trabaja denodadamente para que sea incluida en esa definición la inteligencia de las personas que aceptan la desobediencia a la ley en aras de la excepción.
Creo firmemente que romper la norma es, en determinadas circunstancias, más beneficioso que cumplirla. Maricarmen, que así se llama la ciudadana en cuestión, ha rechazado los ofrecimientos de personas solidarias para salir del entuerto y se ha negado a residir en un establecimiento público para indigentes,
adonde quieren mandarla los que respetan la ley porque es lo que corresponde.
Pero, ¿entonces?, se preguntarán los sorprendidos solidarios acampantes en la Puerta del Sol en apoyo a la desterrada de su domicilio.
Es que Maricarmen ha perdido un hogar no un mero lugar para vivir. Es su nido, su estancia, sus recuerdos, el testigo de su vida con goces, con pérdidas, con olor a pan y secretos inviolables. Yo te entiendo y te acompaño Maricarmen porque he tenido muchas casas, pero pocos hogares, aunque he aprendido a construirlos y a encontrarlos.
Y me he inventado que el abrazo de un amigo puede ser un hogar, o el rincón de un cuarto de hotel, un perro, o un libro sin terminar hace que apure los pasos y tire los zapatos en la entrada para buscar la página que espera y que huele a hogar que abraza el alma.
Y tu sabiduría sabe, sin saberlo, que en tiempos convulsos cómo estos, un hogar te preserva de la crueldad sin inocencia de los que cumplen la ley sin
objeciones.
Han pasado los días y he llegado a saber que te han devuelto al sitio que deseabas. Lo han hecho por interés, o tal vez por vergüenza. Tu juventud ha ganado la partida, tu derecho al derecho no escrito de los justos. Y te apoyan ruidosamente los que cuentan con tu edad dividida por cuatro, que levantan la bandera de la utopía y de los sueños. Las pequeñas revoluciones personales reverberan en el aire que respiramos todos.
Gracias Maricarmen, por tu tenaz obstinación y feroz resistencia.
P/D.1) “Somos mucho más hábiles para fabricar distopías, que para buscar utopías. Porque somos más hábiles para crear el infierno que para inventar el cielo”. Margaret Atwood.
P/D.2) “El hombre está dispuesto a creer cualquier cosa con tal de no tener que pensar”. Patrick Suskind.
P/D.3) “No eres una gota en el océano. Eres el océano entero en una gota”. Rumi
