por Sergio Lizarraga.
Sé del amor
por las celdas de sus manos
que sembradas brotan
anudando mis semillas…
Estos versos pertenecen a “Las ciénagas” (Autores de Argentina- Letras de fuego, 2024) primer libro de poesías del escritor tucumano Daniel Posse (Aguilares, 1967) radicado desde hace años en la ciudad de Buenos Aires, donde realizó una prolífica carrera literaria, acompañada de valiosos trabajos en medios de comunicación y generosos aportes en la gestión cultural, es conocido ya por su primer libro de cuentos “De sueños y azahar” cuyos textos lo religan a un Tucumán que sigue trazando afectos en su vida.
Esos paisajes húmedos, densos y suspendidos entre la tierra y el agua, se convierten en potentes metáforas de los estados de ánimo más profundos, oscuros, secretos. En las ciénagas, lugar donde coexisten lo que vive y lo que se descompone, la emoción humana encuentra una simbología para expresar su complejidad.
En estos versos el poeta parece atravesar un pantano, pero no queda estancado en el lodo, ni mucho menos abraza el silencio, sino que adopta frente al dolor la persistencia y la entereza de los juncos: “que no quiero otros/ que quiero este cielo/ que es mío” …
Según el Hno. Edmundo Gómez osb hay dos tipos de tristeza, una buena y otra mala. La mala es la que paraliza en el pasado, hija de la frustración y del rencor, que degenera en autocompasión y castigo por una culpa malsana; así la dice el poeta: “sé del amor/por el dolor/que produce su ausencia/cuando los enojos/ aletargan los días” La buena es la que da libertad y profundidad, hija de la madurez y del realismo, que engendra esa belleza que nos salva: “sangre y un país de gemidos/ en un sol si apuros/ el grito desmesurado/ canto” … Tristeza que transfigura el dolor de la vida, para encontrar luz aún en la agonía del barro. Tristeza que no huye de la herida y de las sombras, sino que recurre a la palabra para estar más cerca del agua.
En “Las ciénagas” hay palabras/llagas que vertebran la obra: silencio, dolor, soledad, abismo… con ellas el poeta toma, en un sentir cristiano, al otro como un hermano, y hace un camino llevando sobre sus hombros no solo sus huellas, sino también las huellas de todo aquel que ha bebido tristezas de un cáliz. Pero la mirada de Posse está puesta en un horizonte pleno, plenitud que nos comparte.
Posse logra en sus poemas, tomando las palabras de Mandrioni, que la faz visible y la faz invisible de las cosas compongan un único, dichoso e irradiante rostro.
Hola muchas gracias por tan maravillosa reseña y palabras