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El mismo oro negro

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Por Nicolás Gómez Anfuzo.

Venezuela vs. Noruega

Dos países petroleros: Venezuela y Noruega. Uno, sumido en la pobreza; el otro, el país más rico per cápita del mundo. En Venezuela, más del 80 % de la población vive en situación de pobreza, mientras que en Noruega la pobreza es cero.

La diferencia entre ambos no está en el petróleo, sino en el modelo de gestión: un socialismo desordenado y depredador en el caso venezolano, frente a un capitalismo serio, ahorrativo y de largo plazo en el caso noruego.

Con el primer boom petrolero, Venezuela recibió una lluvia de dólares. Los gobiernos sucesivos de Acción Democrática y Copei montaron un Estado gigantesco que se convirtió en dueño de todo: la petrolera, las empresas básicas de Guayana, bancos, compañías telefónicas, hoteles y más. Muchas de esas empresas estatales terminaron siendo un barril sin fondo: daban pérdidas millonarias que se cubrían con la plata del petróleo. A la vez, se destinaban enormes recursos a gasto social —casas, comida, chapas de zinc, bolsas de alimentos— y la clase media viajaba por el mundo con dólares subsidiados, prácticamente regalados.

En 1983, cuando ya no se podía sostener más ese “dólar barato”, el presidente Luis Herrera devaluó el bolívar. Aquella época quedó marcada incluso en la cultura popular. La gente, que se había acostumbrado a viajar a Miami como si fuese una escapada de fin de semana, lo sintió como un duelo colectivo. La banda Guaco lo reflejó en una canción que se volvió himno de la nostalgia venezolana:

“Sola te quedaste,
te ruño, te añoro,
Miami, te adoro,
solo pienso en ti.
Qué triste un domingo
sin Miami Beach…”

Esa letra resumía el golpe: se habían terminado los viajes fáciles, las compras con petrodólares y la ilusión de que la bonanza era eterna.

Con Chávez volvió la fiesta: otra vez dólares baratos, subsidios y despilfarro, solo que esta vez bajo un socialismo aún más primitivo y devastador. Durante su gobierno, el petróleo llegó a más de 100 dólares el barril, pero esa riqueza no se ahorró ni se transformó en desarrollo productivo: se repartió, se dilapidó y se usó como herramienta de poder. Hoy, con las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela tiene a más del 80 % de su población en la pobreza.

Ahora, miremos a Noruega. Muchos dicen que es un “socialismo exitoso”. Error. Noruega es uno de los países con mayor libertad económica del planeta. Y la base del capitalismo serio no es el consumismo, sino el ahorro. Sin ahorro no existe capitalismo.

A diferencia de Venezuela, Noruega no dilapidó su riqueza petrolera en dádivas ni subsidios sin futuro. Todo lo que gana con el petróleo va a un Fondo Soberano, hoy valuado en 1,83 billones de dólares: el fondo de inversión más grande del mundo. El Estado solo puede usar hasta el 4 % de la rentabilidad que ese fondo genera cada año. El año pasado, por ejemplo, el rendimiento fue del 13 %, es decir, 238.000 millones de dólares. Venezuela, en cambio, apenas recibió 15.000 millones por sus exportaciones petroleras.

Para que se entienda la magnitud: solo con los intereses que genera el fondo noruego se podrían repartir 4.000 dólares mensuales a cada habitante del país. Y, sin embargo, no lo hacen: siguen ahorrando. Por eso Noruega tiene salud universal casi gratuita, infraestructura de primer nivel y la mejor calidad de vida según todos los índices internacionales. Todo eso, con mucho menos petróleo que Venezuela.

La lección es clara: mientras Venezuela despilfarró, Noruega ahorró. Mientras un país se hundió en deudas (hoy Venezuela debe más de 190.000 millones de dólares), el otro acumula reservas gigantescas. No fue magia: fue seriedad, responsabilidad y visión de futuro.

Este texto no busca solo comparar dos modelos. Busca señalar un camino. Venezuela tiene petróleo, gas, oro y un potencial enorme. Pero sin un cambio de mentalidad, sin una convicción colectiva de que el país puede y debe ser más grande que su pasado, todo ese potencial seguirá siendo promesa vacía.

 

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