Por Virginia Calvi.
Hoy vuelvo a dirigirme a los lectores de Fuga en este reinicio de 2026 para comenzar una nueva etapa. Damos vuelta la página de lo que fue una primera parte de esta columna, donde hacia finales del año pasado recorrimos el trabajo de distintos artistas plásticos.
Siguiendo por la misma ruta del arte, esta vez el camino se enfoca en la música. Desde mi experiencia y recorrido entre conciertos y escenarios porteños, cada semana les voy a presentar un artista y abrir una puerta hacia un disco especialmente sugerido para escuchar.
La artista elegida para inaugurar esta nueva etapa es Camila Arriva, cantante de tango que acaba de presentar su nuevo trabajo discográfico “Mujeres 3”.
El pasado viernes 7 de marzo asistí a la presentación del disco en el escenario de La Fábrica en Vivo, un espacio relativamente nuevo pero que ya se ha ganado una mística particular dentro del circuito cultural porteño. En ese mismo lugar, años atrás, funcionó la sala de ensayos de Charly García, lo que inevitablemente le imprime al sitio un aire especial.
Ubicada en el barrio de Palermo, La Fábrica en Vivo tiene un excelente sonido, una programación muy potente todas las semanas, buena carta y una atención destacable. Sin duda es uno de esos lugares que vale la pena conocer si uno visita Buenos Aires.
Durante el show se sintió una energía profundamente tanguera y nostálgica. Entre tema y tema aparecía esa emoción tan propia del género —confieso que en algún momento hasta se me piantó un lagrimón—. Hubo varios invitados y también momentos de danza, con la participación de Paula Fontán Tango, que aportó movimiento y profundidad a los sonidos del bandoneón.
Como detalle final, el concierto cerró con el último track del disco: “Buenos Aires”, canción de Nathy Peluso, que dejó al público completamente impactado.
Fue un verdadero lujo estar allí, justo a la medianoche del Día Internacional de la Mujer.
Después del concierto conversamos con Camila Arriva sobre este proyecto musical que busca recuperar y visibilizar el trabajo de las mujeres dentro del tango.
Entrevista
Mujeres 3 propone un recorrido musical por Buenos Aires visto desde miradas femeninas. ¿Cómo surgió la idea de convertir a la ciudad en el eje conceptual del disco?
Surge porque cuando vivía en Berlín fue un bálsamo poder acercarle al público migrante un repertorio tan rico emocionalmente hablando como el compuesto a nuestra ciudad.
Con OVNI, mi trío de guitarras de Berlín, hacía un bloque de canciones dedicadas a Buenos Aires. En uno de los conciertos un amigo alemán me dijo que no había entendido ni una palabra de lo que decía, pero que el sentimiento al ver tanta gente conmovida lo hizo pensar que jamás podría existir una canción así para Berlín.
Entonces desde ese día, en 2022, comencé a investigar qué compositoras mujeres le habían dedicado canciones a Buenos Aires. Ese mismo año, presentando Mujeres 2, y volviendo repentinamente a vivir en Argentina, dejé afuera de ese disco “Porque amo a Buenos Aires” de Eladia Blázquez, y supe que era el indicio para que todo el próximo álbum estuviera dedicado a la ciudad.
Creo que Buenos Aires es una de las ciudades más cantadas del mundo, en todos los géneros musicales, y eso debía quedar registrado en nuestro repertorio.
El proyecto Mujeres nació con la intención de recuperar y visibilizar el rol de las mujeres dentro del tango. ¿Qué descubrimientos o sorpresas fueron apareciendo en ese camino de reconstrucción histórica?
Primero que muchas mujeres empezaron a sumarse a la causa: tanto a aportar información, como a acercarnos repertorio, como a querer subirse al escenario e incluso a proponer hacer un documental al respecto.
Después, cuando ponés todo el repertorio en continuidad —ya sea en varios discos o en un show— te das cuenta de que la lírica femenina es mucho menos agresiva que la masculina y que para mí es mucho más fácil cantarla porque empatizo más.
Las canciones de hace cien años parecen contar las mismas historias que vivimos las mujeres hoy en día.
Otra sorpresa es que ya no tengo que estar dando tantas explicaciones como hace cinco años atrás. Cada vez hay más mujeres que hacen lo mismo, que tienen todo su repertorio compuesto por mujeres.
Hemos demostrado que la música es bailable y que tenemos un show de calidad, así que ya no tengo que tocar ninguna puerta: ahora nos invitan a festivales importantes sin tener que andar pidiendo permiso.
En el disco conviven compositoras muy distintas —desde Azucena Maizani o Eladia Blázquez hasta artistas contemporáneas como Hilda Lizarazu o Nathy Peluso—. ¿Cómo fue el proceso de transformar esas canciones en tangos, valses o milongas?
Es un trabajo en conjunto con Amalia Escobar, que es la arregladora de todo el disco, con Natalia Perelman, que es la productora, y con Amanda Burgos en violín, Ornela Giachetti en contrabajo y Roberta Maegli en bandoneón, que también aportan muchas ideas.
El repertorio siempre lo elijo yo. Lo canto mucho, me imagino cómo puede sonar para el quinteto y la única indicación que le di a Amalia es que no piense los arreglos para la milonga, sino para hacer un recorrido sonoro por la ciudad.
Después, con Natalia, trabajamos en las texturas y en los instrumentos invitados —algo nuevo para nuestro proyecto— y eso aportó muchos colores distintos, unificando todas las etapas del repertorio, que abarca casi noventa años entre el primer y el último tema del disco.
Tu formación incluye tanto el mundo lírico como el tango. ¿Cómo dialogan esas dos experiencias en tu manera de interpretar y de pensar la música?
La formación académica de todos los conservatorios por los que pasé, pero muy especialmente de la Universidad Nacional de las Artes, me dio una estructura muy amplia del entendimiento musical.
Eso me permite entender qué hacen mis compañeras, cómo armar un repertorio o qué elementos combinan mejor.
A nivel técnico he mutado mucho, pero sin dudas lo que más me aportó fue dejar de buscar la perfección. Durante años intenté ser como una atleta de elite y eso me generaba mucha frustración.
Desde que estoy en el mundo del tango persigo mi ser artista con esa misma vocación, pero no tanto mi lado de cantante. Esa parte quedó completa cuando colgué los guantes de cantar Mozart.
Amo la versatilidad que me dio estudiar tanta teoría y tanto repertorio. Volvería a hacer el mismo camino. Y también agradezco que el tango haya vuelto a mi vida, porque me dio una enorme capacidad de disfrute.
Después de tres discos con el proyecto Mujeres, ¿sentís que el tango está empezando a abrirse a nuevas voces y miradas o todavía queda mucho camino por recorrer?
El tango está en un muy buen momento. Hay artistas muy jóvenes que están tomando la posta, hay mucha fusión y al mismo tiempo un gran reconocimiento histórico.
Creo que es una oportunidad para lograr un consumo masivo del género. Ese es mi sueño: que el tango vuelva a tener una presencia cultural tan fuerte como el rock.
Eso inevitablemente trae nuevas miradas y voces. No se puede seguir repitiendo una fórmula que funcionó hace ochenta años.
Por más interesante que sea volver a los orígenes y hacer algo vintage, muchas mujeres no se sienten cómodas cantando tangos que hablen de violencia o que retraten a la mujer como culpable de todo.
Queda camino por recorrer porque la música —como todas las artes— es un medio para expresar lo que nos pasa. Y por eso siempre debería estar cambiando.
Ojalá que Mujeres aporte a la historia del tango la visibilidad del trabajo que hicieron tantas compositoras para que hoy nosotras estemos acá. Y que muchas otras artistas tomen la posta para seguir equilibrando la balanza, hasta que llegue el día en que resulte ridículo tener que seguir haciendo diferencias entre hombres y mujeres.
