InicioEconomíaAranceles de Trump: un giro proteccionista que sacude el comercio global

Aranceles de Trump: un giro proteccionista que sacude el comercio global

Publicado el

por Ricardo Santos. 

El reciente anuncio de Donald Trump sobre la imposición de aranceles recíprocos y compensatorios a las importaciones en Estados Unidos ha desatado un torbellino de análisis y especulaciones en el ámbito económico internacional. Bajo el lema de «día de la liberación» o «independencia económica«, el mandatario busca equilibrar la balanza comercial aplicando tarifas que reflejen lo que otros países cobran a los productos norteamericanos.

Sin embargo, esta medida, que incluye aranceles específicos como el 34% a China o el 36% a Argentina en sectores clave como la pesca, no solo afecta a los grandes competidores globales, sino que también tiene implicancias directaspara economías exportadoras como la argentina.

En el caso de la pesca, Argentina exportó 208 millones de dólares a Estados Unidos en el último año, enfrentándose a competidores como China (con un arancel del 34%) y Tailandia (con una tarifa menor). A simple vista, el arancel del 36% aplicado a nuestro país podría posicionar al pescado argentino como una opción más atractiva para los supermercados norteamericanos frente al tailandés, aunque no frente al chino.

Sin embargo, esta ventaja es relativa: la estacionalidad, las diferencias de calidad y la capacidad de escala limitan el impacto positivo. En carnes, otro rubro relevante, Argentina vendió 267 millones de dólares y compite con Brasil y Nueva Zelanda, ambos bajo aranceles similares, lo que no altera significativamente su posición competitiva.

El aluminio, con exportaciones por 531 millones de dólares, enfrenta un arancel del 10%, igual que Brasil y Australia, sus principales rivales, manteniendo un equilibrio relativo. En vinos, donde Argentina colocó 340 millones de dólares, la situación es más prometedora: competimos con Chile (10% de arancel gracias a su tratado de libre comercio con EE.UU.), Francia e Italia (20% por ser parte de la Unión Europea), lo que podría darle al vino argentinouna ventaja frente a los europeos, aunque no frente a los chilenos.

Estos datos reflejan un panorama mixto: algunos sectores podrían beneficiarse marginalmente, mientras que otros apenas mantendrán su status quo

Proteccionismo, industria y riesgo inflacionario

El trasfondo de esta política es claro: proteger a los productores locales norteamericanos y fomentar la reindustrialización. Sin embargo, los aranceles elevados generan un efecto inicial engañoso. Al encarecer los productos importados, los fabricantes estadounidenses ganan mercado, pero a mediano plazo pierden competitividad al reducirse la presión externa.

Esto, sumado al aumento del nivel de precios —que impactará a los consumidores y reducirá el salario real—, podría derivar en una inflación persistente o incluso en una recesión si el consumo se contrae.

Para un país como Estados Unidos, que representa el 25% del comercio mundial, estas decisiones no solo afectan su economía interna, sino que reconfiguran los flujos comerciales globales.

Argentina: oportunidades frágiles y amenazas latentes

Para Argentina, el impacto no es unidireccional. Por un lado, la arbitrariedad de los aranceles —que podrían cambiar de un día para otro— introduce incertidumbre. Si un competidor como China, con su 34% de arancel, redirige sus excedentes a mercados como Brasil o Europa, podría desplazar productos argentinos o saturar destinos alternativos.

Por otro lado, la falta de claridad en la lista de aranceles (que omite países clave como Canadá o México) y la duda sobre si abarca los 90.000 productos del nomenclador arancelario complican cualquier planificación exportadora.

Además, Argentina enfrenta un desafío estructural: aunque algunos sectores podrían aprovechar nichos de mercado, la falta de escala productiva limita su capacidad de respuesta ante una demanda repentina.

Oportunidades limitadas en un mundo incierto

En términos económicos, esta política proteccionista de Trump ofrece a Argentina oportunidades puntuales pero frágiles. Sectores como el vino o la pesca podrían ganar terreno frente a competidores más castigados, pero los beneficios dependerán de la capacidad de adaptación y de factores externos como la estacionalidad o la logística.

Sin embargo, el riesgo supera las ganancias potenciales: la inestabilidad de las reglas comerciales, el posible desvío de excedentes de gigantes como China y el impacto de una eventual recesión estadounidensetercer socio comercial de Argentina, con intercambios cercanos a los 6.500 millones de dólares anuales— podrían golpear nuestras exportaciones y agravar la vulnerabilidad económica.

En un mundo donde el comercio se enreda y la incertidumbre crece, Argentina necesita más que nunca reglas claras y estables para aprovechar sus fortalezas como proveedor de alimentos, algo que este giro proteccionista pone en jaque.

¿Es proteccionismo? ¿O estrategia capitalista?

A modo de aclaración final, es importante señalar que calificar de «proteccionista» la política de Trump resulta impreciso en dos aspectos fundamentales.

El proteccionismo, por definición, implica un cierre total al comercio exterior, un uso exclusivo de recursos internos y una autarquía que prohíbe las importaciones. En ese escenario, las empresas locales podrían crecer, pero a costa de salarios bajos y escasa competitividad.

Sin embargo, las empresas estadounidenses no necesitan protección: están entre las más desarrolladas del mundo, como lo fueron en el pasado. Lejos de ser proteccionista, Trump podría considerarse el presidente más capitalista y libremercadista de la historia de Estados Unidos.

Proveniente del sector privado, ajeno a la casta política, actúa como un outsider que no usa los aranceles para resguardar a las empresas, sino como una herramienta de negociación geopolítica frente al resto del mundo.

Tampoco es exacto hablar de una «guerra comercial» con China, ya que este país es solo uno más entre muchos que buscan reducir al mínimo los aranceles impuestos por Trump.

En última instancia, esta estrategia arancelaria no apunta a blindar a las empresas estadounidenses, sino a proteger al trabajador de ese país.

Con salarios amenazados por la entrada de productos extranjeros, el objetivo de Trump es salvaguardar el poder adquisitivo interno, utilizando los aranceles como un arma táctica, más que como un fin proteccionista.

Así, su enfoque trasciende la defensa corporativa y se centra en un juego global de poder económico, donde el bienestar laboral se convierte en la prioridad visible.

últimas noticas

La capacidad negativa

por José Mariano.  Me parece que lo que distingue a un hombre de logros sobresalientes...

Desaprender para volver a pensar

Por Ian Turowski. Durante décadas, la historia oficial nos fue narrada como un dogma. Lo...

Violencia es mentir

Por Nadima Pecci. La proliferación de falsas denuncias de género, fruto de la aplicación ciega...

¿Que es la Discapacidad?

Por María D.Vera Amate Perez.  Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo: los...

Más noticias

La capacidad negativa

por José Mariano.  Me parece que lo que distingue a un hombre de logros sobresalientes...

Desaprender para volver a pensar

Por Ian Turowski. Durante décadas, la historia oficial nos fue narrada como un dogma. Lo...

Violencia es mentir

Por Nadima Pecci. La proliferación de falsas denuncias de género, fruto de la aplicación ciega...