InicioPoesía contemporáneaLo que la noche dice

Lo que la noche dice

Publicado el

Por Sergio Gabriel Lizárraga.

Según M. Chamorro, la noche —ese periodo de ausencia solar— ha sido motivo de inspiración poética. Con términos como «nocturno», «noche», «tiniebla», «oscuridad» o «sombra», se han compuesto poemas que perviven desde que la palabra fue inventada y plasmada sobre una superficie. El ser humano, gracias a su capacidad de percepción, se apropió del fenómeno natural y lo transformó en poesía, en poema y, finalmente, en poética.

Eleonora Rosana Acosta, una voz poética que enriquece la expresión literaria de Tafí Viejo, descubre en la noche una sustancia tangible y la convierte en un personaje que respira, arde y recuerda en sus versos.

En conjunto, estos poemas exploran una tensión constitutiva entre lo precario y lo eterno, lo comunitario y lo solitario, así como entre el fuego que congrega y la noche que desarma. La naturaleza cíclica del tiempo y la memoria se presenta allí como un misterio que ni el dolor ni el ritual logran clausurar del todo. Cabe señalar, además, que esta dialéctica encuentra un eco significativo en ciertos pasajes de la tradición lírica; de hecho, resultan particularmente afines a estas noches pobladas de ausencias y cenizas los siguientes versos: “Noche, noche serena, / que tanto me consuelas, / y en sombra y soledad me desvelas.”

 

UNA NOCHE

Una noche siempre azul la noche

que se convierte en duelo

para decirte la sonrisa clara remueve los zarcillos

desveladas estrellas oculta tu llovizna

siempre azules las horas de esta noche

nos devuelve al temblor absorbe las pisadas

siempre noche abrasada por certezas

azulada noche

nadie niega nadie tiene el poder de negar

¡Qué azules miradas sobre el sueño ondean!

Ellos son pura arena, azules bajo la noche.

 

NOCHE DE SAN JUAN

Se contonea la humareda

sinuosa sobre un fuego efervescente

la noche de San Juan nos ilumina

(escasas son las hogueras este año,

y los sobrevivientes). 

El fuego.

Se confunden chispas con estrellas

ese calor recóndito es buscado recreado

por las manos de una manada insomne.

La manada.

La noche de San Juan nos hermana los ojos

con sus volutas rojas y el humo encanecido

los deseos son pájaros de fuego

ahuyentaron el frío

ahuyentaron los límites del raciocinio.

¡Lejos ascienden brillando como el agua!

Los deseos.

El tiempo se nos vuelve cada vez más remoto

alguien alienta un recuerdo noctámbulo.

La manada estará hasta la ceniza.

El tiempo.

 

TIEMPO DE INCERTIDUMBRE

El tiempo se duplica en los márgenes

corta la yugular

un brote muerto

un brote seco

si así si de otro modo

cuál manera

y cuál río.

El zigzagueo solo es propio de la abeja.

Los durmientes demasiado mansos

no emiten voces de alerta.

Crucifijo, abalorio, talismanes de piedra, cintas rojas,

ademanes inútiles, orgía de espejismos.

Se abarrota de pasos la ladera…

 

DUETO II (EL PÁJARO)

-El sol se escapa

-me decís.

-El sol se escapa

los tiempos están sobornados

(ni el hielo es cristal

ni el cristal, hielo).

Caterva de manos dóciles

espuman el espacio

las reyecías colman los pueblos

el amor de los árboles aun estremece

(ni la uva es el vino

sino el vino la uva).

-¿Adónde construiremos?

-Seguramente nuestros delirios

nos guiarán hacia lejos

hacia pastos y nubes recónditas

y aguas bendecidas.

-El sol se escapa

-te escucho decir.

-Iremos a cazarlo.

Piedras y fuego.

La memoria. El olvido.

Toda materia es útil.

Toda prontitud hará de red.

Si el alma apacienta la mano

si el ojo descubre la mirada

si de la queja brota una laguna.

-En mis manos tuve el pájaro

le di alas.

Las telarañas lo cegaron.

Solo lo alimenté de cometas fugaces

su transparencia le impide la sombra

su transparencia nos impide verlo.

-Del sol hablabas

-Y del pájaro

 

DUETO IV  (QUE LA NOCHE…)

-¿Dónde está?

-En un lugar inútil

quemado por sus sueños.

-Y todavía alardea

munido de canciones.

-Se estremece con el primer sol

no hay titubeos.

-La piedad está lejos.

-No la espera

se yergue se impone en su estatura de barro

que la lluvia desarma

y lágrimas de lodo le envenenan la vista.

-Así es el hombre que bebió de la estrella

estampa la sonrisa de su desolación.

-Arrodillémonos

sus heridas se convierten en sapos

que claman por el agua

sus ojos no temen la ceguera.

-¡Es pura raíz!

-Dejemos que la noche lo contemple

ella comprende

está dispuesta a acariciar con sumo frío

el muñón de las promesas.

Eleonora Rosana Acosta nació en 1959. Oriunda de Tafí Viejo, Tucumán. Profesora de Castellano, Literatura e Historia, ejerció la docencia en dicha ciudad y en Cafayate, Salta. Recibió su primera distinción literaria en 1974.

Obtuvo, además, entre otros, los siguientes premios: Primer Premio de Poesía del Tercer Mayo de las Letras, año 2007 – Ente Cultural de Tucumán; Premio publicación del Concurso “Tucumán cuenta”, año 2012 – Ente Cultural de Tucumán; Primer Premio de Poesía Salón del Bicentenario, año 2012 “Premio Honorable Legislatura de Tucumán”; Segundo Premio de Relato Histórico, año 2014 “Premio Honorable Legislatura de Tucumán.”

 Su único libro édito, “Aquí”, fue publicado por editorial Tafí Viejo en el corriente año.

 

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

Lo que permitimos

Por José Mariano.  “El mayor mal en el mundo lo cometen personas que nunca toman...

Gobernar para la imagen

Por María José Mazocato. “Todo lo que alguna vez fue vivido directamente se ha convertido...

La escena que se repite

Por Enrico Colombres.  “La justicia es un instrumento del poder.” — Michel Foucault. Hay escenas que no...

Mediocridad organizada

Por Fernando Crivelli Posse. “Farfolla: objeto o cosa de mucha apariencia y poca entidad.” La semana...

Más noticias

Lo que permitimos

Por José Mariano.  “El mayor mal en el mundo lo cometen personas que nunca toman...

Gobernar para la imagen

Por María José Mazocato. “Todo lo que alguna vez fue vivido directamente se ha convertido...

La escena que se repite

Por Enrico Colombres.  “La justicia es un instrumento del poder.” — Michel Foucault. Hay escenas que no...