Por Eric Johansson.
Hace unos días vi el primer episodio de la nueva serie argentina Electroandes, la cual desarrolla un mundo Cyberpunk, pero ambientado en la zona andina de la Argentina. Al principio suena como una propuesta bastante peculiar, pero la serie lo desarrolla de manera excelente.
La serie en cuestión, a diferencia de lo que estamos acostumbrados, busca constantemente alejarse de las típicas producciones porteñas ambientadas siempre en Buenos Aires, retratando tradiciones y cuestiones locales que luego son exportadas al exterior bajo la etiqueta de “lo argentino” pecando de reduccionista y vendiendo una imagen que no es enteramente representativa de la cultura argentina, ignorando, por ejemplo, al norte.
Electroandes, con sus fuertes referencias a la cultura gauchesca y andina (incluso llegan a mencionar al dulce de cayote), nos muestra una forma diferente de retratar a la Argentina, y por eso tuvo tanto éxito: superó las dos millones de visualizaciones en Youtube en el poco tiempo que pasó desde que salió. Sin embargo, como en todo, hay detractores que tachan a la serie de poco representativa de nuestro país, pero entonces, ¿por qué una serie que muestra este lado de nuestra cultura podría generar rechazo en algunas personas?
El rechazo que ciertas estéticas generan hoy no es únicamente un capricho de los algoritmos ni un debate de redes sociales, sino que proviene de un proyecto de nación que comenzó hace más de siglo y medio. Durante la segunda mitad del siglo XIX, luego de la caída de Rosas en la batalla de Caseros de 1852, en la Argentina comenzó el proceso de creación del Estado Nacional, y para eso se buscó dejar atrás y erradicar la cultura indígena y gaucha de la sociedad, Sarmiento en el Facundo habla de la Civilización y Barbarie, apelando a Europa como el faro de civilización que había que traer a la Argentina para que pudiera prosperar, en detrimento de los indígenas y gauchos que eran tachados de “salvajes”. Europa era el modelo que nuestros próceres querían copiar en el país.
Incluso Alberdi plasmó esta misma idea en la constitución de 1853 cuando en el artículo 25 prohibía limitar y cobrar impuestos a los inmigrantes europeos que llegaran a la Argentina, convirtiendo esta idea en una política de Estado que fue continuada por varias décadas más.
Recuerdo haber visto en la escuela estos acontecimientos, haber estudiado causas y consecuencias, pero lo que pasaba es que se remitían a la enseñanza de los hechos que, al ser parte del pasado, son completamente abstractos. Es totalmente posible rastrear e identificar hoy en día las consecuencias de esas ideas, pero el problema es que justamente no las observamos. Como señaló Walter Benjamin, la historia que se nos enseña es en realidad el relato de los vencedores, donde el avance de la “civilización europea” se nos presentó como la única forma de progreso, ocultando las ruinas y la invisibilización de todo el resto de las identidades que dejaron a su paso.
Aunque muchas veces suela ignorarse y sea un tema un poco tabú, en la Argentina existe un problema estructural de racismo y clasismo. Aníbal Quijano planteó que el conocimiento europeo fue categorizado como «científico», «racional», «objetivo» y «universal». Por el contrario, las creencias y formas de organización de los pueblos indígenas y africanos fueron reducidos a la categoría de «magia», «mito», o «barbarie» como diría Sarmiento. Hay una gran adoración hacia lo europeo, y cualquier cosa que nos acerque a ese ideal, exaltamos y reivindicamos constantemente nuestras raíces europeas, la arquitectura neoclásica construida en distintos lugares del país durante el siglo XIX, y también tendemos a menospreciar a la Argentina por sus problemas, citando a Europa como el único marco de referencia que debemos de seguir. Como también dijo Quijano, fuimos enseñados a imaginar a la Argentina desde el ideal de progreso europeo, a ser extranjeros en nuestra propia tierra.
Es por esto por lo que pienso que Electroandes puede generar polémica, molesta a algunos sectores al retratar a la Argentina desde una perspectiva diferente de lo que estamos acostumbrados, hace que tensionemos con nuestra propia percepción de lo que significa ser argentino. Sí, el tango, el mate y el choripán son parte de nuestra cultura, pero la serie logra incluirlos junto con la chacana y el Supay, que suelen ser más desconocidos popularmente.
Históricamente, a través de la dicotomía de «Civilización y Barbarie», se nos enseñó que lo andino, lo gaucho y lo indígena pertenecían al pasado. El acto más subversivo de Electroandes y que más celebro no es únicamente mostrarlos, sino el hecho de proyectarlos más allá de la idea heredada del “atraso”. Insertar el dulce de cayote, la chacana y al Supay rodeados de tecnología futurista y neones es una declaración de principios: el norte y las identidades periféricas no son parte del pasado, sobreviven al presente y a un futuro distópico a pesar de la marginalización.
