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Guerra digital: el rol de las redes sociales en los conflictos del siglo XXI

Publicado el

por Juan Ignacio Melián.

La historia reciente nos muestra que los medios de comunicación, y particularmente las redes sociales, ejercen una gran influencia en la formación de la opinión pública global. La guerra ya no se libra solo en el terreno, sino también en el plano simbólico y digital. Los conflictos armados contemporáneos se encuentran permanentemente bajo el escrutinio de la opinión pública internacional, y es allí donde las redes sociales, dada su capacidad de penetración, juegan un rol muy importante (Narvaez, 2020).

En un mundo cada vez más interconectado, la expansión de Internet y el uso masivo de redes sociales han transformado por completo la cobertura de los conflictos armados, desplazando el protagonismo de los medios tradicionales hacia plataformas digitales, donde la ciudadanía ya no es solo espectadora del conflicto, sino también partícipe activo en la construcción del relato bélico.

La transformación de la comunicación en los conflictos armados

En las últimas décadas, la lógica comunicacional tradicional —basada en una estructura vertical donde unos pocos medios controlaban el flujo de la información— ha sido reemplazada por un modelo más horizontal. Hoy, las redes sociales permiten una interacción directa entre los emisores y receptores del mensaje, desafiando el monopolio informativo que antes ejercían los grandes medios.

Mientras que en el pasado lo transmitido en televisión o publicado en los diarios era consumido como verdad incuestionable (o impuesta por repetición), hoy cualquier ciudadano, con un dispositivo electrónico y conexión a Internet, se transforma en un comunicador de masas, superando incluso la visibilidad y audiencia de muchos periodistas tradicionales.

La guerra ha dejado de ser una experiencia exclusiva del soldado en el frente: desde cualquier parte del mundo es posible observar bombardeos en tiempo real, combates cuerpo a cuerpo e incluso ejecuciones difundidas por grupos terroristas como estrategia propagandística.

Frente a este nuevo escenario, los gobiernos se han visto obligados a adaptarse a las reglas del juego digital para sostener su legitimidad, generar cohesión interna con su población y disputar el relato en tiempos de guerra. En este contexto, plataformas como X (ex Twitter) se consolidaron como herramientas clave para comunicar de forma directa, construir

un vínculo de cercanía con la población y movilizar apoyo tanto a nivel nacional como internacional.

X como trinchera digital: entre la libertad de expresión y la desinformación

Actualmente, redes como Telegram, Instagram y X (ex Twitter) se destacan como las principales plataformas para informarse de forma inmediata. No obstante, considero necesario detenerse en X, teniendo en cuenta que es posiblemente la red de mayor alcance y acceso para el ciudadano promedio.

X ha surgido entre las demás redes como un espacio central en la circulación directa de información, sin censuras o pautas impuestas por gobiernos o corporaciones. La transformación radical que experimentó la red social tras su adquisición por parte del grupo xAI, liderado por Elon Musk, es interpretada por muchos usuarios como un hito en la libertad de expresión digital. La plataforma rompió con las dinámicas restrictivas de las redes sociales tradicionales al limitar los mecanismos de censura y permitir una mayor diversidad de voces, democratizando de forma significativa el flujo de información. No obstante, este cambio también genera controversias respecto al incremento de discursos extremistas y la circulación de noticias falsas, lo que plantea un nuevo dilema entre la libertad de expresión y la responsabilidad comunicacional.

De Vietnam a Gaza: la evolución del poder mediático en la guerra

Desde una perspectiva histórica, los medios siempre han sido actores relevantes en los conflictos armados. Durante la Guerra de Vietnam, las imágenes transmitidas por televisión impactaron profundamente en la opinión pública estadounidense, contribuyendo al cambio en la percepción del conflicto. Años después, el llamado “efecto CNN” introdujo la idea de que la intensa cobertura mediática de las crisis humanitarias puede influir en la opinión pública y presionar a los gobiernos para que tomen medidas en política exterior. Esto pone de relieve cómo los medios influyen en las agendas políticas, a la vez que suscita preocupación por la independencia periodística y la manipulación por parte de las élites políticas (Benabid, 2021).

Un punto de inflexión clave fue, sin dudas, la Primavera Árabe (2010-2013), marcando un antes y un después en cuanto a las manifestaciones populares y el uso de redes sociales en contextos de conflicto. Dado el papel que jugaron las redes sociales, ante la desconfianza en los medios tradicionales normalmente bajo control del gobierno, los ciudadanos árabes utilizaron masivamente plataformas como Facebook y YouTube para manifestarse, difundir imágenes y mostrar al mundo lo que estaba ocurriendo.

Además, el efecto catalizador de las redes sociales provocó un efecto dominó facilitando la propagación de los reclamos sociales más allá de las fronteras de cada país. Tal

vez, sin esta herramienta, las protestas hubiesen quedado circunscritas sólo a Túnez. En Egipto se ha hecho muy popular el dicho de que “a Hosni Mubarak lo mató, políticamente, Facebook”. Esta afirmación es muy clarificadora del poder que han llegado a alcanzar las redes sociales y el periodismo ciudadano como factor de cambio en las estructuras sociales y políticas a nivel mundial (Rihawi Pérez, 2017).

En conflictos más recientes, este impacto se ha consolidado. En la guerra en Ucrania, X ha sido un canal clave para que el gobierno de Volodímir Zelenski comunique avances, desmienta propaganda rusa y movilice apoyo internacional. Videos de ciudadanos mostrando la resistencia en Mariupol o Kiev se han viralizado, moldeando la percepción del conflicto.

De manera similar, en el conflicto Israel-Palestina, hashtags como #FreePalestine y #IsraelUnderAttack han polarizado las narrativas, mientras que vídeos manipulados han alimentado la desinformación, complicando la comprensión de la verdad.

Frente a este panorama, resulta urgente promover el pensamiento crítico y la verificación de fuentes. Todos los medios —tradicionales o digitales— responden a intereses, ideologías o narrativas particulares. Por ejemplo, en el conflicto entre Israel y Palestina, medios como Al Jazeera suelen ser identificados por su narrativa como pro-palestinos, mientras que The Jerusalem Post refleja la perspectiva israelí del conflicto. En la guerra en Ucrania, Russia Today (RT) transmite la visión del Kremlin, mientras que medios como CNN adoptan una postura cercana a los intereses geopolíticos occidentales.

Desinformación, polarización y propaganda: el lado oscuro de la guerra digital

De Vietnam a Ucrania, los medios y las redes sociales han transformado los conflictos armados en espectáculos globales, donde gobiernos, activistas e individuos compiten por captar la atención y dominar el relato. Esta exposición masiva de imágenes e información ha permitido visibilizar voces antes silenciadas, pero también ha traído consigo un costado oscuro: la desinformación, los contenidos manipulados y los contenidos visuales fuera de contexto, que distorsionan la comprensión de los hechos y amplifican la polarización.

Como señala Palacios (2025), “esto no solo distorsiona la comprensión de los hechos, sino que genera inestabilidad y desgaste en la democracia, crea polarización política y dinamita la coexistencia y los consensos”.

Teniendo en cuenta esto, es fundamental aprender a navegar este nuevo entorno informativo con cautela, comparando las distintas versiones de los hechos, valorando las fuentes y entendiendo que no siempre el relato online coincide con los hechos offline. Formarse como receptores de información no implica simplemente consumir contenidos, sino desarrollar la capacidad de discernir, analizar y reflexionar, evitando quedarnos con lo primero que vemos.

La guerra digital exige nuevas formas de participación, más activas y responsables. Desde un compartido hasta un like, quienes hoy navegan las redes sociales no son meros espectadores: son potenciales replicadores de información, con un poder real en la configuración del relato. Por eso, fomentar una ciudadanía digital, capaz de discernir entre hechos y propaganda, no solo contribuye a una mejor comprensión del mundo, sino que también se vuelve esencial para su transformación.

Referencias

Benabid, K. (2021, Febrero 22). What is the CNN Effect and why is it relevant today? Al Jazeera Media Institute.

https://institute.aljazeera.net/en/ajr/article/what-cnn-effect-and-why-it-relevant-today Narvaez, S. P. O. (2020, Febrero). El empleo de las redes sociales en los conflictos armados

actuales. Operaciones Pilar Defensivo y Margen Protector. CEFADIGITAL. https://cefadigital.edu.ar/bitstream/1847939/2129/1/TFI%20ECS%202020%20N1E3_2 69.pdf

Palacios, A. J. (2025, Mayo 11). La guerra de la desinformación | Diario Digital Nuestro País. ELPAIS.cr. https://www.elpais.cr/2025/05/11/la-guerra-de-la-desinformacion/

Rihawi Pérez, N. (2017, Noviembre 22). El papel de las redes sociales en la cibercultura: el caso de la «primavera árabe». E-Prints UCM. https://docta.ucm.es/entities/publication/e8c72126-f8d1-4f0a-9cd7-de15c0ce28b2

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