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Cachemira: Por qué el agua puede originar una guerra

Publicado el

por Nicolás Vega. 

Cachemira no es sólo un territorio en disputa. Es un espejo helado donde se refleja la sed del poder. En el corazón del Himalaya, el agua no fluye: se militariza. Y donde hay glaciares, también hay fantasmas. Esta nota reconstruye la historia de un conflicto que no cesa, pero que dice más de nuestro futuro que de su pasado.

Ubicado al oeste del Himalaya, el territorio es un enclave estratégico disputado por India, Pakistán y China convirtiéndose en una de las zonas más militarizadas del mundo.

Tras 6 años de cierta calma la disputa por Cachemira vuelve a estar latente con las escaladas de tensión llevadas a cabo los últimos días entre India y Pakistán con el bombardeo de nueve enclaves pakistaníes. El inicio de este conflicto se remonta a los mismos orígenes nacionales tras la independencia del Reino unido hace 80 años y desde entonces se disputan el territorio. La relación histórica entre ambos países estuvo marcada por desencuentros religiosos y el control de Cachemira en su totalidad. Desde su existencia, ambos países han implantado dos visiones nacionalistas incompatibles siendo todo esto caldo de cultivo a una larga sucesión de guerras. 

Los recursos hídricos: Un factor clave en la disputa territorial

En el este de la cordillera del Himalaya, concretamente en la sierra del Karakorum, se encuentra el glaciar de Siachen, con una longitud de más de 70 kilómetros de largo y actualmente controlado por India. Este glaciar es uno de los más grandes del mundo y el agua obtenida nutre a gran parte del norte de India. Por su parte, Pakistán se opuso a la construcción de la presa de Baglihar ya que privaría de agua a muchas zonas que la utilizan, además, para demandas agrícolas. Sin embargo, el acuerdo entre ambas partes llegó con el Tratado de aguas del Indo firmado el 19 de septiembre de 1960, en el cual se acordó la distribución de agua entre India y Pakistán siendo intermediario entre partes el Banco Mundial. En los últimos días, el tratado fue suspendido generando fuertes tensiones y un conflicto bélico latente como no ocurría desde finales de siglo pasado. Las autoridades indias redujeron el caudal del río Chenab tras cerrar esclusas de la presa de baglihar perjudicando directamente a Pakistán ya que es de gran importancia las aguas del Himalaya en el país.

Tras un ataque en Pahalgam, 25 ciudadanos indios fallecieron lo que produjo la reacción inmediata por parte de India cerrando pasos fronterizos sumado al ya suspendido Tratado de aguas del Indo. Esto fue acompañado de una acusación formal al gobierno pakistaní de sostener el terror en la zona. El comité de Seguridad Nacional de Pakistán advirtió que consideraría un acto de guerra cualquier desvío o bloqueo del agua que llega al país desde territorio controlado por India. Por tal motivo, ambos países movilizaron tropas a la frontera lo que culminó en enfrentamientos armados durante diez días y pruebas de misil balístico por parte de Pakistán con alcance de 450 kilómetros. Como respuesta a la masacre en Pahalgam, Bharat ordenó un bombardeo con misiles “de carácter ilimitado” en contra de nueve instalaciones que el gobierno indio declaró como “infraestructura del terror”, donde se organizaban ataques terroristas en contra de la India. Pakistán respondió con el ataque a cinco aeronaves indias reportando un saldo de ocho víctimas fatales. 

Una relación marcada por conflictos y tensiones a lo largo de toda su historia

Mirando la historia, el fin del mandato británico en 1947 fue signado por desinterés y escaza comprensión del territorio por parte de las autoridades coloniales. Como consecuencia, la zona indostánica se vio inmersa rápidamente en un clima de conflictividad. La rispidez religiosa entre hindúes, rodeados por musulmanes, fue el preludio de constantes conflictos. Desde 1933 existió la idea de Pakistán como una gran nación islámica independiente. Hasta entonces, la convivencia era tensa, pero había posibilidad de solución mediante el diálogo. En 1946 los conflictos se intensificaron y se produjeron enfrentamientos armados entre ambas comunidades. 

Las condiciones en las que nació Pakistán influyeron profundamente en su historia, particularmente su relación con India y su lucha por la estabilidad interna. Las tensiones entre fundamentalistas hindúes y musulmanes en los años noventa fue clave para que India comience a mirar con recelo todo lo que pudiera cuestionar su identidad. Al mismo tiempo, en Pakistán fue decisiva la influencia del islam dando lugar al surgimiento de fundamentalistas. Lo que acrecentó más las tensiones entre ambos fue el riesgo de una guerra nuclear con su punto más crítico en 1998. Un ataque de guerrilleros musulmanes paquistaníes de Cachemira al parlamento indio en 2001 agravó más las tensiones. La entrada de China en el reparto territorial de Cachemira complicó aún más las cosas formando un complejo tablero conformado por tres Estados con un enorme peso global ya que entre los tres concentran el 39% de la población mundial y poseen más de 160 ojivas nucleares. Por un lado, Pakistán le cedió una parte de su territorio a China en el marco de la disputa con India quien está en contra ya que reclama como suya esa franja situada al norte del glaciar Siachen. Y, por otra parte, China controla el territorio de Aksai Chin, también reclamado por India y cuya frontera está delimitada por la línea de control actual.

El último conflicto a gran escala se produjo en el año 1999 año en el que ambos ya contaban con importantes armamentos nucleares encendiendo las alarmas del mundo ante un posible conflicto nuclear alcanzando un punto álgido de tensión. Sin embargo, los desencuentros se limitaron a ataques terroristas y movimientos militares puntuales.

La importancia de Cachemira no radica solo en su geografía y la importancia de los recursos hídricos sino también en su simbolismo. Para India representa una reafirmación de la unidad nacional y la integridad territorial. Para Pakistán constituye una reivindicación de identidad para la comunidad musulmana. 

Un territorio sin paz

Se avizoran dos vías: profundización o modernización. Mucho se especula sobre el uso de armamento nuclear, un elemento determinante desde 1945, o el inicio de una nueva guerra, aunque en ninguno de los casos se ve como algo realista en plazos inmediatos, pero la tensión crece cada vez más. La historia de su rivalidad territorial ha hecho que Cachemira sea una de las zonas mas militarizadas del mundo y con los recientes ataques de India, la escalada más grave en más de 20 años, amenaza con nuevos enfrentamientos entre ambos países concentrando el conflicto en un territorio que parece no tener paz.

Las guerras del siglo XXI no necesitan pólvora. Les basta con el control de un grifo. Cachemira, entonces, no es un punto lejano del mapa: es un anticipo. Una advertencia líquida de lo que vendrá.

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