InicioFilosofía y ArteEl lado oscuro de uno mismo

El lado oscuro de uno mismo

Publicado el

Por Rocío Barbieri.

Uno no alcanza la iluminación fantaseando con figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad.
Carl Gustav Jung.

Dentro de cada uno de nosotros habitan dos fuerzas. Como la luna, tenemos una cara que brilla y otra que se oculta en la sombra. Somos, al mismo tiempo, claridad y penumbra, armonía y conflicto. Nuestra vida entera transcurre en ese vaivén entre lo que mostramos y lo que escondemos, entre lo que creemos haber comprendido y lo que aún nos habita sin nombre.

El lado oscuro es ese lugar donde se refugia lo que intentamos olvidar: los pensamientos que nos avergüenzan, las emociones que consideramos impropias, los deseos que aprendimos a reprimir, los errores que preferimos borrar. Es el territorio de lo no dicho, lo que se calla por miedo o por costumbre. Aquello que no encaja en la versión que ofrecemos al mundo, pero que sin embargo late, persistente, detrás de cada gesto y de cada silencio.

A veces lo sentimos aparecer en un arrebato de ira, en una tristeza sin causa, en una reacción desmedida, en un impulso que nos sorprende. Entonces comprendemos que la sombra no se disuelve, que está siempre ahí, esperando ser reconocida. Nuestro lado oscuro no es un enemigo, sino un fragmento oculto de nuestra humanidad. No debemos temerlo ni rechazarlo, porque negarlo es negar una parte viva de nosotros.

Hay una enseñanza profunda en aprender a convivir con lo que nos duele, con lo que no entendemos, con lo que no nos gusta de nosotros mismos. La oscuridad no se vence, se integra. No se trata de eliminarla, sino de abrirle un espacio. De mirarla sin miedo, de escuchar lo que tiene para decirnos. A veces lo que más nos asusta es, precisamente, lo que más necesitamos oír.

Integrar la oscuridad es un acto de humildad. Significa dejar de huir de nosotros mismos, dejar de querer ser impecables. Reconocer que dentro de cada luz hay una sombra, y que de esa tensión nace nuestra verdad más profunda. Jung decía que lo que reprimimos no desaparece, se esconde y nos gobierna desde el silencio. Por eso, cuando logramos mirarlo de frente, algo cambia. Lo que antes era amenaza, se transforma en fuente. La ira se convierte en impulso. El error, en aprendizaje. La torpeza, en humildad. Las contradicciones, en pensamiento. La vulnerabilidad, en empatía. La envidia, en inspiración. El dolor, en sabiduría.

Aceptar nuestra oscuridad no significa rendirse a ella, sino reconocer que también allí hay vida. Que en ese rincón que evitamos mirar puede nacer una forma más honda de comprensión. No hay transformación posible sin ese descenso. A veces, para encontrar la luz, hay que atravesar el fondo del pozo. Y allí, en el silencio más oscuro, uno empieza a verse sin adornos ni excusas.

Quizás la madurez consista en eso: en dejar de fingir claridad, en atreverse a ser verdaderos. En admitir que somos contradicción, mezcla, tránsito. Que la perfección es solo un disfraz del miedo. Y que la belleza también habita en lo imperfecto, en lo roto, en lo que todavía busca sentido.

Cuando por fin nos hacemos aliados de nuestra oscuridad, algo se aligera. El juicio se apaga, la exigencia se disuelve, y queda una quietud nueva, una paz que nace del reconocimiento. Entendemos que la luz no llega de afuera, sino del modo en que aprendemos a mirar lo que tenemos dentro.

Solo entonces comprendemos, como dice el Tao Te Ching, que quien conoce a otros es sabio, pero quien se conoce a sí mismo es iluminado. Porque la luz que realmente transforma no es la que disipa la sombra, sino la que la abraza.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

Manifiesto

Por José Mariano.  Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa...

El desmantelamiento de los derechos en Argentina

Por Daniel Posse.  Reformar no es solo cambiar las formas, es vaciarlas de contenido hasta...

Alegato cívico

Por Enrico Colombres.  La peor forma de dominación es aquella que se ejerce con el...

Cambiar para que nada cambie, el bucle del día de la marmota

Por Nadima Pecci. Hace unos días presentamos, junto con la Fundación Federalismo y Libertad y...

Más noticias

Manifiesto

Por José Mariano.  Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa...

El desmantelamiento de los derechos en Argentina

Por Daniel Posse.  Reformar no es solo cambiar las formas, es vaciarlas de contenido hasta...

Alegato cívico

Por Enrico Colombres.  La peor forma de dominación es aquella que se ejerce con el...