InicioIdeas para pensarLA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE

LA VIDA ESTÁ EN OTRA PARTE

Publicado el

Por José Mariano.

“Las personas llegarán a amar su opresión
y a adorar las tecnologías que anulan su capacidad de pensar.”

— Aldous Huxley.

Nunca hubo tanta información circulando.
Nunca fue tan difícil saber qué está pasando.

Las imágenes se replican en todos los medios. Circulan, se superponen, se repiten hasta el cansancio. Pero no todas dicen lo mismo. Son las mismas imágenes pensadas de maneras diferentes. El sentido no viene dado: es algo que quien se enfrenta a cualquier forma de comunicación tiene que construir, aun cuando no lo quiera.

Porque la información —y la forma en que se transmite— nunca es inocente. Siempre afecta nuestro juicio. Influye en la forma en que pensamos las cosas, en la forma en que las interpretamos y, finalmente, en la forma en que vivimos.

En los meses en los que Fuga estuvo en pausa, la avalancha informativa no se detuvo. Al contrario: se aceleró exponencialmente.

Hacer un resumen de lo que pasó entre diciembre y marzo sería imposible para una editorial. Da la sensación de que se condensaron años de historia en apenas unas semanas. La guerra en Irán y las tensiones que vuelven a sacudir Medio Oriente. Las negociaciones interminables con el Fondo Monetario y la fragilidad de una economía que parece vivir siempre al borde del equilibrio. La nueva ley laboral y las discusiones que reordenan el mapa del trabajo. La apertura de sesiones del Congreso con su coreografía habitual de promesas, acusaciones y relatos enfrentados. La corrupción que vuelve a salpicar a la AFA y recuerda que incluso el fútbol —esa religión civil argentina— tampoco escapa a las lógicas del poder. La inflación que se siente mucho más de lo que dicen las estadísticas. Los ajustes que reconfiguran el Estado, los conflictos sindicales que reaparecen, las tensiones entre el gobierno y las provincias, las discusiones electorales que empiezan a ordenar el calendario político.

En el mundo, mientras tanto, el tablero tampoco se detiene: guerras que se prolongan, tensiones entre potencias que vuelven a redibujar el mapa geopolítico, crisis migratorias que atraviesan continentes, elecciones decisivas en distintos países, economías que se desaceleran mientras otras crecen a ritmos inesperados, mercados que suben y caen en cuestión de horas, tecnologías que avanzan más rápido que las regulaciones que intentan comprenderlas.

Todo ocurre al mismo tiempo.
Todo parece urgente.
Todo reclama atención.

Y sin embargo, en medio de esa acumulación de acontecimientos, algo extraño sucede: la sensación de estar informados convive cada vez más con la impresión de no entender del todo lo que pasa. Y nunca estamos del todo seguros de lo que acabamos de ver o leer.

No se trata solo de exceso de información. Se trata del modo en que esa información circula. Algoritmos que priorizan lo que captura atención. Plataformas diseñadas para prolongar el entretenimiento. Economías mediáticas que necesitan escándalo permanente.

En ese ecosistema, la información deja de organizarse según su importancia y comienza a ordenarse según su capacidad de atraer miradas. Lo que importa no es lo que explica mejor el mundo, sino lo que logra detener por unos segundos el desplazamiento infinito de la pantalla. La atención se convierte así en el recurso más disputado de nuestra época, y los medios —tradicionales o digitales— terminan compitiendo dentro de esa misma lógica.

En ese escenario, lo trivial y lo importante terminan ocupando el mismo lugar.

Hace unas semanas, por ejemplo, las redes se llenaron de videos de therians: jóvenes que se identifican con animales y reproducen comportamientos felinos o caninos frente a una cámara. Durante días ese fenómeno ocupó miles de pantallas, comentarios y debates.

Es una cápsula perfecta de atención: algo extraño, viralizable, discutible, pero que en realidad no modifica nada.

Mientras miramos hacia allí, dejamos de mirar en otra dirección.

Y quizás ese sea uno de los rasgos más inquietantes de nuestra época: no que falte información, sino que la atención está siendo desplazada constantemente hacia lo que no importa.

Por eso Fuga vuelve.

No para competir con el ruido, sino para interrumpirlo.

Para detenerse un momento en medio de la avalancha y preguntarse qué está pasando realmente mientras todos miran hacia otro lado.

Porque mientras discutimos lo que aparece en nuestras pantallas, la vida —la que realmente define nuestro tiempo— está en otra parte.

Y casi nadie parece dispuesto a mirar hacia allí.

 

Bienvenidos a la Edición 41.

Esto es Fuga. 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

Welcome to the Jungle

Por Nadima Pecci. “El mayor mal en el mundo se comete cuando los hombres se...

Argentina y su muro de los lamentos

Por Enrico Colombres. “Ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser su amigo...

La tentación del tercer mandato

Por José Mariano. “Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar de él; llega...

Una estrategia realista para la integración económica argentina

Por Fernando M. Crivelli Posse. “El problema económico de la sociedad no es meramente un...

Más noticias

Welcome to the Jungle

Por Nadima Pecci. “El mayor mal en el mundo se comete cuando los hombres se...

Argentina y su muro de los lamentos

Por Enrico Colombres. “Ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser su amigo...

La tentación del tercer mandato

Por José Mariano. “Todo hombre que tiene poder se inclina a abusar de él; llega...