InicioActualidadLos Oscar 2026. Una premiación que redefine el entretenimiento

Los Oscar 2026. Una premiación que redefine el entretenimiento

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Por Rodri Fers.

La nonagésima octava edición de los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, más conocida como los Oscar, da que hablar desde hace unos meses. El pasado domingo se llevó a cabo la premiación con sorpresas, momentos destacados y un ganador que era esperado por todos: la consolidación de una tendencia que se venía gestando hace unos años, el regreso triunfal de las narrativas de autor y la consagración de figuras que, hasta ahora, habían permanecido en la periferia del reconocimiento máximo de Hollywood.

Sin dudas, el gran protagonista de la velada fue Una batalla tras otra (One Battle After Another). Basada en la prosa de Thomas Pynchon, la película de Paul Thomas Anderson —PTA para los cinéfilos— se alzó con seis estatuillas, incluyendo Mejor Película, Dirección, Casting —una nueva categoría que llegó para quedarse— y Guion Adaptado. No fue una sorpresa. Era de esperar que esta obra de arte fuera la más premiada de la noche, ya que cuenta con todos los condimentos: un gran director, grandes participaciones actorales, una historia que contar y un contexto político —o sátira de la política— que merece ser analizado en una nota aparte. El filme no solo destaca por su maestría técnica, sino por su capacidad de confrontar las heridas del activismo radical de los años 60 con el autoritarismo contemporáneo. Sean Penn, interpretando al capitán Steve J. Lockjaw, ofrece quizá una de las mejores actuaciones que ha visto el cine en la última década.

Entre las mejores películas quedaron atrás Bugonia, Marty Supreme, Sinners, Frankenstein y Hamnet, grandes piezas cinematográficas que pudieron, sin polémica mediante, quedarse con el máximo galardón con justicia merecida.

La categoría de Mejor Actor brindó la sorpresa de la noche con la victoria de Michael B. Jordan por su papel en Sinners (Pecadores). Una gran película que me interpela personalmente porque toca un tema sensible en mi vida: el blues. No podría catalogarla en una sola categoría, porque lo tiene todo: es un musical, un thriller, una película de acción, una película gótica sobrenatural y una película de vampiros. Realmente lo tiene todo, y bien ejecutado. Jordan interpreta a gemelos que regresan a su ciudad natal en Mississippi durante los años 30 para enfrentarse a una horda de vampiros. La cinta ha sido elogiada por utilizar el terror como una alegoría del racismo y la opresión histórica en el sur estadounidense.

Si de la categoría a Mejor Actor hablamos, no podemos dejar de lado la polémica que desataron los dichos de Timothée Chalamet, quien interpretó a Marty Supreme, personaje de la película homónima dirigida por Josh Safdie, quien también se vio envuelto en una controversia. Vamos por partes: el director Safdie fue acusado de obligar a una menor a realizar una escena sexual en 2017. Por otro lado, Chalamet, días antes de la premiación, declaró que no quería trabajar en un ballet o una ópera porque sostenía que a nadie le importaban esos espectáculos. No me pareció nada grave esa declaración, y tampoco se puede desconocer el gran talento de Timothée.

Por su parte, Jessie Buckley se consagró como Mejor Actriz por Hamnet, bajo la dirección de la ganadora del Oscar Chloé Zhao. La película adapta la novela de Maggie O’Farrell y traslada el foco de la historia de William Shakespeare hacia su esposa, Agnes Hathaway. Buckley entrega una interpretación visceral sobre el duelo materno tras la muerte del hijo de ambos, Hamnet, sugiriendo que esta tragedia personal fue el motor alquímico que dio origen a la obra cumbre del dramaturgo, Hamlet.

Su discurso llegó a emocionar hasta a la persona más dura. Destacó que la película mostraba el amor y las emociones contradictorias e inestables que una madre puede experimentar. Para mí, la escena de su grito de dolor es insuperable. Un gran reconocimiento también para Chloé Zhao, quien fue criticada por un mal encuadre en la película por un argentino que decidió “tuitear” en su contra, lo que luego se hizo viral.

Amy Madigan fue premiada como actriz de reparto por Weapons (La hora de la desaparición), marcando el intervalo más largo entre nominaciones (40 años) para una actriz. En este inquietante thriller sobre la desaparición masiva de niños en una comunidad, Madigan encarna a una anciana fundamental para el giro dramático del filme. Un gran triunfo para el cine de terror. Vale la pena remarcar cómo dedicó su premio a su marido, con quien está casada desde hace 50 años. Fue emocionante.

Aunque la categoría de Mejor Película Internacional recayó finalmente en la noruega Sentimental Value (Valor sentimental) —que me aburrió, lamentablemente—, la crítica y los académicos coincidieron en que la verdadera joya de la selección fue la brasileña El agente secreto, dirigida por Kleber Mendonça Filho. La cinta, un ejercicio de tensión política ambientado en el Recife de los años 70, destaca por su capacidad de diseccionar la paranoia estatal a través de lo cotidiano.

El peso dramático del filme descansa en una interpretación soberbia de su actor principal, quien encarna a un hombre atrapado en un laberinto de lealtades divididas. Su actuación ha sido calificada como un “estudio sobre el silencio”, logrando transmitir la asfixia de la época con una economía de gestos que recuerda a los grandes referentes del cine noir. Sin embargo, es la actriz que interpreta a Sebastiana quien se erige como el corazón moral de la historia. En cada escena, su presencia impone una dignidad inquebrantable; Sebastiana no es solo un personaje, sino el símbolo de la resistencia silenciosa de una sociedad bajo vigilancia. Su omisión en las categorías de actuación principal ya ha sido catalogada por diversos sectores de la prensa especializada como una de las grandes injusticias de esta edición.

Si nos enorgullecemos por un filme brasileño, hay que decir también que fue producto de una política de Estado de apoyo a la cultura. Una lástima que en nuestro país no se replique y que nos olvidemos del cine. Más lástima me da porque Argentina es el país sudamericano con más presencia en los Oscar, pero, según el máximo representante de nuestro pueblo, nuestro cine es malo y mediocre. Una lástima.

En el ámbito técnico, la noche alcanzó una cota de trascendencia artística sin precedentes cuando se anunció el premio a la Mejor Fotografía. Por primera vez en los casi cien años de historia de la Academia, una mujer, Autumn Durald Arkapaw, se alzó con la estatuilla por su extraordinario trabajo en Sinners. Un acto de justicia histórica para las directoras de fotografía, un rubro históricamente esquivo para las mujeres. Durante su discurso, uno de los momentos más emotivos de la gala, el director Ryan Coogler sostuvo en brazos al pequeño hijo de Autumn para que este pudiera ver a su madre desde el escenario.

El fenómeno global de la cultura surcoreana alcanzó un nuevo cénit con el triunfo de K-pop Demon Hunters como Mejor Película Animada. La producción de Sony y Netflix, que narra las aventuras de un grupo de cantantes de K-pop que cazan demonios en sus ratos libres, ha roto récords de audiencia y se ha convertido en un estandarte de la diversidad cultural en la industria, validando el reclamo de figuras como Guillermo del Toro sobre la importancia de la animación como arte cinematográfico de primer orden.

Por último, hay que destacar al conductor de la velada, Conan O’Brien, quien tuvo un humor ácido y preciso. Nombró a la Argentina en un chiste que hacía alusión a que en Los Ángeles se hablaba español, al igual que en nuestro país, en un contrapunto con los dichos del presidente Donald Trump. También fue picante con el CEO de Netflix, ya que remarcó que la ceremonia se realiza en un cine mientras —con la ironía que lo caracteriza— hacía alusión a que la plataforma de streaming desea destruir ese tipo de espacios. También se tomó el trabajo de dejar un tentempié a todos los asistentes, remarcando que en cualquier cine podría costar más de 50 dólares, criticando así los precios que manejan las salas cinematográficas. Javier Bardem, quien, fiel a sus convicciones, utilizó el estrado para emitir un contundente mensaje antiguerra, lució además un pin que había utilizado en la premiación del año 2003, mostrando, de alguna manera, que el contexto en Estados Unidos nunca cambia respecto de los conflictos bélicos.

1 COMENTARIO

  1. Es increíble como se fomenta la libertad de expresión en estos premios, pero cuando Chalamet opinó desde su lado más personal comenzó una campaña de odio en su contra. Si bien Sinner fue una de mis favoritas, no hay que negar que Timothée se merecía el premio a mejor actor, por Marty Supreme y desde antes también. Entonces, hasta dónde llega la libertad de expresión? Acaso hay un catálogo de temas sobre los que se puede opinar y temas que están prohibidos?
    Y aunque el presidente no sepa apreciar absolutamente nada que sea propio de su país, AGUANTE EL CINE ARGENTINO!

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