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Donde la palabra todavía respira

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Por Sergio G. Lizárraga.

“Sólo la lluvia, ese ademán ingenuo de la niebla,
sólo las innúmeras puntadas del lienzo de la lluvia,
nos dejan la ilusión de estar a solas
con nuestro corazón y su almanaque…”
— Claudio Simiz

Para Simiz, la lluvia es un ademán ingenuo de la niebla, un gesto que acompaña y sorprende. Para Candelaria Rojas Paz, en cambio, el universo lírico está empapado de memoria, naturaleza y carne, fundidos en una voz exquisita, tan propia como universal: “Todo está mojado / en la edad de lo que no llovemos…”

La voz poética de Rojas Paz, en realidad, sí llueve. Llueve en la vulnerabilidad del “perro ciego” que no reconoce la luna hasta que se le inunda el hocico; en la dureza de una “sentencia” que nadie puede eludir; en la ternura de lo cotidiano, como partir un zapallo y encontrar en él un universo entero.

¿Cómo no sentirse salpicado por los versos de esta poeta que escribe con toda su agua, con toda su tierra, con todo su cuerpo?

Como diría Nicanor Parra: “El poema es un pájaro vivo que hay que atrapar en pleno vuelo.”
Leer a Candelaria Rojas Paz es asistir a esa captura: la poesía late en la ceniza que canta, en la inundación del corazón, en la mariposa que “eterniza la más triste hermosura de este mundo”

 

Paisaje mío

(A Guara Calvo)

A esta edad hay sombras pequeñitas que me pueblan la carne,

un espejo antiguo con manchas de heridas

o humedades nuevas.

Tan dócil es el hueso

para dejarse pintar de negro

bajo la fuente de cualquier luz…

He dejado mis labios al viento

con las palabras exactas al aire.

Mi silencio es un lago desesperado de sequía.

Miro al sur con el párpado desorientado,

encontrando el norte que no sueña

ni sabe de otros ojos atravesándolos.

Transpiro el sol naciente

para erizarme en todos los ocasos.

Una cascada atada a mi cuero cabelludo,

la negrura desgarrada de la noche

ante el despertar de cada cana.

Este paisaje mío

es tersura de los solos,

y la soledad dispuesta florece en mí, en blanco y negro.

Los colores se han quedado

más allá de los mapas que conozco.

Una memoria de grises,

una piel despintada y vuelta a pintar,

los poros tatuados con cada nombre

de todos los árboles

que se quedaron en mi blanco,

echando raíces de olvido.

Pero por dentro

me ha teñido la esperanza

en arcoíris de hijos y amigos,

de guitarras trasnochadas

y encuentros infinitos,

abrazos apretados

de los que amo,

creciendo como urdimbre colorida

y necesaria.

 

 

Perro ciego

Comí de tu mano,

te besé

la uña encarnada,

hasta dolerme a mí

la edad de cada herida.

Demasiado país

sin abrazos,

en crisis de puchero.

Demasiado

morder el aire

y mostrar los dientes

al cachorro de otro.

Desamor…

le llaman…

y vos

seduciendo

con un circo

de pulgas.

Me creía

garrapata anémica

sobre tu lomo desnudo.

Pude arrancarme

de tu paisaje

amortiguado

de sombras

y cartílagos,

con la brasa

encendida

de todos tus infiernos.

Uno es

un perro ciego

que no sabe reconocer

la luna

sobre el agua,

hasta que se le inunda

el hocico

o el corazón.

 

 

Sentencia

Masticar la vida que guarda la memoria.

Hacernos un festín

con el goce de la sed de sus desiertos.

Hablemos sin reproches ni buenos días…

Ellos tienen el polvo entre las manos

y el temor los despierta

entre las sábanas del purgatorio.

La carne yerma.

El ombligo de un niño atado a las botas.

La tormenta de la sentencia

les habla por las noches

aunque estén dormidos.

Nadie,

ni Dios,

los salva de los ojos vendados

que los miran

desde la ausencia. 

 

 

Donde canta la ceniza

Las palabras que evocan todos los cantos 

van pariendo poemas, no para ser entendidos…

solo quieren ser acompañados en sonido de párpados y pupilas

como un abrazo necesario.

Nace una voz que no canta sola, viene de la ceniza, del pan partido,

del trabajo diario y un salario que no alcanza

y del cuerpo que recuerda todo lo no dicho.

Hay palabras que no buscan belleza

sino abrigarse en la memoria de los hombres.

Versos que son ritual, herida abierta,

apenas una mano sosteniendo a otra en la intemperie.

Escribo desde mi yo más cotidiano

como quien enciende un fuego pequeño para atravesar la noche.

Desde la pueblada que arde y desde el amor más humano

como danza política sobre el barro,

aquí no hay coreografías limpias, ni derrotas definitivas.

Hay canto, duelo, hijos, infancias, hay hombres trenzados en abrazos

y esa certeza antigua de que nadie se salva solo.

Escribo y sueño con todas las manos posibles,

con una invitación a leernos los ojos, nombrarnos en voz baja,

cómo se escuchan los latidos 

cuando el silencio

entreverado con cenizas

 también canta.

 

 

Inundación

Hoy hay risa pasada por agua.

Todo está mojado

en la edad de lo que no llovemos.

Un cangrejo se hunde en la arena 

enterrándose con su luto.

El río se ha desbordado,

sus uñas de piedra 

cavan las caderas del pueblo

que guarda barro en su lagrimal.

Un cielo trae cántaros de más 

y ha enloquecido…

Era la inmensa sed de justicia

contra los hombres,

por su mano en la entrepierna

del monte virgen

y la semilla de la codicia 

preñando de veneno a la tierra.

Hay quejido de parturienta,

animales llevados por la correntada

piden renacer en mundo nuevo.

Un árbol es un globulito rojo

arrancado de estas venas.

Ahí vienen las lanchas,

traen gente desesperada,

polvareda entre los dientes

y la sonrisa ahogada.

Viene un bote repleto de sueños infantes,

hombres y mujeres de caña de bambú,

nadie se dobla ante el político

con botas nuevas 

sin callo abierto en las manos,

que viene para la foto de portada.

Los pájaros cosen escarpines de esperanza 

con el pasto aun humedecido.

A quién no se le ha inundado

alguna vez el corazón

y pidió un cielo abierto 

sin negrura de tormenta

creyendo en cualquier Dios

que venga a socorrernos?!!

…Siempre viene 

solidaria tu mano 

humano

a rescatar 

lo más humano 

de la bestia.

 

 

POST MORTEM

Crujir de la gota

en la mansedad de los párpados.

Las palabras que no diremos

ni el credo que antecede

cualquier infierno.

Bravura del ser,

cruz y ocaso.

¡¿Quién sabe qué fue primero?!

En las horas tiesas,

el perdón,

la lanza,

las espinas

no duelen,

sucumben al infinito de lo áspero,

la costra de Dios

que apenas se mece sobre la carne.

Publicado en «La Gota» Ed. Último Reino.

 

 

Color

El color 

sigue siendo color

 aún en la oscuridad …

Pero si no tiene quién lo mire… 

¿se volverá parte 

de la profundidad de la noche?

 

 

Un poema que no hinca

no cose,

ni ruedos, ni botones,

 ni desgarros de ninguna tela.

Pensé en el limonero

que aún lleno de espinas,

  con su flor perfuma y su fruto entrega,

imaginé la tuna 

con sus janas,

y su carnoso dulzor suculento.

 Lo mínimo y finito 

de una palabra 

te entra en la carne,

arde y crece por dentro

sin dejar quizás

 una visible huella.

El zapallo y vos

Hay cosas tan simples que me recuerdan a vos

que no dejan que te olvide

como se olvida la mañana y sus trinos 

cuando la noche nos besa los parpados.

Hoy partí aquel zapallo…

apreté fuerte el cuchillo.   

Su cáscara era 

el mundo primero y su lava. 

Ahí vi todos tus nacimientos

todos los fantasmas de la piedra

entregada al fuego.

Cuando abrí aquel zapallo  

su aroma trajo tu saliva a mi boca

y en el finito abrazo de su piel de adentro,

estaba el gris inmenso de tu ceja…

cerré lo ojos y un paraíso 

me invadió los pulmones…

una mujer pariendo …

una selva virgen…

un galope y las crines al viento …

un caserío perdido en los cerros…

un campo desierto 

y el sol lamiéndole el vientre 

en éxtasis de   amantes …

 

 

MARIPOSA 

Atrapada en la trama de un día 

en esta estación  

en que todo se transforma.

Verde, tormenta, agua, pistilos a la espera,

bendición calurosa del verano,

transpiración del éter

multiplicando Natura.

polvo de alas,

desgranándose el color.  

Danza silenciosa,

zigzag desenfrenado en el espacio 

cortando las partículas del aire

para poder seguir a destino impreciso.

Canta una canción que solo yo escucho,

canta sobre el cansancio

que ningún ojo mira.

Solo ella sabe lo que es

arrastrar el cuerpo carnoso 

llevando la esperanza de vuelo

sobre su cadera multiplicada.

No sabe del tiempo

de la mínima vida 

que le ha otorgado el universo.

No cuenta horas de respiro,

solo es tráquea que arde bajo el sol.

Anda besando flores

para sobrevivir 

a pura belleza.

Mudo goce hasta morir

entre blandos pastos,

en cajita de vidrio

o aposento de cemento,

con la soledad crucificada en sus alas,

la mariposa eterniza 

la más triste hermosura de este mundo.

 

 

CANDELARIA ROJAS PAZ

Licenciada en Artes, Maestra de Plástica y Profesora de Expresión Corporal. Desarrolla actividades socioculturales, literarias y artísticas en diversos ámbitos, educativos y terapéuticos, brindando cursos y talleres de capacitación desde el Ministerio de Educación y diferentes instituciones.

Obtuvo más de 30 distinciones en premios nacionales y provinciales. Su trabajo pedagógico mereció Mención Especial en el Concurso Federal Viva Lectura 2014. Integra diversas antologías. Publicó La Gota, (Ed. Último Reino), en 2015 y Carne de flores (Ente de Cultura de Tucumán) en 2021.

Algunas de sus obras fueron musicalizadas por reconocidos compositores de Argentina, como Gerardo Núñez, Martín Raninqueo, Lucho Hoyos. Participa del Festival Poesía en la Escuela, coordinándolo en Tucumán desde 2018 hasta 2024. En el 2022 participó en el Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires 2022, y en los encuentros internacionales de poesía en «Ciudad de los anillos”, Santa Cruz, Bolivia, y «De poetas y cuenteros» en Las Parejas, Santa Fe, Argentina, así como en el «Encuentro Manuel Aldonate, de cantautores y poetas» de la Ciudad de Monteros, Tucumán.

Cree en el arte, la palabra y la poesía, como herramientas de superación como individuos y en comunidad.

 

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