Hiperstición

Publicado el

Por Rodri Fers.

Estos últimos días, en el ámbito digital, empezó a circular, con más frecuencia, el concepto de “hiperstición”. Me puse a investigar: de qué se trata, porqué es importante y resultó ser tan atractiva, y cuál su importancia como así también la relevancia de conocer el término. 

Puedo asegurar que el estudio de la hiperstición constituye uno de los desafíos más complejos y necesarios para la teoría cultural contemporánea, la economía política y la filosofía de la tecnología. Sustancialmente, la hiperstición puede definirse como un proceso mediante el cual ciertas ideas, relatos, narrativas o ficciones dejan de limitarse a describir el mundo y comienzan a operar de modo performativo, generando las condiciones para que aquello que enuncian termine por realizarse. En palabras más sencilla, hiperstición es una ficción anticipatoria que, al circular lo suficiente, modifica prácticas e instituciones hasta producir parcialmente aquello que anunciaba. Si creemos que en el futuro todo se irá por la borda, probablemente se irá por la borda. En cambio si creemos que el futuro es esperanzador, lo más probable que aquello por lo cual estamos esperanzado se cumpla. 

Es importante traer a colación a Yuval Noah Harari, historiador y divulgador, que en sus obras “Nexus” y “Homo deus” tiene como idea central que la humanidad evolucionó a partir de relatos. Asegura que la ontología del ser humano parte de la habilidad que tuvimos para creer. Eso nos diferencia del resto de los animales, y por ello somos los que dominamos al mundo en la actualidad. No quiero caer en el simplismo, su tesis tiene fundamento, y es interesante nombrarla para entender el concepto que intento explicar.

La hiperstición es un juego de palabras, si. Porque si nosotros entendemos que la superstición tradicional se funda en creencias que carecen de una base racional, y operan bajo una lógica de causa y efecto mágica o inexplicable, la “hiper-stición” se manifiesta como un bucle de retroalimentación cibernético donde el futuro influye retroactivamente sobre el presente. 

Explicamos el presente desde el futuro. Tomamos lo que creemos que pasará para poder fundar acciones de nuestros días. El mañana es lo que influye en el libre albedrío. 

El concepto de hiperstición surge en torno a la Cybernetic Culture Research Unit (CCRU), un colectivo experimental que operó en los márgenes de la academia británica durante los años noventa. Los precursores reales, en rigor, fueron la profecía autocumplida de Robert K. Merton (sociólogo estadounidense de mediados de siglo), la perfomatividad de J.L. Austin (filósofo británico de principios de siglo pasado), la noción de meme de Richard Dawkins, y la filósofa Sadie Plant, conocida por sus obras sobre el situacionismo y el ciberfeminismo, que sentó las bases para un pensamiento que rechazaba el humanismo tradicional. 

Sin embargo, el término se popularizó posteriormente y actualmente por Nick Land, autor de The Thirst for Annihilation (1992), o “Aceleracionismo: Estrategias para una transición hacia el postcapitalistmo” (2017). Land representa una persona peligrosa para las instituciones democrácticas que conocemos, ya que su principal planteo es hacer implosionar al capitalismo mediante la aceleración con la tecnología, hasta llegar a la anarquía total.

A su vez, en el 2005 Mark Fisher publicó “Left Hyperstition 1: The Fictions of Capital”, en el que plantea que si el capital ya funciona mediante ficciones operativas, la pregunta política no es si debemos abandonar las ficciones, sino qué ficciones (relatos) pueden competir con las del capital. 

No toda superstición es hiperstición, ni toda propaganda o profecía lo es. Para hablar con rigor conviene exigir, al menos, cinco condiciones: un vector ficcional o especulativo identificable; circulación intensiva; pérdida parcial del control autoral; inscripción material o institucional; y un bucle verificable de esfuerzo entre el relato y los hechos que el relato ayuda a provocar. Tiene que penetrar en el inconsciente colectivo. 

El concepto rinde sobre todo en tres terrenos. Primero, permite leer el presente como una guerra de futuros: no compiten solo hechos, sino ficciones que buscan hacerse infraestructura. Segundo, ilumina la afinidad entre hiperstición y capitalismo financiero, donde la confianza, el crédito y la promesa de futuro tienen efectos presentes. Tercero, obliga a pensar su reverso oscuro: conspiraciones, pánicos morales y delirios políticos también pueden operar hipersticionalmente. QAnon, la Singularidad de Silicon Valley, las memecoins o el metaverso corporativo son casos fuertes; Slender Man, The Blair Witch Project y ciertas prácticas de teoría-ficción artística son casos culturales ejemplares.

Lo peligroso lo encontramos cuando intencionalmente, los poderosos, propagan hiperstición con el objeto de someter a la sociedad a su conveniencia. Veamos.

En la IA, la narrativa de la Singularidad es probablemente el ejemplo más identificable. Con la explosión de Anthropic -movida de marketing en mi opinión- sobre el último modelo de Claude, se generó una predicción científica verificable en cuanto relato: Se había creado la “máquina de Terminator”. Tan movilizadora fue la maniobra que logró atraer capital: todas las grandes empresas se interesaron en conocer el modelo antes de sacarlo al mercado. Se generó una fe tecnológica, promesas regulatorias y trabajo técnico. 

Pero lo decisivo no es la posverdad, sino aquello que la ha dejado atrás. Si la posverdad designa un régimen en el que la veracidad de los hechos cede frente a su capacidad de activar emociones y confirmar creencias, la hiperstición inaugura un escenario distinto: una competencia de relatos que no buscan imponerse como interpretación, sino materializarse como infraestructura. En ese marco, el capitalismo ya no se limita a explotar el presente: cobra hoy por futuros que todavía no existen. La posverdad, entonces, no desaparece, pero queda conceptualmente desplazada, y hasta vetusta.

El problema no es que la ficción invada la realidad; el problema es que la realidad contemporánea se produce narrativamente más rápido que nuestra crítica. La influencia de la hiperstición en nuestros días es total. Es el lenguaje en el que se está escribiendo el siglo XXI, y aquí radica la importancia de conocerla. La hiperstición, en última instancia, nos recuerda que el futuro no está escrito, pero se está redactando en este mismo instante a través de las historias que nos contamos y en las que nos atrevemos a creer.

Acá aparece el costado verdaderamente contemporáneo del asunto: vivimos en una época en que la lucha política y cultural ya no pasa solo por imponer interpretaciones sobre lo real, sino por fabricar realidades futuras antes de que existan. Eso explica por qué la hiperstición sirve tanto para leer productos culturales como delirios de internet. 

Por eso me interesa menos la versión esotérica de la hiperstición que su lectura materialista. No me interesa pensar que los relatos “crean” el mundo por arte mágica. Me interesa ver cómo lo hacen: qué plataformas los difunden, qué fondos los financian, qué interfaces los vuelven deseables, qué comunidades los repiten, qué instituciones los estabilizan. En ese sentido, la hiperstición no reemplaza nociones como performatividad o profecía autocumplida; las actualiza para una época de redes, venture capital, fandoms, renderings y mercados narrativos. La superstición era creer en un signo heredado. La hiperstición es invertir en una ficción hasta que esa ficción empiece a devolverte pruebas materiales de que tenías razón.

Tal vez ahí esté la utilidad real de la palabra: recordarnos que el presente no es simplemente el reino de los hechos, sino el campo de batalla donde ciertas ficciones intentan dejar de ser relato para convertirse en atmósfera, hábito, aplicación, mercado, gobierno. Dicho de otro modo: cada meme exitoso quiere, secretamente, volverse infraestructura. Y quizá el trabajo de FUGA hoy consista en detectar qué monstruos todavía son literatura y cuáles ya están comprando servidores.

2 COMENTARIOS

  1. Gracias Rodrigo , como de costumbre muy buena nota .
    Hoy tipifiqué , como a los delitos , la manipulación de las mentes . Lamentablemente el uso direccionado , como siempre lo tienen los poderosos del mal, del odio . Construir un futuro a su medida , convenciendo a los sometidos con una verdad futura solo conveniente para unos pocos . El sufrimiento de hoy te asegura la vida eterna ….. estamos mal pego vamos a estar muy bien , falta poco ….. al final está la luz …. etc . Manipulación

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