Por Daniel Posse.
La noche se astilla en ecos. Es una descarga de ira que envuelve los cercos. El silencio se cuelga por las rendijas de las casas; entre chispas se engendra una montaña de dolores austeros. El Ingenio ha llorado toda la noche con alaridos de hierro; exhaló por última vez vapor y humo. Su corazón está detenido, la caldera ya no gime, la savia blanca ha dejado de brotar: no hay sudor, no hay alma, no hay alcohol, no hay surcos plañideros. El Ingenio está muerto. El alba se despliega en luces amarillas, cerros azules y soledades de acero.
Las filas de hombres salen de sus casas para ser el caudal de un enorme río de piel y ojos morenos. Se van, se van; ahora les toca el destierro. Otro éxodo se ha iniciado; el cielo oculta el luto del duelo. A lo lejos, unos nubarrones blancos de tintes grises disfrazan su fondo negro. Algunos llevan bolsos, otros lo puesto; apuran el paso, ya hay estómagos hambrientos. El cauce parece interminable en mares de alpargatas y brazos tiesos. El río fluye cada vez más violento, pero es el afluente de otro más grande que busca en el horizonte pedazos de cielo. Busca la puerta de un paraíso prometido y que se ha quedado en el destiempo.
Diez mil corazones dejan el rastro en el surco quieto. Santa Ana se está muriendo. No hay guardián que lo impida, que lo defienda. Dicen que se quedó dormido hasta perderse en los túneles debajo del parque, de la fábrica, de la memoria y del silencio. Solo quedan las mujeres, que, hambrientas de amor y piel, se abrazan a las sombras de sus cuerpos. Solo quedan los niños, que, con la cabeza baja, esperan el grito feroz de un toque de diana que cuando crezcan los llevará al infierno. Solo quedan los ancianos, que, perdidos en el monte del pasado, únicamente ven el ayer y no el destierro.
Las luces de las casas cambiaron de color para volverse rojas de ecos. Es un llamado a la lujuria para calmar el hambre y el desasosiego. Tucumán está desolado. Esta tierra de caña y limoneros se yergue desierta. Hay trescientos mil caídos en la guerra del poder, en la locura de los que se creen dioses y sentencian lo que creen correcto. Las bestias no caminan; once ingenios han muerto. El duelo será largo. No habrá monedas que mejoren a los muertos. El éxodo se ha iniciado para terminar solamente con el fin de los tiempos.
Los gritos del mito- Del libro De Sueños y Azar- Nuestra América 2004

Muy bueno Daniel ! Me imagino que hace referencia a la crisis del 2001 verdad? Te felicito
Hola amigo se refiere a la crisis de los ingenios azucarero de los 60 peri nuestras crisis siempre se parecen. Muchas gracias por leer y comentar
Dicen que se quedó dormido hasta perderse en los túneles debajo del parque, de la fábrica, de la memoria y del silencio.
Gracias por contemplar con esa mirada humana, el sacrificio, el trabajo, se luchò, y costó defender una fuente laboral en esos años oscuros de lucha, porque sin trabajo no se levanta un país.
Excelente Columna Daniel.
Que buena reflexión Daniel , de una de las tantas crisis que vivió la industria azucarera
El éxodo que obliga el poder totalitario a los trabajadores empobrecidos por el cierre de fábricas y escaso trabajo. Esto es lo que paso en 11 ingenios de Tucumán y sus trabajadores, del surco , de la fábrica , del Pueblo y de la vida digna . Gracias Dany siempre mostrando la realidad que de una u otra forma nos atraviesa
Excelente , una mirada real de un gran artista y escritor
Muy buena descripción eel dolor,el abandono y los sentimientos de una crisis real y permanente.
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Muy gráfico ese mar de gente desahuciada. Describiste una pintura surrealista del despojo.
Como siempre excelente descripción
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