por Ian Turowski.
Las elecciones se acercan a una velocidad que nadie ve venir. En las sombras, los armadores del gobierno ya cerraron sus negociados. Le llaman “acuerdos”, “consenso”, “gobernabilidad” o “diálogo institucional”, pero todos sabemos lo que es: rosca para la tranza.
Toda es una inmensa maraña de mierda tejida bajo el poncho del gobierno nacional y los gobernadores, no hay un solo plan para el país. No hay una sola solución. Lo único que hay son pactos entre traficantes de voluntades. Lazos entre mercenarios chupasangres a sueldo.
Nuestra sangre —nuestro dinero— es lo único que importa en este entramado, donde, milagrosamente, enemigos públicos se abrazan después de haberse propinado las acusaciones más graves. Lo cierto es que nadie vino a terminar con nada. La casta es y seguirá siendo quien domina la esfera política y las decisiones de poder. Los círculos ya están cerrados: políticos, económicos y sociales. Y lamentablemente, no hay motosierra, corta fierro, bomba molotov ni discurso que los desplace a este grupo que está soldado a bancas y sillones. Esto no es nuevo; es un orden diseñado e instaurado con el que convivimos hace siglos.
El sistema educativo forma ganado. Te dice dónde queda la pescadería, pero jamás te enseñarán a pescar. Vivimos en un sistema de castas, clases y círculos perpetuos donde no entra nadie. Pensar que las decisiones se toman por consenso o por el bien común es una ingenuidad. La política no gobierna: domina. Sea el sistema que sea, capitalista o socialista, el objetivo es el mismo: el control, LA DOMINACIÓN.
La lógica del poder ha cambiado a gran escala en todo el mundo, ya no se trata de izquierda o derecha, que en lo que difieren es con qué mano se roban la plata. Ese escenario es anacrónico, solo se resiste a ser olvidado. La verdadera lógica en el mundo de hoy es otra: globalismo contra nacionalismos funcionales. Pero ojo, no se trata de nacionalismo en sentido patriótico, sino de círculos de poder que se autodenominan “soberanos” solo para no ceder ante el unicato de un gobierno global. No quieren libertad para la nación. Quieren poder para sí mismos. Te quieren obediente, pensando que formas parte de nuevas revoluciones que NO EXISTEN.
A nivel país, ocurre lo mismo con las provincias. Los gobernadores no resisten al jugoso poder central: negocian. No para defender a sus pueblos, sino para garantizar su propio dominio territorial. En cada provincia, a cambio de votos en el Congreso, entregan senadores y diputados al gobierno de turno, que les devuelve fondos o favores según la urgencia de la mayoría parlamentaria que necesiten.
Las noticias anuncian a modo de sátira los progresos del país. Solo son una cortina de humo. El país no les importa, solo les importa el poder en su naturaleza más oscura: “el sometimiento”. La fantochería de los lamebotas amaestrados para hacer decir, aparecer y desaparecer cuando se les mande.
Nada de esto tiene que ver con políticas públicas, con medidas de fondo ni con planes de transformación, y mucho menos con la gente. Todo se reduce a esto: dominar, controlar, perpetuarse. La política no construye. La política no transforma. La política administra sus dominios. La política hace caja, la política miente, la política son los mismos hijos de puta de siempre en todo momento y en cada lugar.
Me gustó la columna, pero quizás la modalidad del decir podría buscar un lenguaje menos soez, que por momentos deja de ser disruptivo para volverse redundante. Me parece brillante lo que dice, lo que sostiene. Es un muy buen análisis. Una mirada profunda de los que nos rodea y donde estamos inmersos. Gracias Me gustó
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Hola Daniel! muchas gracias por leerme y sobre todo por tomarte tiempo para la critica constructiva, lo voy a tener en cuenta! un abrazo grande!