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Simulación y simulacro

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Por Daniel Posse.

Usar sentimientos falsos y confiar en una caja de trucos de artilugios artificiales para simular el deseo no resolverá el complejo rompecabezas de la reinvención.
Erik Pevernagie, “El crepúsculo del deseo”

Modelos, acción y la realidad argentina:

La simulación y el simulacro son herramientas distintas para abordar la realidad: una opera desde el modelo y la otra desde la práctica. Me parece importante comprender estos conceptos, porque hace tiempo estamos sumergidos en ambos y navegamos en ellos sin demasiada conciencia de ello.

Una simulación es la representación o imitación de un sistema o fenómeno del mundo real —como el impacto de un medicamento o el flujo del tráfico— mediante un modelo, generalmente matemático o computacional. Su propósito es predecir, estudiar y optimizar el comportamiento del sistema bajo distintas condiciones, produciendo datos cuantitativos como gráficos o estadísticas. Un simulacro, en cambio, es la ejecución práctica de una respuesta planificada ante una emergencia o desastre potencial —un sismo, un incendio—. Su objetivo es entrenar a personas u organizaciones y evaluar la coordinación, la comunicación y la reacción en un entorno controlado. En esencia, la simulación predice qué podría pasar y cómo funciona un sistema; el simulacro entrena qué hacer cuando eso sucede. Filosóficamente, ambos conceptos se vinculan con la idea de Jean Baudrillard: vivimos en una era en la que los signos se desvinculan de su referente, dando lugar a una hiperrrealidad donde el espectáculo sustituye a la verdad.

En el contexto sociopolítico argentino, la simulación y el simulacro se manifiestan de manera constante. La simulación opera en la trastienda del poder. Gobiernos y consultores utilizan modelos complejos para proyectar el impacto de medidas económicas, anticipar efectos sobre la inflación o el PBI y predecir resultados electorales. También se emplean simulaciones estratégicas para prepararse ante negociaciones con actores como el FMI o los sindicatos. La simulación dicta la estrategia.

El simulacro, en cambio, impacta en la esfera pública y social. Aparece en las encuestas que recrean el acto de votar para captar una intención más “auténtica”, en las movilizaciones que entrenan su logística y respuesta frente a las fuerzas de seguridad, o en el discurso que denuncia un “simulacro de gestión” cuando la puesta en escena mediática reemplaza a la implementación efectiva de políticas públicas.

En la Argentina, la tensión entre ambos planos es evidente. Los modelos optimistas de tecnócratas y políticos suelen ser desmentidos por la realidad social: inflación persistente, inestabilidad, conflicto. Esa distancia obliga a un simulacro permanente de respuesta, donde la improvisación sustituye al plan. El desafío es lograr que la simulación —el diseño teórico— logre resistir la imprevisibilidad del simulacro social y político, permitiendo distinguir lo planificado de lo que efectivamente ocurre.

La combinación de simulación y simulacro conduce a un capitalismo cada vez más crudo y desarraigado. El valor se extrae de modelos virtuales y datos, desvinculándose del trabajo material y del bienestar social. A esto se suma el cinismo: la gestión política y corporativa se apoya en simulacros de transparencia, de ética y de elección, generando una sensación extendida de que la realidad está siendo fabricada de manera constante. En este contexto, la pregunta ya no es solo si el modelo es real, sino si lo que experimentamos como vida social, deseo y política es algo más que una simulación bien administrada.

Aplicar estos conceptos a las reformas laborales y educativas, y a la pérdida de derechos, permite ver con claridad el mecanismo. La simulación construye el relato económico o científico que presenta esos recortes como inevitables o técnicamente necesarios. El simulacro es la puesta en escena política que ejecuta la pérdida, administra la resistencia y produce la ilusión de que el proceso fue democrático y racional, cuando en realidad maximiza la rentabilidad del capital a costa de la protección social.

Por eso creo que son tiempos de observar y analizar los contextos, de tomar distancia para salir de una matriz que parece diseñada para destruir derechos en beneficio de un mercado salvaje y sin regulación, donde importan más las ganancias que la calidad de vida. Quizás uno de los métodos sea habitar el territorio de la fuga, detenerse, mirar, escuchar e intentar comprender mejor.

Me permito cerrar con una cita propia:
“La ceguera y la sordera de lo que creo que debe ser pueden limitar mi sentido de humanidad, que al fin y al cabo es lo que me va a hacer perdurar a mí y a quienes creo amar.”

 

13 COMENTARIOS

  1. La nota plantea que nuestra sociedad vive entre modelos idealizados (simulación) y prácticas concretas (simulacro), y que a menudo confundimos el discurso con la realidad. En la política y la cultura, eso genera una sensación de espectáculo sin alma, sin esencia, donde lo planificado rara vez coincide con lo que realmente ocurre, y eso nos aleja de soluciones genuinas y concretas

  2. Excelente Columna.. Quizás uno de los métodos sea habitar el territorio de la fuga, detenerse, mirar, escuchar e intentar comprender mejor. Y eso es lo que tú haces Daniel, para exponer tus ideas, deseos, tu postura es válida, tu visión para dar ejemplos propios, argumentar en grande manera con una mirada propia, y eso es brillante. Gracias.

  3. Mí querido amigo, como siempre tus palabras, plasmadas en la escritura y la reflexión son excelentes. Uno transita épocas que van cambiando, se transforman y se acomodan para que el ser humano siga transitando y adaptando a ese cambio.
    A seguir escribiendo con la misma excelencia de siempre.

  4. Pregunto, ¿porque es necesario abordar la realidad con «simulación o simulacro», si la realidad se nos presenta tal cual es, en pequeñas cuotas del círculo en el que cada uno actúa? Y también tenemos acceso a la realidad más grande, en la medida en que no perdemos la capacidad de escucha y de diálogo con el prójimo, en círculos mayores. Tradicionalmente la política ha usado un relato, para inventar una ficción en la cual movilizar y movilizarnos. Y en la comodidad, cada uno elige el relato que le resulta más confortable o es más afín, una suerte de vía de escape. El espejismo se ha agravado en este siglo con las redes sociales, con los mensajes breves y los posteos de pocos caracteres, con la escasa capacidad de lectura, con el reino de las apariencias, que la política ha utilizado (el escándalo de Cambridge Analytica en el 2016 con la explotación de los perfiles de usuarios, un gran simulacro que casi arrastra a Facebook a su caída y ayudó a Trump a ganar la elección) . Los hechos no se juzgan por su valor real, se «simulan» votos y datos, se eligen palabras y algoritmos que se quieren mostrar. O peor aún, lo que se quiere ocultar.
    No deja de ser paradójico que el dilema social sea como escapar a la simulación , para volver a nuestra realidad y reconocer la del prójimo necesitado. La «conversio ad res», la vuelta a la realidad que me enseñaron en primer año de filosofía es necesaria , para distinguir verdad y encontrar el aletear del Logos en nuestras atiborradas cabecitas.

  5. Lo triste es que simulación y simulacro van por carriles paralelos. Así se simula modelos a seguir y se hacen aparatosos simulacros que no tienen nada que ver con la realidad tanto en lo social, económico y cultural. Excelente nota, estimado Daniel.

  6. Yo habito en La Tangente,,siempre descreo de lo que no es tangible y enmarcado en el bien comun…. jamas pude entender» estamos mal pero vamos bien» que son esas estupideces… Como docente de escuela publica de miles de alumnos del interior…. Se cuando los chicos no pueden comer ni vestirse ni estudiar…. conozco todas las escuelas y espacios culturales del Norte Argentino y se cuando crecemos y se habitan , en serio y de.mentira…. tambien cuando se deshabitan… y la verdad estamos mal y vamos peor, Nuestros Chicos y Abuelos la estan pasando mal, hipotecamos su futuro…. La Verdad Dany tengo Roto el Corazon , Despues de una Pandemia,en un pais tan Rico….en un mundo tan precioso, Gerras, Hambre, Miseria, Aviaones, politicos( viejos o nuevos) no entiendo Nada!!!! Se me cae la.Cara….Mataron a Lenon, a Facundo…. y los delicuentes gobiernan, en un momento fueron los asesinos que mantemos para cuidar argentinos teoricamente…… Demasiada Maldad Suelta, en nombre de cosas que no se llevaran….Quiero un Mandela! Ni Mileyes ni Truampas ….No se Salvaran de la Historia pero quien nos quita lo Dañado?

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