Por Sergio G. Lizárraga.
Alonso Fernández (2018) resalta que se ha señalado la relación del microrrelato con otros géneros, como el poema, pues en ambos la ficción “está rodeada de silencio” (Lagmanovich), y otros textos breves no necesariamente literarios (periodísticos y grafitis), entre los que se suelen citarse los aforismos, el poema en prosa, la fábula, la escena, el bestiario, etc. No resulta extraño, entonces, que uno de los principales cultores del microrrelato en Tucumán incursione también en la lírica, faceta que hoy nos permite conocer por medio de esta selección de poemas inéditos.
La poesía de Julio Estefan indaga esa zona donde lo racional y lo misterioso se rozan sin resolverse, tejiendo memoria familiar, fragilidad del cuerpo y un saber que nunca termina de ser refugio. Su verso libre esquiva los ornamentos excesivos para explorar, desde el insomnio hasta la ternura doméstica, un diálogo fértil entre ciencia y afecto. Recurre a una interesante experimentación tipográfica, tal vez como una marca para nombrar lo íntimo desde la voz de un poeta y microrrelatista.
Estefan tras haber aprendido a contar historias en el preciso espacio de una respiración, demuestra que puede suspender el tiempo en unos versos en lugar de atravesarlo. Como aquel verso que dice: “No sé lo que es el alma / pero sé que la tuya / no la he visto ni la veré”, nuestro poeta escribe desde lo que no termina de atraparse del todo.
Poemas inéditos
Julio Ricardo Estefan
Canción lunar
No sólo causa penas ese disco ambarino
que pone en mi café una pieza de plata
a veces trae la risa, la locura, el milagro,
el recuerdo, el desvelo, la nostalgia y tus ojos.
Somos tantos insomnes buceando la penumbra
—cada uno está solo sin bastarse a sí mismo—
como peces hambrientos, como soles sin brillo,
como quietos montículos de tierra y de agua.
Hoy tengo un rayo nuevo que atraviesa mi frente
no hay nubes esta noche de plenilunio errante
miro por la ventana los últimos vestigios
de la ciudad que duerme con increíble calma.
El hombre de Vitruvio
| 1 | Y |
| 1 | a |
| 2 | ti |
| 3 | Leo |
| 5 | Vinci |
| 8 | dedicaré |
| 13 | prudentemente |
| 21 | las siguientes palabras: |
| 34 | con gran maestría dibujaste tu Vitruvio |
| 55 | superando con creces al propio arquitecto y a su vieja propuesta, |
| 89 | haciendo convivir en tu diseño el movimiento de la geometría y la divina proporción de los peritos griegos. |
| 144 | Nos legaste un consumado tratado de anatomía humana en tan sólo una hoja de escasas dimensiones y situaste al hombre, al mismo tiempo, en el centro del Universo y de la Creación. |
| 233 | Hoy quiero agradecerte por conjugar la ciencia con el arte en tu magnífica simbiosis de un número irracional y la belleza de este dibujo que se propaga a toda música y toda literatura y que nos dignifica haciéndonos artífices de estas humildes elucubraciones con ansias de poesía. |
La leyenda del árbol
Hay en medio del jardín
un árbol
que multiplica sus hojas y sus ramas
desbordado de signos y de letras.
Encaramado en el follaje
lo examino:
el árbol guarda los conocimientos
y el saber de los siglos de los hombres.
Es el árbol de Enoch
(árbol prohibido)
con millones de rótulos
en otras tantas lenguas,
pero yo,
que nombré todas las cosas,
lo he llamado, simplemente,
“biblioteca”.
Epitafio
Este es el túmulo donde en calma descanso
quisiera que fuese tan enigmático como el de Diofanto de Alejandría,
pero no tiene caso dejar acertijos para los transeúntes:
mi vida fue agitada, con variedad de cambios,
ejercí varios oficios, desde vendedor de sepelios
hasta profesor universitario,
no sin antes intentar un negocio fallido, un trabajo como informático
y un empleo administrativo que no condujo a nada.
En el medio de tantas vicisitudes, mi amor a las letras y a las ciencias
fueron mi único rescate.
Entretanto me casé y tuve dos buenas hijas que han sido mi orgullo
junto a mi esposa amada que me acompañó hasta el último día.
Creo dejar una huella en mi pequeño mundo
un legado sencillo para mis queridos amigos,
unos cuantos libros publicados,
y algunos discípulos que quizá me recuerden por un tiempo,
aunque no sea muy largo.
Yazgo en paz, y como no creo en la otra vida, ni en Dios, ni en religión alguna,
dejo que mis átomos, que alguna vez formaron mi materia,
vuelvan a la infinidad del Universo.
Variaciones de una caída por la tarde
Me caí por la curva de tus ojos
y el ocaso deliró violetas.
Con la punta del pie pisé una nube
mientras crujía la tarde entre mis dedos.
Ojos, violetas, nube, dedos,
curva, ocaso, pie, tarde.
Me caí mientras el ocaso con la punta crujía.
Por la curva deliró la tarde entre mis dedos
y pisé una nube de tus ojos.
La curva, la punta, la tarde.
Mientras, me caí entre el ocaso y tus ojos.
Crujía la curva con la punta.
La tarde deliró ojos, dedos, pie.
Con la punta del pie pisé una nube
y el ocaso deliró violetas,
mientras crujía la tarde entre mis dedos,
¿me caí por la curva de tus ojos?
V
a D.B.D.
He vendido el destino
mirando tu reflejo
apenas perceptible
una tarde de octubre.
He dejado que el cielo
amanezca en tus ojos
y me he abandonado
a discurrir la vida.
Cada paso que damos
son tus pasos,
tu me abrirás las puertas
de este gran laberinto.
Tan solo soy un niño
llevado de la mano.
Efecto Mariposa
“El aleteo de las alas de una mariposa
se puede sentir al otro lado el mundo”
Proverbio Chino.
La poesía agita sus alas en Tokio
y Basho evoca un camino desierto y un crepúsculo
que luego recordará Cortázar.
La poesía agita sus alas en Italia
y Salvatore Quasimodo
es atravesado por un rayo de sol.
La poesía agita sus alas en Buenos Aires
y Borges ve como vienen, por ese río de sueños y de barro,
a fundarle la patria.
La poesía agita sus alas en México
y el llano de Rulfo arde en llamas
incendiando todas sus metáforas.
La poesía agita sus alas en Baltimore
y un cuervo entra por una ventana y se posa en la sala
de Edgar Allan Poe.
La poesía agita sus alas en España
y un manco escribe las locuras de un hidalgo
que agota los caminos de La Mancha.
La poesía agita sus alas en París
y un cadáver sobre la mesa de Bretón
despide fragancias exquisitas.
La poesía agita sus alas en Chile
y Neruda contempla una noche
con estrellas que tiritan a lo lejos.
La poesía agita sus alas en cualquier parte del mundo
y el huracán se produce aquí,
dentro del cuerpo.
El reino de Lolomoi
a Yazmine
Tiene ambos ojos a un lado de la cara,
una cara alargada de caballo
con orejas pequeñas.
Tiene un cuerpo ovalado y rechoncho
con ocho patas finitas
que apenas lo sostienen.
Una cola flecuda es el remate
que da vida armoniosa
a este ser fabuloso.
“Se que vives alegre, Lolomoi,
en un reino de extrañas criaturas
con colores de felpa.
Con hermanos tan raros como vos:
Limoi, Aiomoín, Mololomón,
que te secundan”.
No pienses ni un instante que deliro,
contándote estas cosas increíbles,
apenas te describo este bosquejo
del mundo asombroso
de una niña.
Recuerdo
a mi madre
Lentamente
esta tarde
las gotas se suicidan
y no es lluvia
esta lluvia de otoño,
es apenas molestia.
Van cayendo
como cuajos de nubes
(¿cómo gotas de sangre?)
una a una
vienen a fundirse
con el patio de tierra
de esta casa, que ahora,
es mi casa de infancia.
En la puerta
mi madre
llamándome a los gritos:
“No te mojes, no corras”
y sus manos de harina
que perturban la lluvia
que no logra mojarnos,
mientras el pan se hornea,
lentamente
esta tarde.
El lenguaje olvidado
Ella duerme el sueño de la bella
con su carga de muerte suspendida
duerme y habla un lenguaje olvidado
de crujientes monosílabos esquivos.
Quiebra frases y estruja las palabras
y yo alargo el oído y el insomnio.
Hace tiempo que escucho vanamente,
sólo entiendo esta lengua si me duermo.
Julio Ricardo Estefan nació en 1963, en Monte Buey, Marcos Juárez, provincia de Córdoba. Desde 1981, está radicado en San Miguel de Tucumán. Es Profesor en Física y Especialista en Educación Superior. En 2008 publicó sus trabajos en la revista Ñ (Buenos Aires), La Buhardilla de Papel (Rosario) y en los blogs de literatura: Químicamente impuro, Breves no tan breves, Ráfagas y parpadeos, Poesía de Tucumán, Alpialdelapalabra, Poetas Siglo XXI Antología mundial, entre otros. Participó en las antologías: Monoambientes (2008), Velas al viento (2010), Fervor de Tucumán (2010), Brevedades (2013), El mundo de papel (2014), Grageas 3 (2014), Cien páginas de amor (2015), Cuaderno Laprida (2016), La vie en bref (2016 y 2023), La vita in brevi (2018), The life in brief (2021), En las tierras de David (2022) y Fervor de Tucumán II (2024). Publicó La excepción a la regla (2009), Juegos de Superhéroes (2010), La señal inválida (2011), La torre de papel (2013) y El gato de Schrödinger (2022). Algunos de sus poemas han sido publicados en diversas antologías, entre ellas: Reñidero (2012) y Antología Federal de Poesía (2017). Es director de La aguja de Buffon ediciones y miembro fundador de la Asociación Literaria “Dr. David Lagmanovich”.

