Por Fabián Soberón.
Creo que todo joven policía, desde que pisa el primer peldaño jerárquico en la Repartición, lleva en la mente y en el corazón la certeza de que llegará para él el gran momento en su vida profesional a la que ha llegado merced a su esfuerzo, perseverancia, vocación sincera y un gran deseo de servir a la ley y a la sociedad.
José Alberto Yungang, La hora de la verdad.
Así es, amigo, este mundo cruel no da respiro. Tengo que buscar el peso en este auto para llegar a fin de mes. Mire, yo no soy experto en esto del Uber, no sé las cosas que saben los especialistas. Yo lo hago solo para juntar unos mangos, ¿me entiende? Además, esto no me conviene, en realidad. Mire, usted se sube al Uber y le pagan un porcentaje del viaje. De 5 mil a mí me quedan 2 mil y pico. Esto no rinde. Lo que hago es acumular en efectivo todo lo que puedo y gasto todo lo que gano. Me queda una deuda con Uber pero no importa. Cuando agarro viajes con tarjeta la empresa cobra la deuda. Siempre estoy debiendo.
Mi trabajo oficial es en la policía. Soy agente. Trabajo dos y descanso uno. Es muy cansador y el sueldo es una cagada. Cobro 1 millón 400. Es una cagada, ¿no? De esa guita paso 300 por pensión de alimentos y también pago un préstamo. En pocas palabras, me quedan 700 para vivir. ¿Quién vive con eso? Nadie. Entonces salgo con el Uber, hago unos billetes y después vuelvo a la casa.
Ahora estoy con la Carla y ella también me ayuda. La Carla gana lo suyo. Pero yo tengo que salir 10 horas por día para ganar 150 o un poco menos. Son diez horas sentado aquí en el taxi. Es una locura. Además, el auto se hace bosta. Los pozos, las calles destruidas y las lluvias. En febrero cayó una banda de agua y se rompe el radiador, los amortiguadores, y cada repuesto es caro. Al final, se te va la guita en los repuestos.
En la policía te hacen la guita. Te pagan como la mierda, te quitan de la boca lo que te corresponde. Mire, yo trabajo en la comisaría de Alderetes. Ahí el comisario tiene arriba al comisario regional. Ese tipo le pide que agarre 30 motos por día y dos veces por semana y tiene que agarrar 60 motos como mínimo. Después vienen los dueños de la moto y arreglan con el comisario por 80 mil. Llenan un documento que dice que se llevan la moto con el compromiso de arreglar todo en dos días. El tipo paga 80 mil y se lleva la moto. Usted sume: 80 mil por 60. ¿Usted cree que me llega algo? Un porcentaje va para el jefe regional, otro para el jefe de ese y finalmente para el jefe de policía. Y algo queda para el comisario de Alderetes. ¿Se entiende? Es una cadena. Así funciona la maquinaria.
El trabajo del agente es una garcha. Cuando te toca enfrentar a un delincuente de aquí a la vuelta, se te acaban las ganas de ser policía. ¿Qué haría usted en ese caso? Una cosa son las películas y otra cosa es el ratero de Alderetes. El tipo necesita comer, como yo y como usted. El agente tiene que correr y perseguirlo, pero el tipo corre más fuerte que uno, está mejor preparado para estas cosas. Yo estoy pensando en cómo llegar a fin de mes, en la Carla que me pide la guita para pagar las deudas. Yo corro detrás y siento que estoy corriendo para llegar a fin de mes. Las cosas en el mundo están mal, cada uno está buscando el peso. El jefe recibe la cometa, el jefe del jefe tiene lo suyo, el jefe de policía es el que más gana. ¿Y nosotros los agentes? Nada. vivimos al día.
Por eso estoy en este Uber, ¿sabe? Le meto al Uber todo lo que puedo pero después se larga a llover y no se puede andar. Ayer ha llovido una bestia, todas las calles estaban inundadas, la avenida Aconquija estaba tapada. Usted ha visto cómo se pone. ¿Y qué hay que hacer? Quedarse quieto. Y entonces no entra la guita.
Después está el problema de las minitas, se te tiran encima, uno es policía y ellas creen que pueden sacar algo del trabajo, quieren acomodarse con la policía porque andan en cosas malas. Están las drogaditas, las putas, y todas las otras. Ser policía no está bueno, te pagan como la mierda y las minitas te persiguen para usarte. Lo único bueno es que podés sentirte un sedutor, un tipo atrativo, te levanta el ego, te hace más fuerte. Yo he tenido muchos problemas por eso. Una minita se metió en mi auto, en este, y no se quería bajar. Casi que vivía en el auto. Me usaba de transporte privado. Me usaba, no era otra cosa. Usted disculpe la expresión, vendía su concha a cambio del transporte. La minita estaba metida conmigo, tenía un metejón. Y después te llaman por teléfono y ahí se arma el quilombo. Una vez estaba en mi casa, con la Carla ahí en la cama y suena el celular. Atiende la Carla. Atiende y se corta. La Carla se impacienta. Me dice, “Gordo, te están llamando pero se corta, qué raro, ¿no?”. Yo me doy cuenta de que es alguien que no quiere hablar con la Carla. Suena de nuevo. Atiende la Carla. Y escucha algo, una vocecita, la vocecita dice algo, yo me doy cuenta por la cara de la Carla. La Carla me mira y empieza a enojarse. “Aquí está una loca tuya, dice que soy una perra. La loca me trata de perra”. “Carlita, mi amor, cortá, dejate de joder”, le digo. Carla corta el celular y empiezan los gritos, “sos un mentiroso, no podés cortar el chorro, hijo de puta, lo único que te importa es el pingo”. Las minitas te persiguen, y no es que me quiera vender como galán, no, uno es un poco feo, pero a las minitas les importa el sexo y la guita. Los policías tenemos una de las dos cosas, ¿me entiende? Guita, no. Pero culiar es lo más lindo que hay.
Otro día llama de nuevo a mi celular, ya la había dejado, le había dicho que no quería verla más, pero la minita insistía. Para peor la atiende la Carla de nuevo y la Carla ya estaba enojada conmigo, ya estaba rabiosa por culpa de la minita, entonces atiende y escucha que la minita le dice, “la puta que te parió, el Gordo es mío”, entonces la Carla le contesta, “más puta serás vos, hija de puta”. La Carla se da la vuelta y me pega una cachetada. Yo siento la cachetada en el pingo, me pone como loco y le pego una piña. La Carla cae al lado de la cama y se golpea la cabeza. Viene la vecina justo en ese momento y sin golpear entra a la casa y ve, de refilón, que la Carla está tirada en el piso. La Carla, que es una artista, grita como nunca antes ha gritado, y se unen los gritos de las mujeres y la vecina dice, “llamá a la policía”. Yo me río, el policía soy yo. Entonces le digo, “no llamen nada, dejála a la Carla, ya se va a poner bien”. Me acerco a la Carla, la levanto. La Carla está un poco mareada, se hace la enferma, está enojada, yo sé que está enojada conmigo, el problema no es el golpe sino la minita. Más tarde, con las cosas más calmas, hablo con la Carla y le digo, “no te preocupés, quedate tranquila, la voy a poner en vereda a la minita hija de puta”.
Me subo al auto, apago la aplicación de Uber y me voy a las chapas hasta el barrio de la minita, entro a la calle, me bajo al frente de la casa. La minita está hablando con un vago, un tipo que la coge, un machilo. La agarro de las mechas y saco la pistola reglamentaria y le apunto a la cabeza. La mina no se asusta, me mira con odio y me dice gritando, “sos un hijo de puta, andáte a la mierda”; entonces se mete el tipo, el que la coge, y me avanza. La suelto a la minita, corro la mano y le apunto al macho, le apunto al corazón. El tipo recula y la minita se mete en su casa. Yo mantengo la pistola en alto, controlo todo, entro al auto y me vuelvo.
Cuando llego a mi casa, la Carla me está esperando en el living, tengo un living chico, con un sillón chico nomás. La abrazo y le digo, “listo, ya está, arreglado”. La Carla se ríe, no sé si me cree, pero se queda un poco más tranquila.
Al otro día, a la noche nomás, yo estoy viendo una película en Nefli y siento un ruido en la vereda, unos pasos rápidos, como si anduviera alguien. El perro del vecino empieza a ladrar, guau, guau, guau, le mete el perro. Me levanto del sillón chico, bah, el único que tengo, me levanto y voy hasta la puerta de la casa y miro hacia afuera. Veo que está todo bien. Entonces, de repente, escucho un estruendo, un golpe y ruido de vidrios, yo sé que son vidrios, corro hasta el garage, ahí está el auto, este auto, y veo el boquete en el vidrio de adelante. Salgo corriendo, agarro la pistola y veo que un tipo corre por la calle. La Carla se despierta y grita, “qué pasa”. “Calmáte”, le digo. Lo persigo, el tipo corre más rápido, yo siento las piernas cansadas, he estado sentado en el Uber todo el día, no puedo alcanzarlo. Me paro y apunto, hago un disparo, el tipo cae, cae al piso como una bolsa de papas. Me acerco. lentamente. El tipo está sangrando. Le tapo la herida con la mano, me lleno de sangre. Lo levanto. Es el machilo de la minita, la hija de puta lo ha mandao al machilo, el tipo sigue sangrando. Lo ayudo a que se levante. La herida está en la pierna. Lo llevo hasta el auto roto. Encima lo tengo que atender al hijo de puta. Lo llevo al hospital Padilla. Lo atienden. El tipo se salva. Me quedo más tranquilo. Y sé que no va a joder más. Solo así consigo que la minita no me llame más.
Trato de no enganchar más minitas, pero siempre aparecen, y solo traen problemas. Por suerte, la Carla está más tranquila ahora. La vida sigue, amigo.
¿Usted de dónde viene? Ah, de afuera, las cosas allá están mejor que aquí, seguro. Mire, el otro día me pongo a conversar con el almacenero y el tipo me pregunta, “¿cuánto gana con el Uber?”. Y yo me hago el que gano mucho, pero la verdad es que gano poco, ya sabe, un porcentaje nomás. La gente viaja mucho en el Uber sin conductor. En pleno 2056 la gente toma más el auto automático. Pensar que en Tucumán vivimos entre carretas –para los más pobres— y tenemos taxis sin conductor para los más ricos. Pero así es nuestra patria chica, ¿no? Usted, ¿qué opina? ¿Alguna vez saldremos de esta podredumbre?
A pesar de que la tecnología ofrece taxis sin chofer, cada vez hay más gente que busca un auto con alguien en el volante. Usted se debe preguntar por qué pasa esto. La respuesta es muy simple, amigo. La gente no soporta la soledad. Todo el mundo está solo, ¿me entiende? La soledad es la epidemia del siglo. La gente no aguanta estar sola y muchos encuentran un compañero en el chofer del Uber. Como usted, que está hablando conmigo desde que ha subido. Ah, estaba lo del almacenero. El tipo me dice, “pero usted es policía, ser policía es el mejor laburo, estás parado todo el día sin hacer nada y cobrás nomás”. Me río, el almacenero no tiene idea. ¿Usted quiere ser policía? Yo, no. Mire, yo no quiero ser policía, pero no me queda otra. La otra es salir a robar, ahí se gana mejor, seguro, pero es un poco más riesgoso, ¿no le parece?
