Mundo sombrío

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Por Sergio G. Lizárraga.

E. Espinosa dice que una casa es una voz y un lugar que poblar, y que la poesía no está tan alejada de la idea de la casa. Ricardo Bocos convierte a la poesía en su «focus», su lugar para habitar.

Sus versos buscan invitar al lector a migrar hacia un espacio donde el tiempo, los cuerpos y los recuerdos se funden en una atmósfera atravesada por luces y sombras. Bocos nos ofrece esas poesías que se sienten antes de entenderse y que apelan a los árboles como imagen del amor —un organismo vivo que crece— y a la casa como identidad que se construye.

«Quiero una casa edificar / como el sentido de mi vida. / Quiero en piedra mi alma dejar / erigida. Quiero labrar mi eremitorio / en medio de un huerto…». En estos versos, para Valle-Inclán la casa que desea edificar no es un simple refugio, sino la materialización pétrea de su propia alma. Para Bocos, la naturaleza y el hogar son el escenario para equilibrar lo íntimo y lo universal.

Poemas del libro “Un árbol de deseo compartido”

Ricardo Alberto Bocos

 

Árbol del deseo

En este abrazo encerrado, compartido,
existe una rama derecha y otra izquierda
comienza antes que el reloj marque las horas
y el verde del silencio se haga espera.
Suben rápidas las hojas de las ramas
como un oro singular que avecina
casi mintiendo de que nadie ama
encontrándonos los dos, en tus manos finas.

En ese árbol de raíces nuevas
hay una cima, un declive, un río,
que silenciosamente nuestros besos lleva
con el empuje de un deseo bravío.

Apenas quedan hojas de las ramas que abrazan
ha quedado destruido el chamuscado muro
se ha acabado el aire y lo nuestro ha crecido.

Hay un nuevo follaje, no hay follaje destruido,
porque fue la pasión que el tiempo ha consumido
sólo queda mirarnos después de habernos ido,
no por las huellas dejadas sino por lo vivido.
Es esta primavera    que deslumbra y sigue.

En el árbol hay un árbol de deseo compartido.

 

Detrás de la quinta

I.

Hay una casa en la que roban el corazón
queda detrás de una quinta sin verde
con rejas y hormigonada
la naturaleza ahí no vive
ni los pájaros multicolores vagan
tiene árboles de toda especie
que mueren todas las tardes
uno a uno abren sus alas
dan lugar a un mundo sombrío
de formas perdidas    sin nada

II
antes de la casa un semáforo

pareciera extender sus manos
se acerca de mil maneras
mientras se desplaza un auto
un niño en triciclo vaga
la calle oscura parece de una vida
desesperadamente solitaria
me desplazo brevemente
sin preguntas     entregado
en esa casa mi corazón han robado

III
como lágrima de Dios
el ocaso se ha secado
hoy regresé a buscarlo
he mirado las montañas
he sentido su silencio
pero también su desgarro
es ahí    justo ahí
me ha cantado la memoria

aún sigo sin corazón  

 

La casa 

Hubiera querido conocieras
palmo a palmo
la casa de mi infancia
de aquel lugar donde vagar
de niño era un mar
llenito de nostalgia
donde la luna velaba todo rostro
y la oscuridad nos extraviaba
como un bosque   salvaje    milenario
en el que nadie respondía las plegarias
allí quedó extraviada la felicidad de niño
en la orilla de ese mar jugué a la nada
pero volver contigo sería otro día
encontrar la orilla   la sonrisa   la mirada

reconstruir mi pequeño corazón
para mostrarte la casa de mi infancia

 

CV: Ricardo Alberto Bocos nació en San Miguel de Tucumán. Publicó los poemarios Otras Miradas, Nombres Olvidados, Ceniza de Diamantes, Poemas de Otoño y Un árbol de deseo compartido. Compiló los manuales Aproximaciones al Periodismo y Zona de Periodistas, editados por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Sus poemas fueron publicados en antologías de Chile, Bolivia, El Salvador, México, Uruguay y Argentina. Colabora en portales de noticias y de poesías de la región y de nuestro país.

 

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