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Un mundo nostálgico

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Por Eric Johansson.

Últimamente en redes sociales se están haciendo cada vez más frecuentes y populares videos grabados con las Ray-Ban, los anteojos desarrollados por Meta que contienen una cámara prácticamente imperceptible para los demás que permite grabar en primera persona. Algunos de esos videos retratan situaciones cotidianas graciosas o mostrando algo en particular, pero hay otros que los usan para realizar bromas pesadas sin ningún consentimiento y para otros tipos de malas intenciones. Hace un tiempo tuvimos un caso de estudiantes copiándose en un examen de la facultad utilizando estos mismos anteojos.

Leyendo los comentarios de los videos varias personas expresan su preocupación por este tipo de contenido, no sólo por su falta de ética sino también por un temor genuino a que algún día les pase a ellos, de que estén teniendo una conversación con una persona que utiliza anteojos, pero que los use para grabarlos y luego subirlos a redes sociales, exponiéndolos a millones de personas.

Las Ray-Ban, en definitiva, logran que este tipo de prácticas sean normalizadas y masificadas entre los ciudadanos comunes, que exista la posibilidad de que cualquier persona que te encontrés de frente y use anteojos te pueda estar grabando. 

Este tipo de tecnologías de exposición masiva sólo encierra a las personas dentro de sí mismas, la famosa cultura del “cringe” o vergüenza ajena muy presente en redes sociales hace que las personas prefieran no hacer las cosas que quieren hacer por miedo al qué dirán. La Organización Iberoamericana de Juventud reportó que el 44% de los jóvenes de entre 18 y 24 años siente tristeza o desesperanza habitualmente, y estas tecnologías no hacen más que potenciar esto, convirtiendo tanto a la esfera privada como a la pública en constantes observadores de nuestras vidas, muy al estilo de una cárcel panóptica foucaultiana, pero en vez de ser vigilados por una autoridad central, es entre nosotros mismos.

El problema de las Ray-Ban es sólo una pieza más de otro mucho más grande. La inteligencia artificial en mi generación representa un arma de doble filo: por un lado nos ayuda con muchas cosas en el día a día, pero por otro no conocemos su máximo potencial, no sabemos si llegará un punto en el que simplemente nos reemplace por ser mucho mejor que un humano, haciendo que muchos trabajos estén en peligro de extinguirse en el largo, mediano o quizás incluso corto plazo. La tecnología había prometido avanzar para mejorar la vida de las personas, para reemplazarnos en trabajos manuales tediosos, pero ésta sólo evoluciona en pos de mejorar la rentabilidad de las empresas, sin considerar si realmente ayudan a las personas a tener una mayor calidad de vida.

Cuando el futuro deja de ser visto como sinónimo de progreso y de desarrollo y pasa a asociarse con amenaza e incertidumbre es cuando aparece el pasado como un refugio seguro al cual acudir, ya que es un lugar conocido por todos, y la nostalgia es el medio para recurrir y llegar a ella. Mark Fisher en Los Fantasmas de mi Vida entiende a la nostalgia como la melancolía hacia los futuros perdidos, lo que pudo ser y que, por una razón u otra, no fue, y es que, al estar el realismo capitalista en un presente en constante cambio, se pierde la capacidad de imaginar el futuro porque pensar en él se siente hasta inútil, ya que los problemas están sucediendo ahora. Y un futuro mejor y diferente es aún más difícil de imaginar. Por lo que el pasado, completamente idealizado y despojado de sus problemáticas, se vuelve la única alternativa posible al cual acudir, al ser el punto en donde aún se sostenía la promesa de un futuro mejor.

Guy Debord señalaba que el capitalismo tiene la capacidad de absorber su propia disidencia y volverla una parte más del sistema. Las empresas son conscientes de este malestar general y nos venden productos, principalmente a la generación Z padecientes de anemoia, explotando esta emoción apelando a recuerdos implantados del pasado. Las redes sociales, que funcionan mediante la atención, reciclan tendencias de años anteriores porque es retención asegurada. La industria de la moda esté tratando de vender nuevamente pantalones de tiro recto que se habían etiquetado como “pasados de moda” hace unos años. Este año seis de las diez películas más taquilleras son en realidad secuelas de su franquicia. Y la música pop está dando un giro de 180 grados al pasado con artistas como Zara Larsson utilizando vestimentas maximalistas propias de inicios del siglo XXI y otros con sonidos creados en sintetizadores muy al estilo de los años 80. De esta forma la cultura se termina convirtiendo en una repetición perpetua y segura sobre lo que ya tuvo éxito en el pasado, sin realmente aportar nada nuevo. T.S Eliot proponía la existencia de una relación entre lo antiguo y lo nuevo en la cultura, en el que lo nuevo surge como una antítesis o respuesta a lo antiguo, y este último a su vez se debe reconfigurar con respecto a lo nuevo. El problema es que, al no generarse nueva cultura, esta relación se rompe y las tradiciones dejan de ser puestas en tensión.

Incluso esto ha escalado hasta el plano político. Es usual en los partidos políticos de América Latina, Estados Unidos y Europa repetir eslóganes de “volver a cuando éramos prósperos” en lo que Svetlana Boym llamó la nostalgia restauradora, en donde el pasado se presenta como el orden justo de las cosas, la época en donde todo funcionaba bien, y que la modernidad cruelmente arrebató, proponiendo entonces la vuelta de ese modelo socioeconómico. La nostalgia restauradora necesita de una versión simplificada del pasado para poder venderse, ignorando todos los elementos negativos que también lo caracterizaban, necesita hacer creer que ese era el verdadero sistema al que hay que volver, el que responde a un orden natural de las cosas.

La nostalgia per se no es algo malo, es completamente natural extrañar aquellas cosas que funcionaban mejor antes. Boym también reconocía a la nostalgia reflexiva, caracterizada por visualizar al pasado desde una perspectiva crítica, y pienso que esa es la clave. 

Que el único futuro visualizable sea copiar al pasado dice más de la época en la que vivimos que del pasado. Definitivamente es entendible que añoremos y defendamos a capa y espada una época en donde todo parecía andar mejor, sin embargo, no podemos dejar llevarnos por la nostalgia y pretender traer de nuevo un mundo que ya no existe. ¿Hay cosas del pasado que eran mejores? Probablemente sí. En 2021 un estudio de la Universidad de Tokio demostró que escribir a mano ayuda más a memorizar que escribir en una Tablet o en un celular, y no por eso vamos a dejar de utlizarlos. La nostalgia reflexiva nos ayuda a construir un futuro considerando y extrayendo solamente las cosas del pasado que sí nos benefician, junto con las cosas del presente que también valen la pena preservar. La Inteligencia Artificial y las Ray-Ban pueden ser tecnologías que traigan consigo muchos problemas y sean una amenaza por su potencial, pero pienso que el futuro no se encuentra en copiar el pasado, sino en la manera en la que integremos la tecnología actual en pos del desarrollo y bienestar de la humanidad y no en beneficio de unos pocos, siendo el pasado un recurso para reflexionar sobre qué cosas queremos preservar permanentemente como seres humanos.

 

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