Manifiesto

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Por José Mariano. 

Alguna vez lo intentaste. Alguna vez fracasaste. No importa. Intenta otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.

Samuel Beckett.

Hubo un tiempo en que los manifiestos eran frecuentes. No porque abundaran las certezas, sino porque todavía era normal discutir el mundo. Discutir cómo era y, sobre todo, cómo podía ser. Antes de que la gestión reemplazara al pensamiento, antes de que la velocidad aplastara la reflexión, antes de que la opinión inmediata ocupara el lugar de la pregunta, los manifiestos eran una forma de intervención, textos escritos sin garantías, sin promesa de éxito, lanzados contra la época como una pregunta abierta.

Eran los años de la filosofía salvaje. En las ideas había peligro, riesgo. Se discutía qué era el hombre, qué era la sociedad, qué forma debía tener la vida en común. Se escribía para abrir posibilidades, no para administrarlas. El manifiesto no buscaba consenso, buscaba incomodar, revelar un sentido capaz de enfrentarlo todo. No pretendía durar, ni la eternidad, solamente interrumpir. Dejar constancia de algo que se niega a desaparecer, y trata de algun modo de resistir al tiempo.

Hoy, cuando todo parece clasificado, explicado y neutralizado, escribir un manifiesto puede parecer un gesto fuera de época. Justamente por eso es necesario. Porque cuando ya no se discute el mundo en el que vivimos, lo que se pierde no es la verdad, sino la imaginación. Y sin imaginación no hay pensamiento, no hay política, no hay libertad, no hay mundos posibles. Todo es repetición. 

Este texto se inscribe en esa tradición. No como nostalgia, sino como insistencia.

Siempre nos dijeron que el mundo se organizaba por líneas rectas, reglas claras, objetivos definidos, trayectorias previsibles. Que vivir consistía en acertar, progresar, llegar. Pero la experiencia —única autoridad que no miente— enseña también otra cosa; la vida avanza por desvíos, por errores, por intentos fallidos que, sin saberlo, abren sentido. El fracaso no es una caída accidental, es una predisposición del espíritu. Fracasar es permanecer abiertos. Es no cerrar el mundo con explicaciones tranquilizadoras. Es aceptar que no existen manuales definitivos ni instrucciones para vivir. El espíritu no se quiebra cuando falla; se quiebra cuando aprende a renunciar. Cuando se convence de que podría dejar de intentar.

Insistir no es un acto de optimismo ni de voluntad heroica. No es hacer lo que queremos. Es algo más incómodo y más verdadero, hacer aquello que no podemos dejar de hacer. Hay gestos que no elegimos libremente, pero que nos eligen. Pensar es uno de ellos. Escribir es otro. Insistir, aun sabiendo que podemos fallar, no es una elección noble, es una forma de fidelidad a lo que somos cuando nadie nos está mirando.

Hay una belleza en el error que no se parece a ninguna otra cosa. Una belleza frágil, inestable, que solo aparece cuando estamos dispuestos a volver a intentar aun sabiendo que quizás volvamos a fracasar. Pero ¿qué haríamos si no hiciéramos eso? ¿Qué quedaría de nosotros si aceptáramos que es posible no insistir? No insistir es aceptar el mundo tal como se presenta. Insistir es mantener abierta la posibilidad de que sea distinto.

Fuga nace de esa necesidad. No de un deseo abstracto de libertad, sino de una libertad más desvergonzada, la de no poder callar, la de no poder mirar hacia otro lado, la de no poder acomodarse sin traicionarse. No hacemos esto porque queramos. Lo hacemos porque no podríamos no hacerlo sin convertirnos en otra cosa.

Con el correr de los números fuimos entendiendo algo más. No estaba en el plan inicial ni en ninguna formulación previa. Fuga empezó a revelarse también como un espacio de catarsis. No en el sentido del desahogo ni de la descarga, sino como un proceso silencioso de transformación. Lo que entraba en bruto —ideas, experiencias, malestares, preguntas— no salía igual. Pasaba por la escritura, por la forma, por el pensamiento, y en ese tránsito algo se ordenaba sin obedecer a un molde previo. No se trataba de aliviar, sino de volver auténtico lo que se decía. De permitir que lo vivido encontrara una forma que pudiera ser sostenida.

Por eso miramos el mundo por donde no enseñan a mirarlo. Por la grieta. Por el punto de fuga. No buscamos la visión panorámica del poder ni la comodidad de los discursos totales. Preferimos ese fragmento mínimo por donde entra lo que todavía no fue dicho. Porque todo lo que realmente importa llega así, de costado, en silencio, sin espectáculo. Lo que se muestra completo ya está muerto.

Pensar no es exponerse al peligro, sino salir de los refugios. Abandonar las frases heredadas, los consensos cómodos, las verdades prestadas. Pensar es quedarse a la intemperie, pero sin épica, sin héroes, sin pruebas, sin sacrificios. No para enfrentarse al mundo, sino para no deberle fidelidad a ninguna forma cerrada de él.

Tal vez alguien diga que esto no es un manifiesto. Que le falta programa, consignas, enemigos claros. Y quizá tenga razón si piensa en las formas de otro tiempo. Pero este texto no nace para repetir una tradición intacta, sino para escribir después de ella. No es un manifiesto clásico. Es un manifiesto cuando los manifiestos ya no alcanzan, cuando insistir no es proclamar, sino sostener una forma de pensar en medio del desgaste.

Este manifiesto no promete un camino. Apenas recuerda algo elemental, que hay que seguir avanzando aun cuando no se vea el final. Que volver a fallar no es retroceder, sino intentar otra vez. Que fracasar mejor es, quizá, la única forma de no ser vencidos por la época.

No insistimos porque creamos que vamos a ganar. Insistimos porque no sabemos vivir de otro modo. Porque hay derrotas que no se eligen, pero hay renuncias que sí. Y esta es la que nos negamos a aceptar. 

Porque si no insistimos, ¿qué hacemos?

Porque si no miramos por la grieta, ¿qué vemos?

 

Esto es Fuga.

Edición 40. 

9 COMENTARIOS

  1. Avanzar, insistir es la forma de seguir buscando lo que queremos, el fracaso te enseña ,te hace ver cosas que quizás estaban olvidadas, pero son importantes, te da otra visión.
    Excelente Jose, no hay q bajar los brazos hay q insistir!!!

    • Excelente artículo, siempre hay que tener un objetivo , aunque sea utópico, ese que te ayuda a caminar , como decía Galeano, para alcanzar metas «pequeñas» , ni grandilocuente, ni miserables , insistir y resistir

      • ¡¡¡Gracias José Mariano!!! Que vibrante Manifiesto, sin dudas de lo mejor que leí de vos
        ¡¡Muchas Felicidades por este, y muchos años más de fuga!!!

        Y que siempre encontremos la fuga de aquello que solamente Existe cuando es fugado, más allá de lo dado , en donde alguien, Insiste

        Saludos!

  2. Intentar algo ante el riesgo del fracaso es un acto heroico, la posibilidad de obtener un golpe contra una pared y tener una cicatriz más. Dejar de intentar también suena tentador a veces, dejarse ganar; que más da. Pero siempre nace el planteo de las cosas y la duda de que podría ser todo de otro modo con solo accionar. Y así vuelve el ciclo y el instinto de sub-sístir.

  3. Muy buen articulo merece ser leído varias veces hasta entender su profundidad y verdad siempre levantarse dispuesto a seguir .hermoso y profundo articulo. Felicitaciones esperamos un pronto regreso un gran abrao

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