Por Catalina Lonac.
En la dinámica feroz
de una existencia atormentada
deshoja su misantropía
el actor de todas las peripecias.
Observa, desprecia, gruñe.
No puede con la especie.
Larga su espuma venenosa
sobre su papel con tinta.
Y ante el oprobio desatado
de su personalidad
sufre la peor condena:
Parecerse, indefectiblemente,
a lo que odia.

Debe ser trágico y lo más horrible que nos puede pasar identificarse con lo que se desprecia y odia. Por eso los dioses griegos condenaron la Hybris, que consiste en querer ser como los dioses. Esa soberbia que nos caracteriza, muchas veces.
Escribir poesía debe ser muy difícil y lo haces muy bien!!!