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TODO ES AHORA

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Por Santiago Sylvester.

Posible retrato de la época

La violencia es, sin dudas, uno de los temas de la época. No digo que no haya existido siempre, ni que no haya estado presente en la literatura, pero este tiempo la ha colocado en el centro de la escena y parece imprescindible mencionarla para reflejar el momento actual. Todas las reivindicaciones de hoy están atravesadas por alguna forma de agresividad, y eso se ha trasladado inevitablemente a la narrativa. Hoy, más que nunca, pareciera confirmarse aquella frase de Marx: “la violencia es la partera de la historia”. Y no solo de la historia, sino también de la vida cotidiana, incluso de la esfera privada.

El libro de Fabián Soberón tiene, desde el título, un propósito de actualidad, y el desarrollo de los cuentos confirma que la violencia es uno de sus ejes centrales.

Laura Rossi, en la contratapa, señala que las historias están inspiradas en casos reales, lo que refuerza la idea de que estamos ante una posible radiografía de la época, brutal como todas, aunque con una diferencia: hoy tenemos una conciencia mucho más aguda de ese estado social. Estamos sumergidos en su clima, y la sobrecarga informativa le añade una contundencia difícil de eludir.

Para expresar esa contundencia, Soberón opta por un lenguaje que comparte esa misma cualidad: directo, sin atajos, sin barroquismos y sin eufemismos. Las cosas son llamadas por su nombre, y el ritmo rápido acentúa con precisión la carga de horror, de injusticia y la implacabilidad de los hechos.

Raymond Chandler hablaba del “olor a miedo” al referirse a la dureza de los cuentos de Black Mask, la revista de narrativa policial en la que fue colaborador habitual. Y eso es exactamente lo que desprenden estas historias: miedo no solo por lo que sucede, sino por la sociedad que lo genera, por los protagonistas y, casi siempre, porque el espejo devuelve una imagen degradada del entorno que hemos construido. No hay, al menos en primera instancia, una intención de denuncia. Lo que hay es constatación: las cosas como son. Incluso la prosa, directa y a veces áspera, tiene algo implacable que agrega tensión al drama.

Siguiendo con Chandler —una referencia inevitable en este terreno—, puede recordarse su idea de que, en el policial negro, la escena es superior al argumento. Este libro trabaja precisamente de ese modo: el clima opresivo, la sensación de que puede ocurrir algo todavía peor y la verosimilitud de la amenaza construyen una potencia extrema. De tal forma que lo que sucede parece ser, más que la causa, la consecuencia. La violencia está en el aire; solo falta que encuentre, o choque, con las personas adecuadas para que los hechos se produzcan.

Se trata, por supuesto, de una técnica narrativa que Fabián Soberón conoce a fondo y utiliza con precisión. La época, con sus rasgos visibles, encuentra aquí uno de sus posibles retratos más intensos. Y el lector deberá atravesar estos cuentos casi con los brazos en alto, como si estuviera siendo apuntado, porque sentirá que la amenaza es real y lo mantendrá en vilo hasta el final.

Esta es una reseña del libro Todo es ahora, de Fabián Soberón

(Brumana Editora, Rosario, Argentina, 2024)

 

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