Por Susana Maidana.
Pienso en el poder, ese concepto que tuvo impacto en los comienzos de la modernidad, especialmente,con Francis Bacon, con su lema de: «saber es poder» en el Renacimiento.
Y en el siglo XX las ideas de Michel Foucault fueron iluminadoras, respecto de que el poder atraviesa todas las instituciones.
Ese poder es, en la actualidad, un lugar común en instituciones educativas, en el poder político , en las empresas sin distinción, en las oficinas, en algunos consultorios.
El poder que siente un empleado al cajonear un expediente, un docente autoritario que no admite diálogo, ni que decir de quienes desean perpetuarse en un cargo político.
Esta actitud obedece a diferentes causas: escasa autoestima, como la del autoritario , que teme el diálogo, la diferencia de visión del mundo, etc
A quien se vale de prebendas con quienes son obedientes y su voto puede tener premios.
A quienes temen armar equipos con quienes piensan, son críticos y estudian y prefieren la obediencia , con sus «beneficios «, que no son más que desventajas al no ser respetados porque la sociedad conoce quién es quien, aunque finja demencia.
Hay otro poder que proviene del conocimiento, de hacer algo por el otro, por el respeto a los DDHH auténticamente defendidos y no solamente declarados , por el profesor que sabe enseñar, el investigador que se ocupa del bienestar humano.
Hay otro poder que no se ejerce a espaldas de los otros sino que habla de frente
Simplemente, son reflexiones necesarias en tiempos tan egocéntricos.
