InicioExistenciaPara Mirarte mejor

Para Mirarte mejor

Publicado el

Por Leonor Benedetto. 

Me detengo en la puerta del avión que me devolverá a Buenos Aires después de funciones en Corrientes, provincia rodeada de ríos, húmeda, fría, hospitalaria. Parte de la tripulación recibe al pasaje con simpatía reglamentaria. 

Llevo conmigo una cartera y una funda en la que viaja, cuidado, el traje usado la noche anterior. Pregunto si es posible colgarlo en algún espacio apto para tal fin. Con amabilidad la asistente de vuelo me indica que la siga. Antes de que abra la puerta de un pequeño armario vertical, un pasajero le pregunta si aterrizaremos en horario ya que teme perder otro vuelo con el que tiene conexión. 

Ella le contesta, con su permanente sonrisa obligatoria, que se tranquilice, que nuestro vuelo tiene prioridad de aterrizaje, en pista y horario, ya que es una nave especial que viaja con órganos para trasplante. Vuelve su mirada hacia mí y, mientras cuelga la percha, señala, con su dedo índice tieso, un cubo metálico negro, algo más alto que una caja de zapatos, atravesado por líneas rojas y etiquetas. 

Lo retiran ni bien tocamos tierra, me dice. Y yo, en un inesperado ataque de tontería, pregunto, ¿quién lo retira? Lo lleva un enfermero que está sentado en la última fila. Si te encuentras con alguien totalmente vestido de blanco no te asustes. 

Comienza a caminar hacia la cabina y la detengo, ¿qué hay adentro de la caja? Pregunto. Córneas, contesta. Una vez en mi asiento y durante las siguientes dos horas, mi pensamiento desatado juega conmigo y la imaginación se entretiene con mi traje colgado en un mínimo habitáculo balanceándose sobre la esperanza de alguien que quiere ver mejor. Nunca sabremos a quién pertenecieron esos cristales vivos que trajeron la luz a otro ser, al que amenazaba la penumbra. 

Bienaventurado sea aquel cuya luz se apagó para siempre y, generosamente, donó su mirar sin estridencias. ¿Les seguimos contando a los niños que Caperucita Roja descubrió que El Lobo Feroz no era su abuela porque al preguntarle por qué tenía los ojos tan grandes le respondió para verte mejor? Su abuela la miraba con los ojos del alma. 

No necesitaba tener ojos más grandes. La abuela fue rescatada de adentro del lobo y se salvaron las dos. Siempre supe que los cuentos infantiles terminan con el triunfo del bien. 

Leonor Benedetto

P/D.1) “Recuérdalo tú, y recuérdalo a los otros”. Luis Cernuda

P/D.2) Los cuentos para niños son fábulas con moraleja incorporada.

P/D.3) Ver es condición física. Mirar con atención, aprendizaje del alma.

P/D.4) “Hay que vivir con los ojos abiertos”. Escribió Marguerite Yourcenar.

Ilustración Victoria Benedetto @arte.dharma108

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

melancolía del futuro

Por José Mariano. "El porvenir es inevitable, preciso, pero puede no acontecer." — Jorge Luis Borges La...

La desobediencia también juega

Por Fabricio Falcucci. Malvinas, la identidad nacional y el gesto político de una selección que...

La otra final

Por Enrico Colombres. “Es preciso volver a vencer con vosotros a los enemigos de la...

Las instituciones no se suicidan

Por Fernando Crivelli Posse. ”Cada generación es un pueblo nuevo.” Alexis de Tocqueville. Si cada generación...

Más noticias

melancolía del futuro

Por José Mariano. "El porvenir es inevitable, preciso, pero puede no acontecer." — Jorge Luis Borges La...

La desobediencia también juega

Por Fabricio Falcucci. Malvinas, la identidad nacional y el gesto político de una selección que...

La otra final

Por Enrico Colombres. “Es preciso volver a vencer con vosotros a los enemigos de la...