Por Leonor Benedetto.
Vivir juntos es respirar el mismo aire, aprender de los que vivieron antes, y pasar el conocimiento a los que nacerán después. Plantar árboles es trabajar para el futuro. Nada, absolutamente nada, ocurre sin que involucre a todos. Aunque no lo comprenda nuestro limitado entendimiento.
Noche de estreno. ¿Sabe el público que sin él no existe la función? Me permito aclarar que no me refiero al número de asistentes. Hablo de la participación activa, del tercer actor, de la atención plena, sin cuya presencia el rito no se consuma.
Lo que ocurre en el escenario es frágil, porque los oficiantes lo son, aunque se simule fortaleza. El mejor espectador es el que no tose, no va al baño, no desenvuelve caramelos, no murmura al oído de su acompañante, el que silencia su teléfono.
Abandonar esos pequeños actos de cuidado y respeto es envilecer la realidad y contribuir a la incertidumbre y al caos. Vivir juntos no es una construcción gramatical más o menos feliz que remite a proximidad en tiempo espacio.
Si digo que vivimos juntos en el mundo, estoy afirmando una verdad, y a la vez, descartando la posibilidad de hacer algo por el calentamiento global o el cese de las múltiples guerras que devastan el presente, porque mi participación se me ocurre mínima, no contabilizable, inútil.
También es nimio el esfuerzo para esbozar el “permiso”, “buenos días”, “perdón”, “gracias”, “por favor”, emitidos con verdad a los desconocidos, y sin embargo conlleva fuerza transformadora en quién otorga y quien recibe.
Releo lo escrito hasta aquí y pienso que puede ser considerado algo naive y hasta inocente por personalidades que levantan la rotura de límites como valor supremo de estos tiempos.
El pudor, la vergüenza, la defensa de la intimidad, la solidaridad, la compasión, la modestia, han devenido cualidades incómodas, prontas para ser negadas o escondidas en el ejercicio de la vida social.
Pero estamos a tiempo, siempre se está a tiempo. Si los voceros del todo vale pregonan por adelantado la muerte de lo humano como valor moral, tal vez estén en lo cierto.
Nada nos impide a los que quedamos fuera, hermanarnos con todas las tierras de la tierra. Amasar un pan y acariciar un perro puede ser el comienzo de una nueva manera de vivir.
P/D.1) Mirar amaneceres y guardar secretos son condición inapelable.
P/D.2) Leer, leer, leer.
P/D.3) “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”. José de San Martín abriendo la ventana a una mosca para que vuele hacia la libertad.

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