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¿Y si el tiempo ya no te ama?

Publicado el

Por Ezequiel Aráoz Martínez.

“El tiempo de Dios es perfecto y alcanza para todo”

Es lo que siempre dice mi abuela

A veces cuesta creer de que manera se dan las cosas en la encrucijada de eventos que es nuestra vida, nuestra época, nuestra percepción temporal. La relatividad del tiempo que plantea Einstein se transforma en una conceptualización filosófica que se materializa cuando un momento de goce se esfuma en un segundo. 

Mi vieja tiene un refrán que seguramente tienen muchas madres: “Todo pasa por algo”

La secuencia de los eventos pareciera estar ordenada de tal manera que cobra sentido cuando se da el último paso narrativo de la cadena, siempre ordenada, siempre armoniosa, perfecta en apariencia.

Pero últimamente hay cierta disrupción en el tiempo. Una disrupción que se percibía desde antes pero que se hace más patente en la época actual.

Los griegos tenían varias distinciones temporales, las más importantes podríamos decir que eran Kronos y Kairós. El primero es el tiempo cronológico que sucede sin freno y que fue a la vez un Titán y padre de Zeus. Es el que ante el temor de ser derrocado devora a sus hijos y es retratado espectacularmente por Goya. Es un tiempo que teme ser olvidado y desplazado, porque lo fue. Porque fue reemplazado por una nueva generación de dioses.

Kairós, en cambio, es algo más tímido comparado con la grandilocuencia de un titán. No se sabe quién es su madre, su culto fue más reducido, se sabe en todo caso que sería el hijo menor de Zeus. El sucesor del tiempo antiguo es la oportunidad. El tiempo significativo que cobra valor siendo el ojo entre los huracanes del tiempo cronológico.

Pero la oportunidad amerita otra manera de existir. Exige una percepción más plena de los acontecimientos, en lo individual y en lo colectivo, puesto que de repente las pequeñas historias significativas que existen en la inmensidad del tiempo suelen perderse entre la magnitud de los grandes relatos, algo que preocupaba profundamente a Walter Benjamin cuando describía El Ángel de Paul Klee mirando hacia atrás al huracán, la destrucción, la pérdida, el olvido.

El tiempo, la historia, la oportunidad, peligran ante el olvido. La desaparición de las huellas, porque el recuerdo es una forma de existir para siempre, lo que hace que miles de tiempos se mezclen en una misma existencia, como Moria hablando con su yo del futuro de principio a fin. Quizá todos esperamos tener ese poder, para saber que recuerdos aún perviven en otras épocas. Pero para que el recuerdo perviva debe haber necesariamente un momento de Kairós, de tiempo oportuno para que las cosas se hayan dado de una determinada manera.

Escribir este artículo requirió de la búsqueda incesante a lo largo de un tiempo que no podía dejar de ser cronológico por la cantidad de sucesos que ameritaban pasar en mi vida cotidiana y por lo que su mera existencia peligró fuertemente. Uno decide cargarse de millares de cosa en la empresa de ser productivo ya sea en términos de capital, en términos de autoexigencia personal o en términos de carpe diem también se puede ser excesivo en la búsqueda del tiempo de ocio. Nunca es suficiente el tiempo para nada, pero acá particularmente ese es el tiempo suficiente que intentaba en encontrar. El tiempo para nada. El tiempo para una contemplación de lo que pasa a mi alrededor para poder pararme a pensar y comprender lo que sucede. Escribir acá, para mí, significa cuestionar los malestares de la contingencia del presente, pero no hay tiempo de percibir los malestares si no hay tiempo siquiera para plantear la pregunta.

Podríamos decir que con la tecnología y las exigencias del capitalismo que han incrustado el trabajo en la cotidianidad, se ha acelerado el tiempo. Sin embargo, creo que la aceleración va por otro lado. En el caso del tiempo, aunque todavía no estoy seguro creo es interesante pensar un concepto que Byung -Chul Han, un personaje con el que tengo una relación de amor y odio, en su obra El aroma del tiempo propone algo interesante.

“La crisis temporal de hoy no pasa por la aceleración La época de la aceleración ya ha quedado atrás. Aquello que en la actualidad experimentamos como aceleración es solo uno de los síntomas de la dispersión temporal. La crisis de hoy remite a la disincronía, que conduce a diversas alteraciones temporales y a la parestesia”.

Es disputable si la aceleración es un síntoma o una condición. En la pregunta de si fue primero el huevo o la gallina cabe la pregunta ¿La disincronía es consecuencia de la aceleración o la aceleración es consecuencia de la disincronía?

La disincronía para Han es en primer lugar una consecuencia de una pérdida de sentido en nuestra vida. No hay tiempo de Dios. No hay tiempo para Dios. No hay tiempo para que todo pase por algo. Porque el tiempo ya pasó y no llegamos a pensar en ese algo. Ni en hacernos la pregunta por ese algo. Lo relevante no tiene que ver con en qué creemos sino con la posibilidad de otorgar significado, el significado que nosotros decidamos crear, como plantearía Nietzsche, pero otorgar significado en alguna instancia.

Cuando agarramos reels de Instagram, el tiempo transcurre a una velocidad impensada porque no hay significado en el medio. El significado colapsa y los dioses mueren.

Pero no debemos temer el colapso tan rápido. No todo está perdido. Hay algunos antídotos que podríamos ensayar para que Kronos no devore a su nieto Kairós. Una manera de otorgarle significado a la técnica, sería, por ejemplo, la cosmotécnica que propone Yuk Hui. Entender que la relación con los objetos y los artefactos está cargada del valor de la cultura cosmogónica propia de un lugar, como labrar la tierra para la Pachamama. El tiempo de labrado, de cosecha, de fiesta cobra otro sentido cuando la actividad está marcada por algún significado ulterior. Aunque puede ser un poco difícil encontrarle un por qué a las horas perdidas por tiktok. ¿Para qué Dios scrolleamos tweets? Quizá el problema es que no podemos identificarnos con dioses extranjeros y tecnológicos, la esencia cosmológica parece estar oculta en las redes. Si logramos cargarles significados a las relaciones que establecemos con la técnica y la tecnología, el tiempo se vuelve más valioso y vamos construyendo lo que este mismo autor llamaría tecnodiversidad. Es una tarea compleja porque los elementos técnicos cada vez son más despojados de sentido para ser vendibles a un público general en lugar de a un público propio de una cultura determinada.

Otro antídoto sería construir rutinas significativas. Otorgarles sentidos en un todo propio de nuestra propia existencia. Es un poco contradictorio puesto que las rutinas son también un aspecto repetitivo de nuestras vidas, pero cómo plantea la canción Morfeo de Wos “Ahora, ya no culpo a las rutinas. Si algunas te aplacan y otras te salvan la vida”. 

Creo que la referencia a la que el cantante quiere apelar es que como criaturas necesitamos habituarnos a determinadas prácticas que se nos hacen propias, creo que las rutinas que salvan de las que habla Wos, tienen que ver con motivarse a ciertas prácticas para poder seguir, pero aquello implica necesariamente otorgarles un significado, quizá no para un Dios, sino para nosotros mismos. Habrá otro tipo de rutinas mucho más relacionadas con Kronos que solo dejan al tiempo pasar sin ser más que una existencia vacía en nuestra vida.

La disincronía para Han, hace que el tiempo de tumbos, esta dada por la atomización del tiempo porque sin significado no hay nada que rija el tiempo y de este modo “uno se convierte en algo radicalmente pasajero”. Esa misma atomización del tiempo da lugar a una atomización de la identidad para tratar de resguardar lo poco que nos queda en la vorágine generando una pobreza de mundo, en términos de significados y en términos colectivos. Han nos propone un tercer antídoto, revitalizar la vita contemplativa. Pero ¿Es posible volver a tener tiempo de contemplar?

Quizá vita contemplativa sea un término un tanto extremo. Las condiciones han cambiado desde el mundo antiguo hasta ahora y probablemente sea imposible tener una “vita” contemplativa. Pero quizá sí uno que otro Kairós. Quizá sí, alguna rutina que cobre sentido porque se lo damos. Quizá sí alguna cosmotécnica porque nos genera identidad en este nuevo mundo donde la técnica y la tecnología son nuestro medio de acople con el mundo. Creo que la uña de Moria, es ese intento de darle significado a la relación entre el pasado, el presente y el futuro en la vida de una persona. Establecer cierto orden en el rompecabezas a partir de la disrupción de ser capaz de detenerse a hablar con el pasado, durante el presente sin cancelar el futuro es prestar un poco más de atención a nuestra vida cotidiana, aceptar que tal vez el tiempo no nos ama, pero hay alguien tocando la puerta, cómo en la canción de Mikky Ekko. Sin atención a lo que nos pasa en el día a día ¿Escucharemos ese llamado?

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