InicioLiteraturaUn día en la vida de él

Un día en la vida de él

Publicado el

Por Rodrigo Fernando Soriano.

La vida es un viaje continuo, acaso empezó aquella mañana en que decidiste levantarte temprano, muy temprano, porque había que trabajar, porque siempre hay que trabajar, porque te enseñaron que el esfuerzo es lo único que vale y terminaste creyéndolo hasta convertirlo en una especie de religión, salís cuando todavía es de noche y te repetís que lo hacés por tus hijos, por tu mujer, por la casa, por todo aquello que depende de vos, mientras ella permanece allí, entre tareas que nadie cuenta como trabajo aunque consuman las mismas horas y el mismo cansancio, aunque en realidad tampoco permanece allí porque dentro de un rato tendrá que levantarse para llevar a los chicos a la escuela y después ir a ese empleo de pocas horas que eligió para poder estar más tiempo con ellos, una decisión que siempre exhibís con orgullo cuando alguien te pregunta cómo hace para organizarse la familia, porque no todas las mujeres están dispuestas a sacrificarse de esa manera, decís, y te sentís afortunado, casi privilegiado, de tener una mujer que entiende cuáles son las prioridades; llegás al trabajo, pedís un café con medialunas y lo hacés en el bar de siempre, el de la moza linda, porque el café es mejor, o eso te gusta decir, aunque hoy aparece un mozo nuevo, un muchacho demasiado amable, demasiado sonriente, y no podes evitar sentir que algo anda mal, quizá la echaron a la moza preguntas, o seguramente se embarazó y no puede seguir trabajando, es mucho esfuerzo decís, después abrís las noticias y leés sobre una denuncia por violencia de género, otra más pensás, y enseguida concluís que hay que escuchar las dos campanas, que hoy cualquiera denuncia a cualquiera, que hasta que no haya condena todos son inocentes, una reflexión que te parece razonable hasta que la noticia siguiente involucra a un político del partido contrario acusado de corrupción, entonces la prudencia desaparece, ya no hacen falta pruebas ni sentencias, todos son corruptos, pensás, habría que meterlos presos para siempre, incluso algo peor, porque el país está como está por culpa de gente así; a media mañana una compañera empieza a opinar sobre un tema cualquiera y te colocás los auriculares antes de que termine la primera frase, no porque seas irrespetuoso, claro que no, simplemente sabés cómo son ciertas personas, además lleva ese flequillo recto que parece confirmar todas tus sospechas, más tarde observás que otra compañera recibe ciertas consideraciones especiales dentro del equipo y llegás rápidamente a una explicación tranquilizadora, debe gustarle al jefe, porque aceptar que quizá trabaja mejor que vos sería una hipótesis impensable quizá, después te acercás al escritorio de una tercera compañera, apoyás una mano sobre el respaldo de su silla, invadís un poco ese espacio que considerás compartido porque siempre fueron buena onda, hacés un comentario simpático, le regalás un chocolate que te dieron de vuelto en el kiosco y volvés a tu puesto convencido de que a ella le gusta conversar con vos, aunque también te preocupa que pueda malinterpretar las cosas, porque vos sos un hombre casado y en estos tiempos nunca se sabe; cuando termina la jornada vas al gimnasio, porque hay que cuidarse, porque la salud es importante, porque un hombre responsable no puede darse el lujo de descuidarse, y también te da nostalgia de aquellos años que eras jóven y solamente con hacer “lagartijas” y dominadas eras el más solicitado en todo el barrio, la rompías en los partidos con tus amigos, y mientras manejás pensás en la chica que suele entrenar a esa hora, bastante más joven que vos, y te fastidia descubrir que hoy no fue, aunque inmediatamente corregís el pensamiento porque ahora todos filman en el gimnasio y podes salir en un tiktok justo viéndola, te adelantas a cualquier situación porque a vos no te van a agarrar, sos inteligente, entonces te convences que simplemente te cae bien, como también te cae bien la recepcionista que terminó el colegio hace poco y ahora trabaja allí, una chica simpática, siempre sonriente, con la que hacés bromas cada vez que llegás, algunas un poco subidas de tono, nada grave, al contrario, le aclarás que puede quedarse tranquila, que con vos tiene confianza, porque sos de los buenos, de los que respetan a las mujeres, aunque también sabés que hoy hay que cuidarse, que cualquier cosa puede terminar en una denuncia, lo ves todo el tiempo, le pasó al amigo de un amigo, al vecino de un conocido, a tantos hombres que ya ni se sabe, por eso permanecés atento, porque sentís que caminás en un campo minado, como si en cualquier momento pudiera tocarte a vos, precisamente a vos que siempre defendiste la igualdad; volvés a tu casa cansado, agotado de sostener el mundo sobre los hombros, y apenas entrás tu mujer quiere hablar, siempre quiere hablar, de cosas que para vos nunca parecen urgentes, sentimientos, preocupaciones, cuestiones de los chicos, pequeñas grietas que ella insiste en señalar mientras vos sólo querés sentarte un rato en silencio, porque bastante tenés con tus propios problemas, después tu hijo te cuenta que tuvo dificultades en el colegio, que se peleó con unos compañeros, que la pasó mal, y vos le explicás que los hombres tienen que hacerse fuertes, que la vida no perdona a los débiles, que llorar no resuelve nada, que las cosas se arreglan enfrentándolas, porque así te enseñaron a vos y mal no te fue, o al menos eso preferís creer, mientras tu mujer te observa desde el otro lado de la mesa con una expresión que decidís no interpretar, pensás, debe estar en esos días, pero sos un hombre que comprende entonces no le contestas y no seguís ninguna discusión, total es una semana al mes, nadie puede resultar herido por una semana al mes reflexionas; en el grupo de whatsapp enviás un mensaje, es terrible decís, la lucha diaria es agotadora aludís, lo de tu mujer ya es increíble exclamas; más tarde vuelve a pedirte dinero para algún gasto de la casa y no podes evitar molestarte, porque trabajás todo el día, porque el dinero cuesta, porque nadie te regala nada, y durante unos segundos olvidás cuántas tareas invisibles ocurrieron en tu ausencia para que esa casa siguiera funcionando, entonces agarrás el teléfono y empezás a deslizar el dedo sobre la pantalla, un movimiento automático, casi reflejo, te indignás con una publicación de Malena Pichot, le das me gusta a varias profesoras de gimnasia que suben videos entrenando alumnas, reaccionás a una foto de una compañera de trabajo, respondés una historia de la recepcionista con algún comentario ingenioso, nada comprometedor, apenas una broma, después aparece una mujer opinando de política y escribís “flequillo alert, no falla”, te reís solo, compartís memes racistas, total eso no es racista, Argentina no es país racista, es una broma solamente, convencido de que el problema de la sociedad es que ya nadie tiene sentido del humor; seguís scrolleando entre videos y noticias hasta que aparece el caso de una adolescente asesinada, una tragedia espantosa, y tu primera reacción consiste en preguntarte dónde estaban los padres, cómo la dejaban salir sola, qué clase de controles tenía esa familia, después te enterás de que el asesino era el padrastro y entonces encontrás una explicación distinta, la madre eligió mal, pensás, siempre eligen mal, mientras en paralelo imaginás a un padre biológico impedido de verla por culpa de alguna jueza ideológica, una historia que no conocés pero que completás sin esfuerzo, más tarde muestran fotografías de la víctima y observás cómo estaba vestida, cómo posaba, cómo se mostraba, y una parte de vos, pequeña pero persistente, vuelve a sugerir que ciertas cosas eran previsibles, que el mundo es peligroso y que las mujeres deberían entenderlo de una vez, una conclusión que te parece perfectamente lógica hasta que recordás que el responsable fue un hombre que convivía con ella bajo el mismo techo, pero que estaba metido en política, y pensas que debe ser un ajuste de cuentas, quizá se metió con gente que no tenía que meterse, lamentás, y seguís; la noche sigue avanzando, escuchás a una streamer y concluís que es una estúpida, escuchás a otra y decidís tolerarla porque te resulta atractiva, cambiás de canal y encontrás a una tercera hablando de su experiencia personal, inmediatamente explicás por qué su ex hizo bien en dejarla, después aparecen hombres discutiendo de fútbol y sentís alivio, finalmente alguien hablando de cosas importantes, pensás, aunque tampoco estás de acuerdo con ellos, porque nadie entiende nada, porque todo está destruido, porque el país se cae a pedazos, porque los jóvenes ya no respetan nada, porque las mujeres tienen demasiados privilegios, porque los hombres ya no pueden decir lo que piensan, porque antes las cosas funcionaban mejor, aunque si alguien te pidiera señalar exactamente cuándo fue ese antes probablemente no sabrías responder; y así llega la hora de dormir, apagás la pantalla, acomodás la almohada, mirás por última vez el despertador que sonará dentro de pocas horas, cerrás los ojos satisfecho, porque trabajaste, porque cumpliste, porque llevaste dinero a tu casa, porque sos un hombre de bien, un buen marido, un buen padre, una buena persona, y nunca llegás a preguntarte cuántas veces durante el día las mujeres de tu vida tuvieron que adaptarse a vos, soportarte a vos, justificarse ante vos, callarse frente a vos, porque los monstruos siempre son otros, los violentos siempre son otros, los machistas siempre son otros, y precisamente por eso dormís tan tranquilo, vos no sos de los que salen en las noticias, los que golpean a las minas, los que están en cana, vos no sos ninguno de ellos, como mañana vas a volver a levantarte temprano para trabajar y sostener a tu familia, cerrás los ojos convencido de que hiciste todo bien. Sos buen tipo. 

últimas noticas

LA POLÍTICA DEL TIEMPO

Por José Mariano.  "El tiempo no es un hecho de la naturaleza, sino una institución...

La teoría secreta del poder

Por Emanuel Goldstein. "Lo que importa no es permanecer vivo, sino permanecer humano." — George Orwell. Dentro...

El adversario

Por Enrico Colombres. Existe una crisis más profunda que la inflación, más persistente que la...

La seducción del outsider

Por María José Mazocato. "Nada amenaza más a la democracia que el exceso de promesas...

Más noticias

LA POLÍTICA DEL TIEMPO

Por José Mariano.  "El tiempo no es un hecho de la naturaleza, sino una institución...

La teoría secreta del poder

Por Emanuel Goldstein. "Lo que importa no es permanecer vivo, sino permanecer humano." — George Orwell. Dentro...

El adversario

Por Enrico Colombres. Existe una crisis más profunda que la inflación, más persistente que la...