Por Leonor Benedetto.
Suarez y Necochea se llama, y hasta figura en un tango. Fue de peleas, cuchillos y compadritos. La Boca se jacta de haber tenido el lugar más peligroso de la región durante todo el siglo que pasó, y los veinte primeros años del que está pasando.
Pero el tiempo, implacable en sus decisiones, como siempre, pintó de azul las paredes de esa esquina, y después de que desfilaran por allí, un almacén de ramos generales, un dispensario y una panadería, decidió que lo que más le convenía, al barrio y a su gente, tan igual y tan distinta, era un lugar sin nombre, indescriptible, en el que un grupo de alucinadas, incansables, y obstinadas mujeres, se abrió paso con decisión y coraje entre el delito y la violencia, y hoy alimentan durante el día al que lo pide, y al anochecer abren las puertas a grupos musicales que portan alegría.
Y un mediodía de domingo de gloria, de frío y sol empecinado, recalamos en la esquina, cual cómicos de la legua, con cartas de amor y de guerra en la maleta, para leerlas y cantarlas, como un ofrecimiento.
Nos esperaba una multitud, (el término multitud no indica una cantidad determinada, sino que depende de las dimensiones del espacio), hombres, mujeres, niños, perros, mientras la pizza sobrevolaba las cabezas, y la cumbia estremecía hasta la plaza de enfrente.
Toda Latinoamérica bailaba y se reía y, entre ellos, García Marquez, Neruda y Benedetti. Y Roa Bastos y Vargas Llosa. Borges sonreía apoyado en su bastón.
Un escuálido Pelé hacía jueguitos con una pelota desinflada sobre el lustroso empedrado, mientras el Che lo admiraba desde una pared descascarada. Un borracho sentado en el suelo cantó a los gritos la canción cubana de Carlos Varela: “Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo…”.
Al atardecer, cumplida la tarea, emprendimos el regreso. Camino a casa me dediqué a mirar dentro de mí, y encontré, entre las múltiples ramificaciones de mi origen biológico, varios espacios en blanco como en un mapa incompleto.
Ese domingo me di cuenta de que, en Suarez y Necochea, y en medio de su gente, vivirá para siempre el lado izquierdo de mi corazón.
P/D.1) En su discurso de aceptación del Premio Nobel, Gabriel García Márquez dijo: “Cien años de Soledad no es ficción, es la historia de América”.
P/D.2) “Los españoles se llevaron el oro, pero nos dejaron el oro, nos dejaron las palabras”. Pablo Neruda.
P/D.3) “Quiero sentir mi corazón en alto rezando por la paz. Tal vez se pueda derrotar un día todo lo que envilece y deforma la vida”. Atahualpa Yupanqui.
