Ahora

Publicado el

Por Daniel Posse.

Hoy la noche es fría, parece una página más de los incontables inviernos que llevo en el olvido. La escarcha sepulta los helechos y tapiza la hierba de cristal y arena. La humedad se adhiere a los eslabones de mi cadena, convirtiéndolos en un metal oscuro y vergonzoso. Cuando me muevo, compruebo que ella mantiene el largo y los ruidos de siempre; sólo las telarañas y el polvo la muestran vieja.

Pienso en el ayer y una multitud de instantes se vuelven irrevocables: la gloria del principio, cuando entre el crujir de mis dientes y el umbral de la caldera me abalanzaba mortalmente a beber las almas de las rebeldías; el pasear arrastrando las ataduras, grabando huellas en los callejones y los surcos; la complicidad del cañaveral y el alarido de los perros alertando a sus amos de mi presencia. Las noches sometidas de luna llena acompañaban mi andar tranquilo en los pegajosos túneles, esos laberintos de formas y sombras en los que se entretejía el pueblo. Era el hijo, el guardián del pacto donde la avaricia y la lujuria templaban la sangre del señor y de los esclavos, para que en el altar brotara el azúcar desnuda como tributo.

Soy el guardián (no me cansaré de repetirlo) del pasado equilibrio del desdén y del viejo holocausto. Sólo pronunciar mi nombre ahogaba los gritos y expandía los ecos. Mis actos alimentaban las hogueras del gentío desnudo ante las sombras y la miseria. Quienes encontraron mi mirada abierta y encendida en las noches de luna llena ahuyentaron su sueño por el resto de sus vidas, entre sudores fríos, golpes y espantos. Soy el mito que parió, aun desde la incógnita, la esencia de una cultura tan propia como las montañas, tan ajena como la cruz.

Pero hoy vuelvo al presente. Observo mis ojos: antes fuego, ahora cenizas. Los niños, los que dormían llenos de miedo ante mi nombre, hoy se enroscan en mi cadena, se rebelan, toman la violencia como único lenguaje y se acurrucan en las intrigas, intentando derramar el cambio en las ideas. Las madres ya no me temen; amamantan con otras historias a sus hijos porque el guardián está lejos de sus memorias, porque otro demonio de ojos azules azuza las almas y las entrañas. Para él no hay caldera, pero sí picanas. Para él no hay mito, pero sí fosas y proclamas.

Estoy vivo porque uno que otro todavía cree en mí, y eso prolonga mi existencia; antes llena de poder y de gloria, ahora oxidada por el olvido. Al fin y al cabo, soy la efigie que en la memoria justifica los miedos y las sumisiones.

Por ahora…

*De los gritos del mito- del Libro De Sueños y Azar- Editorial Nuestra América- 2004

 

13 COMENTARIOS

  1. Muy bueno! Pero no me sorprende, está escrito con la calidad a la que nos hemos acostumbrado, cuando se trata de tu pluma! Tremendo escritor! Un abrazo, Daniel.

  2. Muy bueno Dany, una invitación a reflexionar. Muestras la transición de los miedos. El cambio de los mitos con el andar del tiempo. La defunción de las controladoras leyendas ante la necesidad y crecimiento de nuevos demonios influyentes. Felicitaciones amigo. Todo un tema.

  3. Me encantó tu cuento, tienes una pluma muy trabajada y las letras fluyen con una naturalidad asombrosa. Ella nos transporta a etapas ya vividas , nos hace reflexionar y disfrutar de tu vuelo literario.Felicitaciones.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

últimas noticas

La obligación de opinar

Por José Mariano. "Yo siempre digo la verdad. Incluso cuando miento." — Antonio Raimundo Montana Los argentinos...

La última virtud: detenerse

Por Catalina Lonac. “ La vida humana es una narración y una narración no...

El nuevo colonialismo elegante

Por Enrico Colombres. "Lo público está por encima de lo privado." Lucio Anneo Séneca La soberanía, para...

La quimera del Estado impoluto y la privatización del pecado

Por Fernando Pérez. La reciente sentencia del asesor presidencial, al postular que la corrupción es...

Más noticias

La obligación de opinar

Por José Mariano. "Yo siempre digo la verdad. Incluso cuando miento." — Antonio Raimundo Montana Los argentinos...

La última virtud: detenerse

Por Catalina Lonac. “ La vida humana es una narración y una narración no...

El nuevo colonialismo elegante

Por Enrico Colombres. "Lo público está por encima de lo privado." Lucio Anneo Séneca La soberanía, para...