InicioPensamiento ContemporáneoManifiesto cosmodiverso para una Tierra rebelde

Manifiesto cosmodiverso para una Tierra rebelde

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Por Ezequiel Aráoz Martínez.

La tierra está en disputa. Siempre lo estuvo, pero particularmente en este momento pareciera que hemos vuelto a los deseos imperiales. Queremos cambiar los mapas y definir el destino de los lugares, como siempre hemos querido pero esta vez todo es a la luz del día, sin camuflajes de deseos de dioses ni búsquedas de la existencia de nuevas tierras en los mapas. 

En el comienzo de los tiempos existía el caos para los griegos, de allí surgio Gea, la Tierra y engendró a Urano, el cielo, Ponto, el mar y los Ourea, las montañas. La relación del hombre con la tierra fue un tanto problemática. El hombre fue creado del barro por Prometeo y a partir de un acto de rebeldía causado por la pena que le provocaba la injusticia de la debilidad humana, roba el fuego de la técnica a los dioses a cambio de un castigo. Prometeo sufrirá las consecuencias mientras la humanidad progresa con la agricultura y la pesca. Yuk Hui compara esta relación violenta con el medio, a partir de una necesidad de subsistencia facilitada por un titán en un acto de rebeldía frente a la autoridad, con una relación armónica con las deidades chinas: los dioses o sabios primitivos (Fuxi y Shennong) inventan la agricultura, la pesca, la escritura y las herramientas como un regalo directo para la comunidad con el fin de promover la armonía. La técnica aquí no viola el orden cósmico; al contrario, es el puente que unifica el orden moral humano y el orden cósmico. 

Quizá la versión más conocida de la creación en nuestra tierra tiene que ver con la propuesta cristiana donde Dios crea el cielo y la tierra y le da al hombre, su máxima creación, potestad y dominio sobre la Tierra y especies. Las relaciones entre las personas y la tierra son muy diferentes cuando partimos desde distintas premisas, no es lo mismo la armonía que propone China, la subsistencia rebelde de Prometeo o la dádiva de criatura dominante que propone el Dios cristiano. La relación con el territorio es también distinta dependiendo de lo que significa para nosotros. Pero para nuestra cultura del sur global, existe una figura aún más representativa: La Pachamama.

La Pachamama es la diosa de la fertilidad y la madre tierra en la mitología y religión de los pueblos originarios de los Andes. Del quechua y aymara, pacha significa mundo, universo, tiempo o espacio, y mama significa madre. Representa la totalidad de la vida, la naturaleza, los cerros, las cosechas y la protección de los animales. Tenemos un día para celebrarla y la corpachada para agradecerle. ¿Qué representa para nosotros hoy?

¿La tierra es solo ecología? ¿No es también geopolítica, salud, cosecha, territorio, hábitat? En esta cosmodiversidad que nos habita como hijos de la globalización, la tierra nos preocupa otra vez. El conflicto de Gaza está en boca de todos y para mucha gente, la tierra importa más que la vida humana, o quizá que algunas vidas humanas. De repente las Islas Malvinas son tema de conversación férreamente a un año de las elecciones presidenciales. Por otro lado, Lo que le pasó a Hawai pasa a ser la banda sonora de Lula para denunciar la gentrificación y el robo de tierras.

Latinoamérica siempre ha sido saqueado, el débil siempre ha sido saqueado, Argentina siempre fue saqueada, siempre hubo un saqueo. No importa a costa de qué. No importa si el Glifosato está matando a la gente poco a poco por la contaminación en los campos, lo que importa es que los campos se sigan cosechando de manera más eficiente. Las muestras podrían no ser significativas, lo que implicaría seguir investigando, no eliminar la investigación y correr a la gente que formó parte. La tierra demanda existir y nosotros somos parte. El capital es una entidad abstracta que devora lo que puede y se reproduce a partir de sus defensores.

Las mineras inyectan arsénico en las poblaciones mendocinas a cambio de la misma eficiencia que demanda el petróleo, el cultivo, la guerra por mostrar nuevamente el favor a los señores del tecnofeudo mundial.

Si la técnica es efectivamente el progreso, no por eso es Prometeico, porque Prometeo no era vil. Era un filántropo. Que sacrificó su cotidianidad por una humanidad frágil. La tierra puede ser un don y un medio de subsistencia y en lugar del dominio podemos pensar en convivencia, pero solo es posible cuando no se concentra en pocas manos y no pretendemos su propia destrucción en el deseo ególatra de superación.

¿Cuántos mundos pretendemos dominar? ¿Cuántos dioses hay que domesticar hasta comprender la necesidad de nuestro propio suelo y nuestra propia gente? Si la Pachamama es una representación de la madre pareciera existir de fondo un deseo de separación violenta por una parte de la población que necesita dominarla, sublevarla y someterla a sus deseos. Quizá no es capricho, es lo que llevó a Prometeo a entregar el fuego. La fragilidad humana. La necesidad de obtener algo con que llenar los afectos que nuestra raza tanto atesora para diferenciarse de sus propias creaciones artificiales y de otros seres.

Es natural mudarse de la casa de los padres, pero las relaciones violentas no son necesarias para conformar la vida cotidiana. Pareciera que hay una necesidad de explotar todo en pos de un capital que se pretende infinito a costa de recursos finitos sirviéndose de técnicas que se entienden como progreso.

Ante este panorama belicista y violento con la tierra propongo mirar la concepción del deseo que parte del movimiento solarpunk. ¿Podemos apuntar a un desarrollo desde una mirada utópica que pretende sostenibilidad? ¿Podemos desear un mundo donde la madre no sea rehén de un hijo caprichoso que pretende explotar sus recursos? ¿Podemos desear tecnología que nos permita convivir con el mundo en lugar de dominarlo?

¿Por qué los autos eléctricos no generan el mismo deseo que uno a base de combustibles fósiles? ¿Qué mecanismo cultural nos hace temer a la energía solar como fuente sustentable? ¿Por qué nos conformamos con un nuevo modelo de celular en lugar del desarrollo de nuevos modelos de habitabilidad de la tierra? ¿Por qué apuntamos al gadgetry en vez de a grandes avances tecnológicos que nos beneficien como humanidad? ¿Por qué frente a esos grandes avances llueven denuncias y frente a los que destruyen pueblos se vitorea progreso?

El modelo solarpunk entiende la tierra como un hábitat. Un ecosistema de supervivencia donde el hombre es parte del medio. Un pensamiento poshumanista al pensar que no por ser humano el hombre no tiene agencia, sino que tiene la agencia que todos los seres existentes tienen y por tanto su vida requiere de la cooperación con el resto de los agentes. En ese sentido las estéticas punk sintomatologizan los deseos de una sociedad que teme ciertos futuros. Cuando la tierra entra en disputa, como fue en el renacimiento, entra la utopía al inconsciente y se debate otra vez qué personas importan. ¿Cuál es el humanismo de nuestro siglo?

El cyberpunk parece el miedo y la descripción de lo que somos y a lo que apuntamos y el solarpunk parece lo que intentamos rescatar de nuestro desarrollo actual y a donde deberíamos apuntar. En esta puja del desarrollo a costa de todo o la sostenibilidad y un desarrollo técnico que pretende la cooperación entre los agentes oscila nuestra realidad actual, que se patentiza con mayor jerarquía en los últimos conflictos de tierra donde no sabemos realmente en manos de quien está nuestro futuro. Parecía que se había frenado la Ley de Tierras y de repente el poder judicial decide intervenir y obviar a los de abajo.

Quizá el belicismo no deba estar en el ataque, la dominación y el imperio, sino en la defensa de lo que podríamos ser como pueblo, como humanidad y como tierra. Podemos aspirar a un futuro solarpunk y para ello debemos dejar la armonía que proponen las deidades chinas, sí, pero lo punk implica un espíritu revolucionario, que imagine nuevos horizontes y que frene los avances de un progreso ciego hacia la autodestrucción y a la entrega de la tierra a los verdugos de la Pachamama y los carceleros de Prometeo. Liberar al titán y volver a robar el fuego, es una necesidad de los marginados. La rebeldía es la solidaridad por la especie cuando las alas, las garras y las escamas de las bestias se llaman capital.

 

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