Por Leonor Benedetto.
…en presencia mía, o en ausencia, momentánea o la definitiva, alguien dice algo de mí que te molesta, que no entiendes, que te parece falso u ofensivo, que no soy tan buena como digo, ni tan inteligente ni tan sabia. Que no soy buena amiga como ando pregonando, ni mucho menos buena madre.
Si por algún indicio esquivo alguien insinúa que no soy ni fiel ni confiable ni constante. Que soy superficial y no profunda. Que miento, que finjo, que soy huraña, poco sociable, solitaria, malhumorada, autoritaria. Si eso ocurre alguna vez, no me defiendas. Calla, sonríe, aléjate si puedes, pero no rompas una lanza en mi defensa.
Ellos tienen razón. Algo habré hecho… Ese dicho, acuñado antaño en la peor circunstancia imaginada, tiene vigencia todavía. Lo decían, espiando por los visillos bordados a mano de las ventanas pueblerinas, los testigos ocultos de barridas de vidas que ordenaban los reyes de la muerte sobre gente culpable, o no culpable, que se cruzaba en su camino.
Y ha quedado para siempre, cancelando la posibilidad de la inocencia. Esto sucedió cuándo aún no transitabas los caminos de este mundo y permanece porque vivir no es solamente ir llenando casilleros y un día gritar bingo.
Vivir se trata, o por lo menos es lo que me aplico, de poder, en el peor día de tu vida, cerrar los ojos y pensar, “¿de esto se trata?”.
Y si después de prepararte un té, y acariciar a tu gato, te asalta la necesidad imperiosa de cambiar la mirada sobre las cosas, la vida, el mundo y otras frivolidades, cierra los ojos, contempla el horizonte, el tuyo, el de adentro, pincha ese reel y aparecerán dos rayitas, la de la izquierda es la buena, no te indica adónde vas pero te asegura que ese es el camino, a la otra ni la abras, es la que te lleva al desmesurado ego que nos impide la plenitud de la existencia, es la voz de los otros, la que exagera las virtudes de la pertenencia, la que asegura que la vida es un laberinto sin salida.
De los laberintos se sale por arriba dicen, tal vez sea cierto. La condición es aprender a volar, e insistir hasta que te crezcan alas. Las del espíritu crítico, las del amor por la literatura, las del permitir la convivencia con la tragedia del mundo y a la vez, celebrar el milagro de estar vivo.
P/D.1) Siempre todos, todo el tiempo, hacemos algo.
P/D.2) Somos, simultáneamente, acción y consecuencia infinita y eterna.
P/D.3) “Los amantes de la literatura tienen partes de sus mentes inmunes al adoctrinamiento”. Doris Lessing
P/D.4) La mente sin ataduras posibilita el destino.
Ilustración: «Muchacha en la ventana» cuadro de S
