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El creador de La luz de Aetsar

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Por Daniel Posse.

Entrevista a Martín Cáceres

D.P. — Pasaste de los relatos cortos en El umbral a una estructura mucho más compleja y expansiva en La luz de Aetsar. ¿Cómo fue para vos ese proceso de transicionar del cuento a la novela?

M.C. — Para mi fortuna, pero no sorpresa , ha sido algo sencillo y que se ha dado de forma muy natural. Mis cuentos suelen tener una extensión de varias páginas y ya algunos lectores me habían advertido que estos cuentos daban para historias más largas. Así que puedo decir que lo tomé con naturalidad y sin presiones. Ha sido ahondar en preguntas que en los cuentos no me atrevía a hacer por cuestiones de extensión y darle rienda suelta a la creatividad, la cual por suerte en estos momentos de mi vida está muy presente. Eso también ayuda a la hora de escribir algo extenso, dado que no es algo de unos días o semanas, es algo de meses, es un trabajo más exigente.

D.P. — La fantasía oscura requiere una construcción de mundo  muy minuciosa. ¿Cuál fue la primera chispa o imagen mental que dio origen al reino y a la crisis que sufre el joven rey Albar?

M.C. — Un sueño en plena pandemia, la novela ha empezado como un cuento basado en ese sueño, cargado con una atmósfera muy diferente a lo que la historia termina siendo en el papel. Si bien un sueño ha sido la chispa, con el pasar del tiempo han entrado en juego otros factores, mí gusto por la historia, mi interés por algunas culturas europeas y el yo mismo preguntarme qué había más allá de ese cuento, que lugares, personajes, historias. Esas creo son el motor más grande de la novela y las que vienen, las preguntas que surgen sobre el mundo y sus personajes.

D.P. —Adelantaste que las próximas entregas de la saga incorporarán nombres e influencias en quichua y guaraní. ¿De qué manera dialoga la mitología del norte argentino con los cánones de la fantasía épica tradicional?

M.C. — Dialogan muy poco, de seguro habrá otras obras (es imposible incluso hoy en día saber qué libros se producen y qué ideas se están escribiendo en nuestro país) en la que lo hagan, pero quizás desde un lugar muy antagónico, entendible por las diferencias culturales. Mi idea es hacer que dialoguen de una manera más amena, y no solo desde lo mitológico o la fantasía, sino desde lo cultural, generar un híbrido, un qué hubiera pasado si las culturas autóctonas de Latinoamérica llegaban a Europa durante la época medieval, digamos un encuentro en igualdad de condiciones tecnológicas.

D.P. —Santiago del Estero tiene una tradición literaria históricamente ligada a la poesía, el folklore y el realismo. ¿Cómo recibe el público santiagueño una propuesta de literatura de género como la tuya?

M.C. — Con interés, por fortuna hubo un interés genuino desde el público, si bien no fue similar al interés que se tuvo con “El umbral” La luz de Aetsar no se topó con tantas dificultades como yo pensaba en un principio. No ha faltado la pregunta “¿Por qué escribes algo así siendo del Norte Argentino?” A lo que yo respondo que teniendo tanto talento y tantos escritores, Santiago del Estero y sus artistas no pueden quedarse encasillados en los géneros de siempre. Es hora de abrir nuevos horizontes literarios en la provincia desde la escritura, que se de primera manos que los lectores Santiagueños consumen, entonces ¿Que nos impide producirlos nosotros mismos?

D.P. —El rey Albar se enfrenta a la pérdida masiva de sus súbditos y a una amenaza desconocida. ¿Qué es lo que más te interesa explorar de su psicología frente a un panorama tan desolador?

M.C. — La idea central es cómo afronta la crisis alguien que ha “nacido” para gobernar, pero que todavía no llega a la madurez para hacerlo. A lo largo de los capítulos Albar toma decisiones pero siempre es cuestionado por su padre (quien vive aún y le cede la corona por una enfermedad, pero auspicia de consejero real). Es también interesante para mí el explorar está dinámica de gobernante por nacimiento, una costumbre milenaria en muchas de nuestras culturas. Y cómo este derecho de nacimiento no es siempre lo mejor, dado que las decisiones de una sola persona terminan repercutiendo en las vidas de otras miles. Está idea termina siendo también una crítica al poder en el ocaso de la novela.

D.P. —Si tuvieras que armar una «mesa de luz ideal» con los autores o libros que más te inspiraron a escribir esta trilogía, ¿quiénes no podrían faltar?

M.C. — Si me pongo a pensar la lista sería corta a decir verdad, pero con influencias variadas. Tolkien con el señor de los anillos; la clásica lucha del bien y el mal. Homero con su Ilíada también, el cómo una épica está construida sobre mitos, héroes, y la participación de dioses. George R.R. Martin con Canción de hielo y fuego con sus personajes moralmente grises y como la fantasía puede ser interesante sin lo avasallante de tantas especies como orcos, trasgos, elfos, enanos etc. Y H.P. Lovecraft, con su horror cósmico, sus monstruos a veces todo poderosos a veces parasitarios (como el poder) y esa pizca de terror en la que se inspiran los antagonistas de los hombres en la novela.

D.P. —Publicar a través de editoriales locales como Bellas Alas y llegar a espacios como la Feria del Libro de Buenos Aires es un gran logro. ¿Cuáles son los mayores desafíos de difundir literatura de género desde el interior del país?

M.C. — Lo difícil está en generar el espacio donde se hable de estás nuevas novelas que son ajenas a lo que se acostumbra. Uno también debe luchar un poco por tener un lugar en los medios y darse a conocer.  Por detrás de esto, el atraer al público (que ya es habitual del género) para que se anime a leer algo propio es otro desafío por sí solo. El hecho de poder publicar con una editorial con prestigio y reconocimiento a nivel provincial como Bellas Alas es un gran impulso y facilita un poco estás cosas. Así como estar en SUMMA el colectivo artístico del que soy parte hace un par de años y que me ayudó a llegar a la Feria del Libro de Buenos Aires. Grupos así son vitales para generar estos espacios.

D.P. — ¿Cómo es tu proceso diario de escritura? ¿Sos un escritor de «brújula» que se deja llevar por el momento o de «mapa» que planifica cada capítulo de antemano?

M.C. — Suelo tener periodos donde me enfoco en escribir, no soy la clase de escritor que todos los días se sienta y escribe algo en un horario fijo. Normalmente pasan semanas o meses entre periodos donde llega la inspiración y quizá es algo contraproducente. He pasado días y noches enteras encerrado escribiendo y volviendo al silencio después, es más orgánico para mí tomarme estos espacios de por medio.

Y me definiría más por un escritor mapa, al menos en las novelas, tengo planillas de excel de personajes y lugares, así como líneas de tiempo de como va todo. Una vez tengo resuelto lo macro, el principio y el final, me dedico a dejarme llevar por la historia y escribir más cómodo el cómo se llega de un punto a otro. Pero esto no significa que a veces no rompo mis propios moldes, es bueno variar y ser flexible.

D.P. —Sin hacer spoilers, ¿qué pueden esperar los lectores para la segunda parte de esta historia y en qué etapa de desarrollo se encuentra actualmente?

M.C.— Si bien la primera novela es auto concluyente, la segunda es una continuación de la historia. “La sombra del Oeste” Va a empezar un par de meses después del final de la primera parte, no va a tener a Albar como único protagonista, se van a agregar un par de personajes nuevos, sumados a otros que ya han aparecido en la primera parte. Y este elenco de personajes van a dar sus puntos de vista sobre lo que ha pasado en La Luz de Aetsar. Va a ser más extensa, con hilos narrativos dedicados a cada personaje, la cultura de estos (aquí es donde aparece una cultura que se asemeja a las del NOA) y cómo van a ser piezas en el tablero político de Aetsar. 

Es un proyecto ambicioso, ya he definido la estructura del libro, sus hilos narrativos, el principio, el final y el grupo de personajes que la van a protagonizar. Los primeros capítulos de cada personaje ya están escritos, pero está en un párate momentáneo, dado que estoy escribiendo una novela corta, un policial.

 

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