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No es tuyo, es mío

Publicado el

por Milagros Santillán. 

El cuerpo no es propiedad, es presencia.
Audre Lorde.

El caso de Julieta Prandi no es solo una noticia de espectáculos: es un espejo incómodo que nos obliga a mirarnos. Como sociedad, todavía arrastramos una herencia machista y medieval que considera a la mujer propiedad de su pareja, un objeto disponible sin importar si hay deseo o no. Y esa idea no solo es falsa: es peligrosa.

Como sexóloga, pero también como mujer, lo sé en carne propia. En una relación pasada, fui penetrada sin mi consentimiento. No estaba lubricada, no estaba preparada, no había dicho “sí”. Sin embargo, escuché: “yo te trato como yo quiera”. El vínculo afectivo no protegió mi integridad, y eso es algo que nos pasa a muchas.

Cuando hice una encuesta entre mis seguidores, el 90% dijo haber vivido violencia sexual. Un 5% no sabe si lo que vivió lo fue. Esa duda no es casual: crecemos sin herramientas para identificar los límites y sin un concepto claro de consentimiento.

En educación sexual integral (ESI) enseñamos que el consentimiento es un acuerdo libre, informado, reversible y entusiasta. Si falta cualquiera de estas condiciones, no es sexo: es violencia. Pero como no siempre nos educaron así, muchas personas creen que “aguantar” es normal en una pareja, o que el silencio significa aceptación.

Y hay algo más: el consentimiento se da en presente. No se compra con un anillo, no se acumula por haber dicho que sí antes, no se garantiza porque haya amor. Es dinámico y puede retirarse en cualquier momento. No se limita a decir “no”: la falta de entusiasmo, la incomodidad o la ausencia de deseo también son señales claras para detenerse.

El mito del “deber conyugal” sigue vivo. Y desmontarlo es urgente. La intimidad no se trata de cumplir una obligación, sino de compartir un momento donde el deseo sea mutuo. Enseñar y practicar esto es prevenir la violencia sexual.

Porque sí: coger rico es coger con conciencia. Y esa conciencia se aprende, se habla, se enseña y se pide. Que el caso Prandi no sea solo un titular, sino un recordatorio colectivo: nuestros cuerpos y deseos son NUESTROS, siempre.

La pregunta que queda es simple ¿vamos a seguir tolerando que el amor sea usado como excusa para la violencia? 

Por qué el amor, ni nada puede ser excusa para invadir el cuerpo ajeno

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