Por María José Barrionuevo Gallo.
Alberdi en el espejo, ficción histórica realizada por el cineasta tucumano Fabián Soberón, tuvo su avant premiere el 17 de abril en San Miguel de Tucumán y el 13 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires. Desde entonces, la película generó repercusiones, debates y lecturas diversas.
Me parece potente que se problematice a Juan Bautista Alberdi desde un lugar no lineal, alejándolo de una construcción rígida o meramente académica para mostrar también sus tensiones, contradicciones y su dimensión más humana. El cruce entre pasado y presente, a través de Mario —un titiritero que comienza a experimentar transformaciones e identificarse con Alberdi—, contribuye justamente a eso: acercarlo, volverlo discutible y abrir nuevas interpretaciones. La decisión de que el actor tucumano Mario Ramírez interprete tanto a Mario como a Alberdi profundiza ese juego de espejos entre historia, identidad y representación.
Esa mixtura rompe con una historia aprendida muchas veces “de manual” y habilita otras lecturas posibles sobre figuras que suelen pensarse desde lugares más estáticos.
Quizás uno de los mayores valores de la película esté ahí: en haber generado debate, acuerdos, desacuerdos e incluso incomodidad. Porque cuando una obra interpela y deja pensando más allá de la pantalla, probablemente ya produjo algo importante.
Hay algo más: el hecho de que una película sobre Alberdi despierte conversaciones hoy también invita a preguntarnos de qué manera seguimos dialogando con las figuras que moldearon parte de nuestra historia y qué sentidos construimos sobre ellas en el presente.
