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La casa bajo la piel

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Por Sergio G. Lizárraga. 

¿Puede el cuerpo de una poeta ser una casa? En Adriana Lucero, sí. Sus versos convierten la carne en morada: casa de paredes descascaradas, casa de piel y párpados, casa que se pudre mientras alguien la habita. Entre los pliegues de esos espacios domésticos y corporales, la poeta devora su propia lengua en el afán de encontrar las palabras justas para hablar del ahogo, de la hermana, del dolor, de la humedad. Temas que no son otra cosa que metáforas de una existencia que indaga en lo precario: la habitación que se deshace, la inmensidad de algunos huecos, la certeza de que todo lo construido ya lleva el germen del deterioro.

En estos poemas inéditos, la voz oscila entre la pasividad de quien espera ser devorada y la violencia de quien escupe el poema después de masticarlo: “Termina el acto de deglutir / y me quedo / rendida”. Hay en estos versos una materialidad incómoda, las uñas, la saliva, los párpados resecos, los insectos bajo la piel, que ancla la abstracción del dolor a un cuerpo que respira, apaga luces, cierra puertas y ventanas. Ese cuerpo se vuelve entonces un espacio íntimo, una casa siempre repetida, un encierro que solo la llegada de los otros (la hermana, por ejemplo) puede, si no derribar, al menos habitar de otro modo.

¿Puede una poeta habitar los escombros? Adriana Lucero lo hace, y con valentía, para decir y mostrar que debajo de las alfombras siempre hay algo que se nos quiebra.

 

En un tiempo suspendido 

de crisálida 

inundo mi casa

y descascaro sus paredes

húmedas de lágrimas 

que nadie toca.

Hay mosquitos bajo la piel,

hay gusanos bajo las uñas.

Es esta casa podrida

el lugar repetido

donde todo se resquebraja

en sus bordes. 

Nada puedo construir 

sin pensar en su deterioro.

Es por eso que espío

en las ventanas ajenas 

buscando un hogar- refugio

una casa 

que no esté hecha

de costras

de silencios

de humedades.

Busco en vano 

nada encuentro.

Cierro las puertas

me quedo adentro

apago las luces

dejo salir a los insectos

que se esconden

debajo de mi cama.

Me quedo muda, 

silente

y espero a que me devore

tanta 

oscuridad.

(Adriana Lucero. Poema inédito)

 

Tengo el deseo 

en las yemas de los dedos

transmuta en fuego

al tocar la hoja.

Tengo la pulsión 

atrapada en una palabra

que busca colarse

por los intersticios 

de los versos.

Me vuelvo

un ser verbívoro 

que se alimenta solo de poesía.

Y muerdo, mastico,

desintegro con saliva,

escupo.

Termina el acto de deglutir

y me quedo

rendida, exhausta

acostada,  

entre los pliegues de un poema.

(Adriana Lucero. Poema inédito)

 

Desde el otro lado de la piel

empujo

busco el hueco para sacar la cabeza

logro pasar un dedo, 

luego dos

y mis ojos que se van asomando.

Puedo ver lo que habita

del cuerpo hacia afuera

pero no tengo pestañas

y eso me reseca los párpados.

Tanta luz es dañina

me repliego hacia adentro

vuelvo al nido, me enrosco

me hago ovillo

juro no volver a salir.

Desde el otro lado de la piel

hay una cotidianidad abrumadora 

que me atrae.

Sé bien que mañana volveré a asomarme

entre los pliegues de mi dermis

para intentar, 

una vez más, 

el nacimiento.

(Adriana Lucero. Poema inédito)

 

He pedido que no me maten 

pero esparcieron mis cenizas

en un lugar que nunca existió.

He pedido que no me ignoren

pero borraron mi rostro

y tacharon mi nombre

en cada libro que jamás fue escrito.

He pedido que no me silencien

pero mi voz se hizo chiquita

en el eco de la ausencia.

He rogado que no me ensucien 

Pero me llenaron de barro los ojos,

la nariz, los oídos, 

la boca.

He suplicado por mi libertad

pero ciñeron mi cuello

con una cadena de hierro

jamás forjado.

He pedido que no me olviden

y entonces,

alguien me escuchó

me enseñó a gritar bien fuerte,

me limpió los ojos, las manos

me dio un nombre, un rostro, una voz.

He pedido una hermana

y llegaron miles a mi lado.

(Adriana Lucero. Poema inédito)

 

Debo esconder los escombros 

me digo,

no me vean, no me vean

aquí no estoy.

Debo tapar los huecos

me insisto,

no me escuchen, no me escuchen,

no tengo nada importante

que decir. 

Debo borrar mis huellas

cubrir mi rastro,

me obligo,

no me huelan, no me huelan,

hace tiempo perdí mi olor

Quiero ser devorada

por la mansedumbre de los días 

y tapar mi cara, 

vendar mis ojos

coser mis labios, 

silenciar las voces.

Mientras, 

algo adentro se rompe, 

escondo las astillas, 

debajo de la alfombra.

No se acerquen, no se acerquen

aquí nadie murió.

(Adriana Lucero. Poema inédito)

 

En los párpados
se me amontonan mis muertos
se quedan todos ahí
cuando amanezco y anochezco
pesan en mis ojos escuálidos
y no me dejan mirar
la luz que sacude el polvo.
Aquí, en los párpados
los siento adherirse
aferrados como recuerdos
sopapas en lo oscuro
(sanguijuelas de lo eterno)
He decidido no abrir más mis ojos
por el esfuerzo que producen
por la fatiga hueca
por el dolor sordo
porque tantos juntos
pesan.

Hoy

un muerto
se despegó de mi párpado izquierdo

ágil, ha reptado
hasta   colgarse
en 

silencio

de mi última 

pestaña.

(Adriana Lucero. Poema inédito)

 

Adriana Guadalupe Lucero nació en San Miguel de Tucumán, el 17 de enero de 1983. Es Licenciada en Letras, Profesora de italiano, Magister en Tecnologías de la Comunicación, Profesora de Educación Musical, investigadora y escritora. 

Entre sus publicaciones se destacan: “El Guardián” (2011, Plan Nacional de Lectura); los libros de cuentos Extraña Presencia (2013, Ed. del Parque), Entre Sombras y sueños (2015, Ed. del Parque), Vuelta al deseo en cuarenta mundos (2017, Ed. del Parque); En las Tierras de David, antología de microrrelatos (2022, La Aguja de Buffon Ed.); Reunidas, antología de poetas tucumanas (2022, Tafí Viejo Ed.); Coordenadas, 4° Festival de Poesía de Boedo, antología poética (2024, Clara Beter Ed.);  Fervor de Tucumán II, antología de microrrelatos (2024, La Aguja de Buffon Ed.), y el poemario Más allá del borde (2025, Puerta Roja Ediciones).

Actualmente se desempeña como docente de italiano en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT, en el Instituto Superior de Música y es personal adscripto en la Dirección Artística de Letras del Ente Cultural de Tucumán. Además, es miembro de la Asociación literaria de microrrelatistas “Dr. David Lagmanovich”

 

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