Por Fabián Soberón.
¿La muerte es el no ser? No lo sé y no lo puedo afirmar. Si la muerte fuera el no ser una tarea de la vida sería aceptar el no ser. Aceptar el no ser podría ayudar a pensar con humildad nuestra existencia. Existimos para dejar de existir. ¿Dejar de existir forma parte de la lógica de la existencia? No sabemos si la existencia sigue una lógica. Este es uno de los misterios de la vida. La muerte –y no el sentido de la muerte– es uno de los enigmas fundamentales.
El mayor enigma es la muerte, pero no porque piense en lo que hay después de la muerte. La muerte es parte del ciclo natural de la vida. “He nacido para morir”, dice Don Quijote. Lo que se cifra en la idea expresada por Don Quijote es que en la vida está inscripta la posibilidad indubitable de la muerte. Salvo los dioses y los ángeles, todos los seres vivos nacemos para morir. La muerte se convierte en un enigma porque tenemos la posibilidad de pensar en la muerte. Ante nosotros aparece la pregunta por el sentido de la vida y el sentido de la muerte. Si la vida tiene “un” sentido entonces la muerte es lo que cierra el sentido, cierra la posibilidad de que haya sentido. ¿Cuál es entonces el sentido de la muerte? Pareciera que la muerte no tiene sentido. ¿Es precisamente por eso que la muerte se convierte en un enigma? Desde el punto de vista biológico la muerte es una etapa de la vida. Desde el punto de vista de la conciencia de la muerte esta es indefinible, indigerible, insoportable. Es como si quisiéramos ser inmortales a pesar de que sabemos que no lo somos. En eso radica la paradoja del vivir. Vivimos para morir pero no aceptamos que la vida tenga un cierre del sentido.
¿Y qué sucede si pienso que la vida no tiene un sentido prefijado? En este caso la muerte tampoco tiene sentido. En contra de lo que sostiene Heidegger, la muerte no le da sentido a la vida. Acarrea mucha dificultad definir a la muerte. La muerte es, como la felicidad, difícil de definir. Por tanto, sospecho que la muerte escapa a la posibilidad de ser cercada por el pensamiento filosófico.
¿Qué puede hacer la filosofía con la muerte? ¿Puede ayudarnos a morir mejor? ¿Qué significaría morir mejor? La filosofía tiene un límite con la muerte: esta es una equis, un enigma. La muerte es indefinible, es un muro imposible de saltar. La filosofía no puede asirla. Y si no puede atraparla –en una definición– la filosofía no puede hacer nada con la muerte. A diferencia de lo que sostiene Platón, la filosofía no nos prepara para la muerte. Nada nos prepara. Ni siquiera la vida misma.
