Por Marcela Zadoff.
La obligación primaria de la inteligencia es desconfiar de ella.
Stanislaw Jeay Lec
La tentación de resolverlo todo, o mejor dicho de tener todo resuelto, nos hace incurrir en errores. Muchas veces buscamos que otro solucione, ya sea una autoridad (paternalismo), un líder mesiánico (populismo); o simplemente nos vamos, nos desconectamos mediante una elegante vía de escape… o postergamos ad aeternum (procrastinación).
Hoy nos encontramos con la fantasía de la inteligencia artificial, vista como un súper cerebro accesible y dócil. Un gran solucionador con todas las virtudes. Pero quién tiene el control…
En dicha estantería meticulosamente ordenada (que no refleja las luces y sombras del cerebro humano), la inteligencia artificial es una herramienta laboral estupenda, alimentada de la mediocridad vigente. Por eso resuelve rápido y es aceptada por la mayoría de las personas. Por fin llegó la Robotina de los Supersónicos a solucionar en segundos lo que nos demoraba horas de rutina.
Asimismo, mientras EE.UU. y China compiten en eficientizarla, la permanente expansión de la Inteligencia Artificial plantea un escenario en movimiento (como aquellos carromatos de la Edad Media), donde quien se queda quieto, se cae. La pregunta es quién alimenta esta Alejandría y cómo es garantizada su habilidad.
Funciona de maravillas respecto de los avances científicos, democratizando el acceso a la información como en su momento lo hizo internet, como en la antigüedad la imprenta.
En lugar de la vida, impredecible y juguetona, tenemos ya un compendio enorme dispuesto a aplastar la novedad en aras de lo conocido (lo aceptado). Entonces haríamos bien en sentirnos interpelados, como testarudo que gira el vaso buscando el asa para que sea taza… porque ella no nos pide permiso para reemplazarnos y para “tapar el bosque” de las ideas nuevas. Aquellas que revolucionan las ciencias y artes, porque descubrir no es sólo des-velar. Es imaginar.
Al mismo tiempo, los beneficios podrían ser enormes si se planteasen como un ágora donde todos fuésemos ciudadanos con derecho a aportar ideas propias. Pero no, ella refleja a la perfección el esquema de la cultura dominante que fue planteado por un joven Bourdieu en los noventa.
¿Dónde hay espacio para la creatividad? No un estante de biblioteca sino un racimo que se expanda, ya que el arte debe ser producto de la imaginación. El feroz palimpsesto de la IA es un derroche de mediocridad reiterada.
¿Dónde, para la ética de pensar y repensar…? Cuando se nos ofrece un combo de hamburguesa de información, a gusto del consumidor. Eso nos deja la IA, a veces es una herramienta, más o menos filosa, a veces un objeto que nos fija como meros consumidores de lo que ya está legitimado en el discurso social.
Dónde tendremos un espacio para encontrarnos… para dialogar, para confrontar (base real del aprendizaje).
¿Dónde la doma deja lugar a la rebeldía?
“En este contexto, la filosofía y la educación no representan vestigios de un mundo superado; al contrario, se consolidan como pilares indispensables para orientar críticamente un desarrollo que, sin una brújula ética y humanista, corre el riesgo de deshumanizar a quienes dice servir”, dice Oscar A. Angulo Favela, director del Posgrado en Filosofía y Educación de la Universidad Autónoma de Guadalajara.
Hoy la filosofía está indagando en estos procesos y también en la Felicidad, otro cuestionamiento imprescindible a la hora de ser humanos ante la máquina. El saber, el deseo, la ilusión de poder de los egos hiper expuestos en la era selfie… ¿Qué excluye?
Es una maquinaria que en tres segundos te responde y te ofrece… por ejemplo, si le pido una nota sobre el exitismo para publicar en Fuga de Noticias, la escribe y me pregunta si deseo agregar algo más. Es una enorme fantasía de omnipotencia, que haría brillar mi nombre borrando mi identidad, porque reemplaza mi pensamiento con ideas socialmente aceptadas.
Un cóctel para el Mundial ha sido la canción “Muchachos” y se ha remixado ad infinitum, buscando gustar para cobrar. Se arma con el Diego y el Leo, los pibes de Malvinas, la tercera / la cuarta…
Gustar para cobrar. ¿Seducir? Coincide con “prostitución”.
La educación también puede caer en la tentación de ser una copia barata amalgamada con IA (la misma que reemplaza la fotocopia amarillenta), en la cual se adaptan tecnologías a la misma cubetera ajada y fregada con lavandina.
Entonces no está tan mal mirar a los países más avanzados. No para calcar con exactitud, sino para saber por dónde van abriendo senderos.
China incluye Inteligencia Artificial desde la primera clase del nivel primario. Integra programación y manejo de datos con la alfabetización en IA, hasta la comprensión de «agentes inteligentes» y algoritmos más complejos. Se la considera una habilidad básica, similar a aprender inglés o matemáticas. Pero no deja de lado el desarrollo de hábitos saludables y habilidades cotidianas.
Porque el cambio de mentalidad hacia la IA no debe estar reñido con principios de educación tradicional como sucede en Finlandia, que recupera la escritura a mano y en letra cursiva. Ese lazo que une las vocales con las con-sonantes que suenan con ellas, es la misma dendrita que nos permite pensar. Son los lazos de esos racimos de ideas…
El correlato entre las formas de decir y las de pensar tiene que ser un objetivo de la formación de seres pensantes, con juicio crítico y una estructura ética no negociable. La esencia del aprendizaje conlleva un enorme Poder: sentir y expresar, en la unicidad de cada ser humano. Vincularnos desde esa sabiduría de seres únicos e irrepetibles.
La Inteligencia Artificial es lo contrario, hasta que giremos el vaso y sea taza. Somos ingeniosos y tenaces, una combinación pocas veces superada.
El mundo tiene sentido porque no funciona solo. Nos plantea dilemas, nos involucra en un desafío: la respuesta siempre es la misma.
La felicidad necesita de base una vida sana, incluyendo la familia, nuestros afectos, vínculos sanos, creatividad y dominio de las herramientas entendidas como tales. En nuestros días, en medio de tremendos logros, mantener nuestro juicio crítico y autonomía para decidir es indispensable.
