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Una mujer interesada

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Por Leonor Benedetto. 

Cuando en un reportaje el encargado de la tarea comienza por enumerar películas, obras de teatro, telenovelas, o cualquier otro hecho artístico en el que he intervenido, cómo manera de comenzar una charla cuyo objetivo debería ser la comunicación entre dos personas, pierdo interés rápidamente. Pero en un caso reciente apareció una curiosidad que hizo que me contuviera antes de responder. 

La pregunta fue: “Hiciste alguna vez algo por interés?” Y yo, que cada día me propongo tareas para ser un poco mejor que el día anterior, simples en apariencia, pero a veces contrapuestas, contesté: “Sí”, “¿Cuáles?”, insistió, “Todas”, contesté. Obviaré el resto de la conversación por previsible y prejuiciosa. Sabido es que el lenguaje surgió como necesidad irreemplazable para expresar las ideas. 

El humano ancestral necesitó un sistema de símbolos, visibles y audibles, para comunicarle a otro humano que, si cazaban juntos el mamut, habría alimento para todos. 

Y es evidente que aceptó porque de lo contrario no estaríamos aquí, demostrando además que había dado comienzo La Era de la Cooperación. ¿Lo hizo por interés? Sí. ¿Hizo mal? No. ¿En qué momento del devenir de la historia del lenguaje y por qué, sacralizamos algunos conceptos y demonizamos otros? ¿Por qué está mal visto hacer las cosas por interés? Porque hemos despojado a ese término de todo lo que no sea interés material. 

Trepar es otro verbo mal habido para los bien pensantes. En la infancia era un goce asaltar los árboles de los huertos vecinos y robar fruta madura para comerla en el silencio espeso de la siesta pueblerina. 

Y para lograrlo hacían falta buenas piernas, coraje y alegría. Hoy trepar está asociado a los inescrupulosos que caminan sobre gente para lograr ascenso social y más dinero. 

Convertir nuestro hablar cotidiano en un mínimo diccionario con un puñado de vocablos, no es bueno para nadie. Los, “yo que sé, los bla bla bla, los tipo…” estrechan nuestros canales de comunicación. Porque tampoco utilizamos la mímica ni el lenguaje de señas.  

Confieso ser una mujer interesada, en saber otros idiomas, en la etimología de las palabras, en los sinónimos, en los antónimos, los endecasílabos y las metáforas. Y en saber cómo se dice amor en todos los idiomas de la Tierra.

Leonor Benedetto

P/D.1) Nuestro abecedario contiene solo 27 letras y con ellas podemos formar millones de palabras.

P/D.2) “Qué buen idioma el mío! ¡Qué buena lengua heredamos de los conquistadores!” Pablo Neruda.

P/D.3) “Los dioses tejen desventuras para los hombres para que las generaciones venideras tengan algo que cantar”. Homero.

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