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EL ARTE Y SUS PERFILES CONTRADICTORIOS

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Por Susana Maidana.

                 El arte tiene, a lo largo de su historia, una doble dimensión, por un lado, hubo artistas que fueron quienes hicieron abierta propaganda a las ideas centrales del nazismo. En efecto,  Werner Peiner, Adolf Wissel y Conrad Hommel se caracterizaron por  obras afines con ideas del nacionalsocialismo. 

                 Peiner realizó obras de estilo monumental, emulando la “grandeza” de este oscuro ideario. Wissel hizo escenas que mostraban la pureza de sangre y tierra, que signaron este monumento al horror. El broche más significativo fue Hommel, quien retrató a Hitler y a personeros del régimen. 

                       Muestras artísticas que fueron prohibidas y calificadas como “arte degenerado” posteriormente. Walter Benjamin fue un filósofo y ensayista que nació en Berlín es 1892 y murió en 1940 en España, entre cuyas obras figuran Para una crítica de la violencia, El origen del drama barroco  alemán, La obra de arte en la época de la reproductibilidad  técnica, entre otras. Su visión sobre el arte es sumamente interesante porque afirma que  el arte no puede independizarse de la política. ni de las innovaciones tecnológicas. 

                Hay una estética que promueve la violencia, como los 3 casos que vimos. El Guernica de Picasso es la contracara de esta visión, al cuestionar la guerra, la muerte, el asesinato. 

                  El arte, como cualquier expresión humana no es inocente porque puede proponer la deshumanización o la humanización. Hay un arte que se regula según mandato de poder y otro que ofrece resistencia. 

                 Según Byung Chul Han, filósofo surcoreano nacido en 1959, hace un análisis crítico de las sociedades neoliberales actuales, que tienen una violencia interna que vuelve todo igual, tiñéndolo de positividad.

                Nuestro tiempo se caracteriza por la positividad porque elimina lo diferente, lo doloroso y genera una autoexplotación cruel porque obliga  a ser feliz, consumista y productivo.              

                 El pensador surcoreano se formó en Alemania y fue un seguidor y estudioso del existencialismo de Heidegger. La sociedad del cansancio es el título de una obra muy sugerente de Han, que describe a sus habitantes agotados en el camino del consumo y de la eficacia. 

                En este panorama está presente la dialéctica hegeliana, que marca el recorrido de la filosofía contemporánea.  Una nota muy peculiar del pensador es su reivindicación de lo negativo, que nos protege, desde la conciencia, de nuestra finitud y vulnerabilidad. La sociedad actual elimina la tristeza para transformarla en productividad incansable. 

                  La resonancia de Heidegger, padre del existencialismo, es evidente, especialmente, de su texto Serenidad Gelassenheit– en el cual Heidegger distingue entre un pensar calculador, propio del cálculo de beneficios y el pensar reflexivo, que pausa la sumisión a la técnica. Dice no a ser sometido por la técnica y en ese no, se afirma la defensa de los derechos y la posibilidad de la  reflexión.  

                    Byung-Chul Han afirma que «sin herida no hay verdad»  en su libro «La salvación de lo bello» (publicado en alemán en 2013). Belleza y verdad requieren negatividad y no positividad. La verdad de lo bello, según Byung Chul Han, requiere de la negatividad para  poner fin al consumo, en la medida en que la verdad de lo bello aspira al asombro, al dolor. A diferencia de lo que sucede en nuestro tiempo que busca evitar el dolor, de modo de no reconocer la importancia de las heridas y de la negatividad. 

              Han rescata  el diálogo El banquete de Platón, según el cual lo bello no reside en una belleza exterior sino  que constituye una idea en sí misma, lo  bello en sí mismo. Según el filósofo griego, ante lo bello, el alma humana, inmediatamente, crea algo bello, gracias a Eros, cuya energía engendra lo bello. 

                En este punto, me detengo en ese maravilloso mito de Eros de Platón, en el Banquete, que simboliza al filósofo, que reconoce sus carencias, que se originan en Penía, su madre, que estaba despojada de todo, dormía en la calle, mientras que su padre era  poderoso y  ansiaba el saber.

                  Según Heidegger, mentor de muchas ideas de Byung Chul Han, la verdad del ser es un acontecimiento La obra es el lugar que encarna el acontecimiento de la verdadLo bello no es la obra como producto, sino la verdad que sobresale, resplandeciendo.

                    En la actualidad, lo bello no es más un acontecimiento de la verdad, no hay eros que proteja del consumo, según el pensador surcoreano.         

                   La vinculación entre el arte y la verdad, nos retrotrae a la concepción heideggeriana de la verdad, entendida no como concordancia entre el juicio y la cosa sino como aletheia que, en griego, significa desocultamiento, descubrimiento,      

                    Heidegger analiza la obra de arte de Los zapatos de Van Gogh y dice que el cuadro muestra  y desoculta el cansancio de la campesina, su andar, agobiado por el trabajo. Por ello, dice Heidegger: “el cuadro habló, expuso la verdad” al mostrar el mundo de la labriega. 

                En este punto , es conveniente recordar que la filosofía moderna distingue entre los juicios fácticos y los valorativos y  que mientras los primeros se centran en la adecuación entre el juicio y el objeto; en los valorativos opera el gusto toda vez que no hay criterios absolutos, no hay concordancias sino que opera el juicio del sujeto. Es el sujeto el que determina lo bello o lo feo.         

                 Según Nietzsche, el arte nace del conflicto entre lo dionisíaco y lo apolíneo, que chocan sin que la violencia  desparezca totalmente sino que oculta la crueldad, sin omitirla.       

                Por su parte, Michel Foucault  piensa que el arte no es externo al poder y se destaca por ofrecer resistencia al poder. Esos dos perfiles contradictorios anidan en el arte. 

               En síntesis, el arte no es ajeno al poder, al punto que Byung Chul Han afirma que las sociedades actuales presionan y producen un agotamiento emocional, reacio a la reflexión. No hay lugar para la pausa debido al cansancio permanente a que nos conduce el mundo actual. 

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