Por Leonor Benedetto.
Cada vez que encuentro una reseña que se supone me describe, ya sea en la veterana Google, el conocido Chat GPT, o las recién nacidas Gemini o Claude, me sorprende la falta de especificidad que posee la información.
Los datos argentina, nombre completo, sexo, fecha de nacimiento, actriz, directora y poco más, corresponden a innumerables mujeres de este país que se dedican, nos dedicamos, a la profesión de mentir con más o menos gracia a un público que nos otorga anuencia para ejercer el oficio y que además nos paga para ello.
Es verdad que hay grados diferentes de excelencia, me ha sucedido caer en un agudo síndrome de impostura preguntándome con frecuencia, ¿por qué a mí?, ante la materialización de un proyecto soñado, cuando podría haber recalado en varias talentosas actrices que lo harían mejor que yo.
Pero eso a los bancos de datos no les interesa en lo más mínimo. Entonces ¿qué? ¿Cómo haría un marciano para dar conmigo? ¿Qué particularidades tiene mi manera de vivir las que, explicitadas, facilitarían el encuentro entre el marciano y yo? Si se entera de que me doy duchas de agua fría tanto en invierno como en verano tal vez reduciríamos el número de aspirantes.
¿Moverá el amperímetro si llega a saber que me pongo perfume para participar de un zoom? No creo. De seguir esa pista es probable que llegue a la persona equivocada.
Entonces tomo una valiente decisión, me inscribiré en una app de citas: “Mujer relativamente calma, muy independiente, su actividad preferida es leer, elige el silencio al ruido, la soledad a las multitudes, escribe y ama los gatos”. Termino de escribir esto y recuerdo haber leído que existe una unión histórica e indestructible entre los escritores y los gatos.
Pero para acogerme a ese beneficio tengo que declararme escritora y ni siquiera sé si lo que hago es literatura. Y aunque Aldous Huxley haya aconsejado a un alumno: “Si usted quiere escribir, tenga gatos”, juro sobre las obras completas de Shakespeare que no amo a los gatos para que me llamen escritora.
Aunque nunca jamás en una reseña de una base de datos agreguen “Escritora” a mi nombre y profesión, viviré con ellos y permitiré que vagabundeen ronroneando sobre la mesa en la que escribo, duerman sobre la computadora, y calienten mis pies cual manta tibia en las noches frías del invierno.
P/D.1) Borges, Colette, Baudelaire, Doris Lessing, Hemingway, María Elena Walsh, T.S. Elliot, son algunos, entre muchos escritores, que dedicaron inspiradas palabras a sus gatos.
P/D.2) En “Oda al gato” Pablo Neruda celebra su libertad, su erotismo, y su indiferencia hacia los humanos.
P/D.3) IN MEMORIAN: Gertrudis, Rosita, Malinche, Chunchuna, Felicia, Petra, Lorenzo, Filipo, gracias por la compañía, el amor incondicional y la belleza.
P/D.4) Larga vida a Filomena, la malhumorada que vive conmigo.

Lo de los gatos es verdad , yo los amo porque ellos te eligen o no , pero no creo que eso alcance para definirte cómo escritora ….. pero si que son inspiradores . Leonor querida , vos SOS una escritora consumada , no entres en ninguna impostura , no es necesario . Solo cree en ti !