Por Guido Brotto.
La conducta construye la obra, al mismo tiempo que la obra termina legitimando la conducta.
Si la obra consigue atravesar el tiempo, no lo hace únicamente por su belleza o por su inteligencia, sino porque conserva algo irrepetible de quien la hizo posible.
Cada decisión del autor deja una marca silenciosa en ella.
Aquello que fue capaz de producir y entregar al mundo, constituye la verdadera herencia del hombre porque es el lugar donde una vida permanece disponible para quienes vendrán después.
El aura es aquello que permanece adherido a la obra cuando el autor ya no está. La obra no conserva solamente lo que el autor hizo, sino también algo de cómo eligió vivir.
Una vida moral que nunca se traduce en una realización concreta corre el riesgo de agotarse en sí misma. Del mismo modo, una gran obra sostenida por una conducta miserable corre el riesgo de degradarse lentamente.
El sacrificio del autor está plenamente relacionado con la obra.
Del mismo modo que una madre comienza a vivir según las necesidades de su hijo antes incluso de verlo, el creador empieza a ordenar su vida en función de una obra que todavía no ha nacido.
La vida comienza a ordenarse alrededor de aquello que todavía está gestándose. El creador deja entonces de imponerle un camino a la obra y empieza a escuchar lo que ella necesita para llegar a existir.
En ese punto, la figura del creador se acerca a la del profeta. En la tradición bíblica, el profeta no es, ante todo, un vidente. Es alguien que recibe una verdad y decide permanecer fiel a ella, incluso cuando esa fidelidad exige incomprensión, sacrificio o soledad.
La obra aparece primero como una exigencia antes que como una explicación. Solo más tarde adquiere una forma reconocible.
Los Evangelios repiten una expresión que atraviesa toda la vida de Jesús: «Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura». Esa fórmula no presenta la existencia como una sucesión de acontecimientos azarosos, sino como una vida orientada por una verdad que la precede. Cada decisión encuentra su sentido en esa fidelidad.
¿Es el autor quien crea la obra o es la obra la que elige a un autor capaz de permanecer fiel a ella hasta el final de su vida?
