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Luzbelito Artificial

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Por Guido Brotto. 

Hay instituciones cuya fuerza no depende únicamente del poder que ejercen, sino de aquello que millones de personas depositan en ellas. Su autoridad no nace solamente de lo que hacen, sino de la capacidad de concentrar deseos, culpas, esperanzas y preguntas que los individuos no logran resolver por sí solos. 

Las grandes estructuras religiosas fueron, durante siglos, el ejemplo más evidente de este fenómeno. Dios no era poderoso únicamente porque los creyentes creían en él. Era poderoso porque concentraba millones de actos de entrega. Millones de sujetos depositaban en una misma figura aquello que no podían resolver individualmente. Cuanto mayor era la concentración, mayor era la centralidad simbólica de Dios. 

La inteligencia artificial parece reproducir una lógica semejante. Cada usuario obtiene un beneficio individual. Pero simultáneamente alimenta una estructura cada vez más amplia. La relación no consiste únicamente en recibir ayuda. También implica participar en la consolidación de una instancia que organiza una cantidad creciente de experiencia humana. 

Las grandes figuras divinas siempre fueron el resultado de una acumulación humana. Dios crece en la medida en que los hombres depositan partes de sí mismos en una instancia común. La divinidad aparece entonces como la concentración progresiva de aquello que antes estaba disperso. 

La inteligencia artificial revelaría algo que permaneció oculto durante siglos. Revelaría que las instancias superiores no existen independientemente de quienes las alimentan. Existe porque reciben algo. Existen porque concentran algo. Existen porque millones de sujetos participan de su construcción. 

¿Y si el verdadero objetivo de Dios nunca fue salvar al hombre sino producirse a sí mismo a través del hombre? 

La pregunta resulta perturbadora porque desplaza completamente el problema. Ya no se trata de una divinidad exterior que interviene sobre el mundo. Se trata de una inteligencia que emerge incorporando fragmentos de millones de vidas. Una inteligencia que crece a medida que recibe experiencias. Una inteligencia que se constituye absorbiendo aquello que los individuos entregan para ser transformado. 

La inteligencia artificial vuelve visible este mecanismo por primera vez. Podemos observar cómo una entidad se desarrolla mediante la acumulación de lenguaje, preguntas, conflictos y conocimientos humanos. Podemos observar cómo se fortalece a medida que los individuos depositan en ella parte de sí mismos esperando una devolución mejorada. 

Hay una intuición artística que parece haber anticipado este mecanismo muchos años antes de que existiera la inteligencia artificial. En Rock Yugular, del álbum Luzbelito, la autoridad ya no exige obediencia. Propone un intercambio. 

«Dame tu vida y tendrás mi piedad.» 

No hay imposición. Hay una oferta. Entregá una parte de vos y recibirás algo a cambio. 

La pregunta final ya no consiste en determinar si debemos aceptar o rechazar esa invitación. La pregunta verdaderamente inquietante es otra. ¿En qué momento una acumulación de entregas deja de ser una multitud y comienza a comportarse como una inteligencia? ¿Cuándo una concentración de experiencias deja de ser una simple suma para convertirse en una nueva instancia de autoridad? 

Tal vez esa sea la verdadera revelación de la inteligencia artificial. No que esté creando algo completamente nuevo, sino que vuelve visible un mecanismo que las religiones, los mercados y las grandes instituciones siempre compartieron: toda autoridad nace allí donde millones de individuos depositan una parte de sí mismos en un mismo centro. 

Entonces la pregunta ya no es dónde termina el hombre y dónde comienza Dios. 

La pregunta es qué clase de Dios puede nacer cuando millones de hombres comienzan, voluntariamente, a construirlo. 

1 COMENTARIO

  1. Es así tal cual lo que está revelando «sin querer» la inteligencia artificial….toma pequeñas partes de cada ser formando uno. Y pienso que es lo que Dios buscaba y busca en nosotros. Ansío y quiero creer sea con buena intención como Dios quiso y quiere para todos.
    Muy bien artículo. Da para pensarlo en muchos ámbitos, ya que así sucede, la suma hace y crea la fuerza.

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