Por Sergio Lizárraga.
«Ya no te busco en carne, ni en noctámbulo jadeo / sino más bien / en la sinuosa aquiescencia de los verbos». En estos versos es posible encontrar una condensación de la poesía de Jalile, el deseo ya no se persigue en el cuerpo, sino en el lenguaje. La palabra no ocupa el lugar de la carne, la extiende. El poema para Jalile es a la vez refugio y herida, un espacio donde el yo puede desnudarse.
La poeta revoluciona la quietud de la palabra construyendo un mundo confesional, sin privarse de estruendos ni de susurros.
Como sostiene G. Gómez Saavedra: “Los poemas de Lily Jalile se perciben como un remolino de espíritu deductivo, que debe su fuerza interna a todo lo que pudo absorber del universo que lo rodea”.
ARS POETICA
Mi corazón anudado a tu palabra
resucita las claves.
Quédate en mí
como la nítida oriflama del triunfo
en una mañana de versos y trompetas.
Ya no te busco en carne, ni en noctámbulo jadeo
sino más bien
en la sinuosa aquiescencia de los verbos
que saltan de tu boca a este lado izquierdo
de las ganas y el deseo.
Te escribo
porque el día hace frío
y me instala estalactitas en las venas,
porque ya no me es posible
eludir esta cifra en que tu aliento se destapa
y me destapa.
Di algo como un soplo volcánico
que apague este hielo
o lo eternice:
ya no es posible
la prolongada agonía del silencio,
sobre todo, si es tan bella
tu mano despertando mi cintura
con once sílabas de escolta;
ya no es posible acallarte
si va a seguir tu cuerpo
lento
grave
ineludible,
tentándome la eternidad
en una estrofa.
Finalmente
Hay que ser capaz de decir basta
antes de que el alba nos escupa en la cara
su harapo funerario de desvelo
camuflado de promesa, una vez más.
Hace falta en estos días, simplemente,
ambular sin cábala o testigo,
sencillamente doliéndonos por dentro
el no más limpio y ácido y amigo.
Es necesario abrir la puerta y que el silencio
nos bienvenga sin espejismos de calor;
arrimar el sillón, el libro, el cenicero
sin desembolsar treinta denarios, sin fervor.
Se hace imprescindible desechar, al fin y al cabo,
el timbre y el teléfono, sin más,
ponerse cómodo, soltarse en el regazo
de uno y acunarse y olvidarse y celebrar.
NEC PLUS ULTRA
Habrá que morir un poco más en este día,
apagar el latido estéril de cenizas,
abolir el arco iris, engrisarlo,
y enmudecer el torrente, evaporarlo:
Es tarde. Como nunca antes, tarde.
Érame la vida un arroyo cerval, prospecto,
una tarde sin ocaso fluyéndome despierta
y entonces el escurrir sin pausa y a destajo
yo no sé cuándo crepúsculo ni cuánto,
no más vertical en su talud de musgos,
ya no más, ni nunca, ni mañana.
¿Dónde está ese latir y quién ahora?
¿Acaso será que en esta horizontal arena
se va a morir sin ebullir su muerte,
sin gárgaras ni adiós ni losa blanca?
EN POLVO, EN SOMBRA, EN NADA…
(A una telaraña del jardín)
Sobre el tenue polígono torzado,
la cáscara vacía de una mosca
profana, con su oscura imagen tosca,
la hechura perfecta del labrado.
Un poco más allá, a su costado,
yace también, etérea y hosca,
otra de ocho patas que se enrosca
al soplo de la brisa, sin cuidado.
No es la seda sutil que trae la muerte
ni aun saber la nada de su suerte
lo que puebla el desvelo del insecto,
sino advertir en la mirada parda
del abisal verdugo que lo aguarda,
otro y mismo pretérito perfecto.
ESTA HUELLA…
Esta huella mojada de mis besos,
¿quién te dijo que puede ser borrada?
Es signo y blasón, marca sagrada
con que unjo tu cuerpo hasta los huesos.
Óleo ceremonial, que en los procesos
devotos de la entrega, abrumada,
la copa de la sangre germinada
nos derramó sobre los cuerpos presos.
Ya nada es yermo en ti: te fertiliza
la liturgia ancestral en que nos damos.
Ven a tomarme, amado, ya no temas,
que hay un íntimo altar que sintetiza
las palabras que nunca pronunciamos:
ven a cambiar tus piedras por mis gemas.
METÁTESIS
Éste es el sitio, mi hora ya dilecta.
Es la calle precisa, la genuina
conjunción de mi huella, que ilumina
este farol con timidez perfecta.
Soy esa luz, la sombra que proyecta
sobre esa luz el árbol de la esquina,
y el horizonte, que alguien adivina
bajo una luna oculta o circunspecta.
Me veo en cada cosa de mi entorno,
me siento en ella única y entera.
Hacia las cosas voy, de ellas retorno
como el agua de Heráclito, viajera,
que roe voraz la piedra del contorno,
y es agua al fin, y piedra verdadera.
Lily Jalile (Concepción, Provincia de Tucumán, 1953). Profesora en Letras (U.N.T.); ha desarrollado su actividad como docente en los niveles primario, secundario y terciario. Es también directora de coros. Publicó Uno y los otros y Ausencias (relatos y cuentos), y Como si no (poesía). Poemas y microrrelatos suyos fueron incluidos en antologías de España, así como colaboraciones de crítica literaria en revistas tucumanas.
