Por Jorge Navarro Morán.
Lo que hoy es caer mañana será volar.
Dicen que, como esas cosas que aprendés de chico, no te olvidás más: subirte a la bicicleta será una de ellas; así también, comprarte unos verdes, pasarte a pesos y de los pesos volver a los verdes.
En Argentina, la bicicleta tiene diversas formas, pero la más famosa —la que más golpes tiene— es, sin duda, la esperanzadora bicicleta financiera. Es decir: vender dólares, depositarlos en plazo fijo o en bonos del Banco Central a una tasa excesivamente elevada, con retornos que parecen inalcanzables.
Y la vida, en este concepto circular y paradójico, se sucede como en el barrio, donde salías con tus amigos a andar en bicicleta y los que no tenían solo miraban cómo el resto pedaleaba y se divertía. Así, en Argentina, el eterno retorno de la bicicleta financiera genera la misma sensación: unos miran y otros pedalean. Obvio que son más los que miran que los que pedalean.
La economía, entonces, se paraliza un poco más todos los meses. Cuanto más sube la tasa del paradójico retorno del interés del plazo fijo o de los bonos, más se benefician los que andan con bici de competición.
Sería algo así, en la jerga cotidiana: bicicleta mata galán. Y sí, la economía se detiene, ya que ninguna inversión puede generar una rentabilidad sólida tan elevada como poner pesos en un plazo fijo que crece a un 35% anual con un dólar totalmente planchado.
Y como en el barrio, el problema de siempre era que unos cuantos tenían bicicletas de competición, que funcionaban mejor que la tuya y andaban más rápido. De igual manera, hay algunos que traen plata de afuera, unos frescos y poderosos dólares para comprar pesos. Porque, como toda andanza en bicicleta, es más linda entre amigos, y porque, como en tantas cosas de la vida, las casualidades son pocas: tenés que ser amigo del que baja la banderilla y dice cuándo se termina la carrera.
Lo importante, como en toda carrera en bicicleta —y en especial en esta—, es saber con claridad meridiana cuál va a ser la última vuelta, en qué momento conviene bajarse de los pesos y sentarse en los dólares antes de que la música se corte.
De modo que el eterno retorno siempre va a ser lo mismo, una vez más: cuando pare la música, hay que poder quedar sentado, como en el juego de la silla, o “adivinar” a qué hora empieza la estampida. Y aunque todo dependa del que maneja la música, del dueño de la palanca de la calesita o de quienes salgan primeros en esa representada y pornográfica estampida, es aquí donde los preceptos bíblicos se invierten: aquí, los últimos no son los primeros. Los primeros son siempre los primeros, y los últimos, los últimos. Al que madruga, el carry trade lo ayuda… ojo: la gula es un pecado capital, y es preferible bajarse antes que después.
Como en todos los casos y en todos los órdenes de la vida, habrá que estar atentos a las señales. Generalmente, es cuando los muchachos de la JP venden sus posiciones en pesos y se pasan a dólares un minuto antes de que la música se corte. Ah, pero aclaremos: cuando decimos JP no hablamos de la Juventud Peronista, que generalmente la bicicleta la ve pasar. La JP que corre acá es la JP Morgan.
Tampoco hay que rasgarse las vestiduras partidarias, ya que esto corre de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, desde el “ultra sensible” Kicillof al “ético y moral” Caputo. Lo cierto es que la bicicleta, la mayoría, la vemos pasar. Es la crónica de una rodada anunciada.
Pero la esperanza, eterna y mala consejera, nos dice que esta vez va a ser distinto… De la tasa a la devaluación, pasamos de la tasa a la escasez…
