Dios mío

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Por Leonor Benedetto. 

Los que se llaman a sí mismos especialistas en dar consejos para adquirir confianza personal afirman que, si alguien está dándonos una pretendida lección de vida elevando el tono de voz más allá de lo aconsejable, bastará con mirarle fijamente los zapatos, o señalarle que tiene un resto de comida entre los dientes para que se sienta inmediatamente descolocado y cambie de conversación. 

Desconozco la eficacia de dicho método. Sí me consta que hay una pregunta que es muy difícil de ser contestada por sí o por no, ya se trate de un leído, culto, informado, o de un necio, ignorante, iletrado. 

Esa pregunta es: ¿Crees en Dios? La justificación de la pertenencia a uno u otro bando siempre aparece antes de la respuesta: “Soy ateo, no hay Dios”, “Soy agnóstico, solo creo en lo que veo”. 

Pero ese mismo grupo ha bajado el Olimpo a la tierra y le grita diosa a cuánta mujer exitosa o atractiva se cruza en su camino, oficia misas paganas en los campos de fútbol, reza a los jugadores y hace promesas incumplibles para el eventual triunfo de los suyos, ataviado con sagrados ropajes que no se lavan, ni se prestan, y se guardan malolientes para volver a usarlos dentro de cuatro años. Ciencia pura. La vida, ese don que hemos recibido sin pedirlo, no comenzó con nosotros. 

Pertenecemos a un linaje del que es imposible huir. Heredamos lenguaje, recetas de cocina, costumbres, formas de amar, creencias. Cualquiera de ellos arrancado sin aviso, deja un vacío que debe ser ocupado. 

La religión, el amor, el arte, son como el agua, buenos para ocupar huecos vacantes. El otro bando, el de los creyentes a ultranza, quiere ser bueno, para poder habitar un día el Paraíso. 

La gran incógnita es: “¿Cómo soy cuándo me quedo solo?” “¿Odio al equipo, a la gente, al país que le ganó a mis nuevos dioses? ¿Y la promesa de justicia y ecuanimidad? Bien gracias. En cuanto a mí, he logrado, aceptar la duda como estado central de mi existencia. 

Acepto que hay saberes a los que nunca tendré acceso. Nunca le preguntaré a un mago donde estaba el conejo antes de salir de la galera. Creo en las abejas, en los pájaros, en los pingüinos migrantes, en los elefantes que velan a sus muertos, y en los milagros del orden cotidiano.

Leonor Benedetto

P/D.1) Cuando le preguntaron a Jorge Lanata si creía en Dios contestó: ¡Tuve hijos, como no voy a creer!

P/D.2) Creo en un Poder Superior, en el Equilibrio Universal, en Javé, en HaShem, en Alá y sus 99 nombres, en nuestro Padre Común…

P/D.3) Y en todos los apodos de Dios.

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