EL PASAJE

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Por Leonor Benedetto.

Uno de esos atardeceres, en los que el invierno se comporta con la insistencia de quien quiere confirmar su existencia, me encamino a la inauguración de una muestra colectiva de pequeñas obras de apasionados artistas plásticos. Llego casi media hora antes del horario de apertura y ya hay personas en la sala. La galería es nueva y está en un pasaje que atraviesa una manzana en medio de la ciudad. 

Esos recursos edilicios, los pasajes, me han parecido siempre la idea de una mente inteligente, y con un concepto muy claro de la necesidad de comunicación. Un pasaje es a la ciudad como es un puente a un río. Acorta la distancia entre calles y aumenta el espacio a habitar. 

Mientras lo recorro siento que esa franja de poco más de cien metros, es una nueva fundación de Buenos Aires. De un pasado anodino a un presente iluminado y promisorio. Hay algo allí de fe en el futuro. 

Frente a la Galería de Arte un café en el que se presentan libros cada semana cuyos asistentes pueden cruzar a brindar en honor del escritor del día. Junto a la Galería, un local de artesanos del cuero exhibe prendas exquisitas. Algo más allá una tienda de ropa que alguna vez fue lucida en escenarios, o en films, comandada por Ana, gran conocedora de calidades y cualidades. 

Ya cerca de la esquina una sala para íntimos conciertos, de una emocionante perfección, en la que reinan dos pianos de cola, bellos asientos, y embriagante aroma a madera lustrada. Regreso a la Galería.  La concurrencia es tal que algunos conversan en la calle, copa en mano y risa fácil. Miro a la gente que mira los cuadros. La mayoría, me incluyo, ejemplares longevos. 

Hugo me cuenta que enviudó hace algunos años y nunca esperó vivir esta segunda vida que le ha sido regalada, enamorado y activo artista plástico. Tentada estoy de decirle que no es otra vida, que es la misma que estuvo   transcurriendo desde su primer día, pero no se lo digo. 

La mayoría, sabemos que no estaremos aquí dentro de cien años. Aun así, estamos construyendo un futuro que habitarán los hijos de los hijos de nuestros hijos. Contemplo las miradas serenas y sin miedo. Seremos buenos ancestros del devenir. Y eternos.

P/D.1) El lugar de los prodigios es el Pasaje Rivarola.

P/D.2) La belleza no es algo exterior, es una manera de habitar el mundo.

P/D.3) Los que hemos atravesado el siglo y el milenio somos, comparativamente, minoría. 

P/D.4) Pero estamos contando el cuento eterno.

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